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Curiosidades antiguas sevillanas

CURIOSIDADES ANTIGUAS SEVILLANAS (continued 2)

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En 1426, para aumentar el público regocijo, comisionó la Ciudad á su Alguacil Mayor Don Juan Pérez de Guzman para que se concertase con un hombre que ofrecía «fazer vnos juegos para el día de la fiesta del cuerpo de Dios por 50 florines de oro ... por donde serían excusados «muchos de los otros juegos» que se fazían con gran costa.»

También la nobleza tomaba parte en las fiestas contribuyendo á su esplendor con lucidas justas y al propósito transcribimos el siguiente curioso acuerdo capitular de la Ciudad. «En este cabildo (sábado 30 de Abril de 1474) vinieron don gaspar y tello y dixeron á los dichos oficiales de como ellos y otros caualleros entendían justar el día de la fiesta del Cuerpo de Ntro. Señor. Et que á su merced pluguiese de les mandar dar tela y lanças «segund la costumbre en semejante caso» sobre lo qual fablaron y finalmente mandaron que les fuesen dadas la dicha tela y lanças y para ver donde y como se podía complir, encomendaron y mandaron a don Pedro nuñez de guzman y a iohan de pineda y rodrigo de ribera regidores de la dicha cibdad y que como lo ellos ordenaren que asy se faga e cumpla[45].»

Andando el tiempo, y cuando la piedad y devoción habían llegado á su mayor auge, el Concejo sevillano, interpretando el público sentimiento, procuró el mayor esplendor en esta Fiesta, y para, ello entre otras disposiciones concedió premio á los vecinos moradores en las casas de la carrera, que, con más gusto y riqueza adornasen sus fachadas, según comprueba un libramiento de 1870 mrs. en favor de Pedro Gómez «por la costa que tuvo en adornar su casa, sita en la Cerrajería el día que pasó la procesión, fecha á 8 de Julio de 1603.[46]

En cuanto á las representaciones de carros[47] con las de Autos Sacramentales, es tan larga la materia, que daría ella sola para escribir un amplio é interesante volumen, por su significación literaria y artística, sin contar el curioso estudio de costumbres á que se presta: diremos solamente, que el primer carro de representaciones de que tenemos noticia, debióse á la inventiva del clérigo Figueroa, en 1558, en el cual pudo verse muy al vivo la conversión de San Pablo; así como las primeras farsas, origen de nuestro teatro, no comenzaron en esta Catedral hasta 1563. Vamos sin embargo á titulo de curiosidad á consignar los datos que hemos recogido referentes á carros, danzas, representaciones etc. que acaso algún curioso pueda aprovechar.

1497

En este Cabildo (viernes 27 de Junio) fué dho. á los dhos. oficiales por don pero nuñes de guzman alguacil mayor en conmo bien sabía su merced quel tenía cargo de fazer salir los juegos y danças cuando la Reyna nra. sra. mandase fazer la fiesta del cuerpo de nro Señor, Et que agora el señor duque le auia dicho que le parescía que se deuia fazer la dha. fiesta y salir al recibimiento quando la Reyna nra. sra. entrase y asymismo dixo que deuian salir al dho. recibimiento todos los negros que ouiese en esta çibdad. Et visto lo sobre dho. dixe ron que eran en que se asy fiziese segund y en la manera quel dho don pero nuñes lo hauía dho.[48]

1501

«en este cabildo (14 de Mayo) fué dho. á los dhos. tenientes e Regidores por don Pedro de guzman alguasil mayor como los gigantes que se sacan el día de la fiesta del corpus xpi. estan mal reparados que gelo fazia saber para que los mandase reparar sobre lo qual por el dho. teniente e regidores fué acordado que los fieles executores manden dar luego á los tintores desta çibdad o al que de ellos touiere cargo de fazer aderezar los dhos. gigantes para esta fiesta de corpus xpi. primera que viene, mill mrs. de qualesquiera penas en que haya condenado a cualquier persona para ayuda de reparo que ouiere menester para que salgan la dha. fiesta con tanto que los dhos. pintores[49] se obliguen primeramente ante los contadores de la dha. çibdad de tener de aqa delante reparados los dhos gigantes.»[50]

1570

—En 24 de Junio, 3000 mrs. á Luis Díaz á cumplimiento de 32 ducados en que se concertó con él el carro de Lucifer.

—En 4 de Julio 3000 mrs. á Luis de Saldaña á cumplimiento de 32 ducados por el carro de «El Desposorio.

—Este día, 1700 mrs. á Juan Flores á cumplimiento de 200 rs. por la danza de los caballos que se concertó con él.

—Este día, 11920 mrs. á Diego de Santiago, chapinero, á cumplimiento de 80 ducados por las tres danzas que sacó el dia de la fiesta.

—Este día, 3282 mrs. á Luís de Cerdeña (¿Saldaña?) á cumplimiento de 35 ducados en que se concertó con él el carro de San Antonio y San Pablo.

—Este dia, 2812 mrs. á Juan Fernandez á cumplimiento de los 530 ducados en que con él se concertó el carro de los hijos de Jacob.

—Este día, 3300 mrs. á Diego Berrio de resto de 35 ducados en que se concertó «el carro de diria hija de cabos» que sacó para la fiesta.

—Este día, 1800 mrs. á Cristóbal Ortiz, de resto de 20 ducados que con él se concertó la danza de los matachines.

—En 12 de Julio 2126 mrs. á Cosme de Xerez á cumplimiento de 250 ducados en que con él se concertó la danza de los ángeles y los demonios.

—En 12 de Julio 3289 mrs. á Cristóbal Hernández, pintor, de resto y á cumplimiento de los 35 ducados que con él se concertó el carro de la muerte.

—En 19 de Julio 2159 mrs. á Andrés de Hoces, de resto y á cumplimiento de 30 ducados que con él se concertó la danza de las Amazonas.

—Este día á Juan López Romero, 1875 mrs. de resto y á cumplimiento de 10 ducados en que con él se concertó la danza de los galanes.[51]

En otro Lib. de caja en 4.º, cuyo tejuelo lleva los años 1570-74 se determinan los gastos y por sus asientos sabemos que en el carro de La Muerte de Adan entraban 7 figuras vestidas de seda, que en el del Desafío de Lucifer con el hombre 8 aliñadas también de seda, en el del Casamiento ó Desposorio de España, 9, etc., etc., con igual lujo ostentábanse las danzas.

—A Diego de Santiago se pagaron en 8 de Agosto 1571, 3000 mrs. por la danza de villanos.[52]

—En 12 de Junio á Cristóbal Sánchez de Mendoza por la mitad del carro y danza que ha de sacar el día del Corpus xpi.

—En 15 de Junio 2250 mrs. á Alonso Ramírez, por la mitad de lo que hubo de haber por la danza de las espadas.

—En 12 de Junio á Diego de Berrio, sastre, 5625 mrs. por la mitad del carro del Convite de Abrahan.

—Al mismo 12375 mrs. por la mitad de 66 ducados que con él se concertaron por dos carros el uno del rey Agabaro y el otro El Bautismo de San Juan.

—A Cristóbal de la Cruz, zapatero, 3612 mrs. por las danzas de las Ninfas y del Loco.

—A Luis de Cerdeña 5625 mrs. por la mitad de 30 ducados que con él se concertó el carro de las Cortes de la Muerte.

—A Lorenzo Nuñez por la mitad de 20 ducados que con él se concertó la danza de los monstruos.

—A Melchor de San Miguel 3400 mrs. por la mitad de 200 reales que con él se concertó la danza de los galanes.

—A Luis de Ribera pintor, 4875 mrs. por la mitad de 26 ducados que con él se concertó el carro de Joachin y Santa Ana.

—A Pedro Martínez 1500 mrs. por la mitad de 8 ducados que con el se concertó la Tarasca y moxarrillas.

—En 8 de Agosto á Melchor de San Miguel 5950 mrs. por una danza que sacó el día de la fiesta á cumplimiento de la dha. danza y del premio de ella que le mandaron dar.

—En 1º de Octubre á Luis Diaz 4420 mrs. que la Ciudad le mandó librar porque sacó el mejor carro el día de la fiesta del Corpus este año de 1571.

—A Luis Diaz dorador ... por un carro que ha de sacar de La esgrima espiritual.

—A Cristóbal Sánchez de Mendoza 30 ducados por un carro de la visitación de la Reina de Sabá y 12 por una danza de Los Portugueses.

—A Diego de Santiago 15000 mrs. por dos danzas, una de los Villanos y otra de los Turcos.

—A Diego de Saldaña 7500 mrs. de una danza de La Justa de ¿los perineos?

—A Cristóbal de la Cruz 7225 por una danza de los ninfas y del oso.

—A Luis de Cerdeña 11250 mrs. por un carro de las Cortes de la Muerte.

—A Lorenzo Nuñez 7500 mrs. por una danza de ¿moriscos?

—A Melchor de San Miguel 6800 mrs. por una danza de galanes.

—A Alonso Ramirez 4500 mrs. por una danza de espadas.

«En 18 de Junio, 4888 mrs. á Pedro Gómez sacristán y á Juan Martín, que les mandaron dar de premio por dos cruces que sacaron de ynbinción el día de la fiesta del Corpus xpi.»[53]

1572

Entre los asuntos de la Fiesta del Corpus que estimamos más curiosos podemos citar los siguientes:

—A Juan Fernández jubetero, 13125 mrs. por el carro de la Justicia espiritual.

—A Diego de Berrio 11250 mrs. por el de los Cinco Sentidos.

—A Cristóbal de Santa Cruz 6000 mrs. por una danza de turcos y peregrinos y una fuente.

—A Pedro Guerra 6750 mrs. por una de gitanos.[54]

1574

—A Miguel Diaz 14 ducados por una danza de espadas.

—A Juan Jiménez, zapatero, 20 ducados por la danza de los gitanos.

—A Diego de Berrio 400 rs. por el carro de la historia del Rey Jubiniano (sic.)

—A Cristóbal de la Cruz 20 ducados por la danza de los galanes.

—A Melchor de San Miguel 200 rs. por la danza de los salvajes.

—A Luis Diaz, Dorador, 35 ducados por el carro de La Viña del Señor.

—A Diego de Santiago 20 ducados por una danza de moriscos.

—A Juan Bautista 20 ducados por una danza de indios.

—A Juan de Reinoso 300 rs. por un carro de La Historia del Rey Cosdruhe (¿Cosroes?).

—A Pedro Montiel 400 rs. por un carro de «El Sembrador.»

—A Andrés del Castillo 32 ducados por un carro de «El Convite celestial.»

—A Bartolomé Romero 20 ducados por una danza de villanos de un desposorio.

—A Alonso de Capella 40 ducados por el carro de la Batalla de la muerte de los justos á la vida de los viciosos.

—A Cosme de Xerez 400 rs. por el carro de la Asunción de nra. Señora.

—A Hernando Manuel 20 ducados por la danza de Torneo de á caballo.

—Al mismo por sacar la Tarasca, mojarrillas y dos salvajes.

—A Diego de Tejeda 400 rs. por un carro de Las Tiendas del mundo.[55]

—A Pedro Montiel 40 ducados por el carro de los Desposorios de Cristo con la naturaleza humana «que tiene 7 figuras.»

—A Luis Diaz 40 ducados por el de La Demanda que pone el demonio al género humano, con 7 figuras.

—A Alonso Ramírez por una danza de espadas con 18 figuras.

—A Lorenzo Núñez por la danza llamada de «La Montería" con 10 figuras.

—A Melchor de San Miguel por otra de los galanes, ninfas y un toro.

—A Diego Hernández morisco, 22 ducados por otra con 8 figuras y una ermita.

—A Feliciano de Salazar 70 ducados por otra de «Las Serranas» con 8 figuras y la danza de los gigantes que tiene 7 con el padre.

—A Hernando Manuel 210 rs. en que se le concertó la danza de «Los Cavadores,» la Tarasca y Mojarrillas.

—11 de Mayo. A Alonso Rodríguez ¿de caros? se libraron 30000 mrs. mitad de los 160 ducados en que con él se concertaron quatro carros ... el uno dellos por sí y los demas en nombre de pedro de segura y de luis de sagrancena y de francisco de plaza que son el uno de los desposorios de josep que tiene 10 figuras y el otro del ensalzamiento de la humanidad que tiene 10 figuras y el otro el niño perdido que tiene 8 figuras y el otro del nacimiento de Moysen que tiene otras 8 figuras á razón cada vno de 40 ducados y los 40 ducados restantes á cumplimiento de los dhos. 12 ducados por lo que se ocupó en la yda y buelta á la villa de sanlúcar de barrameda y por los acarretos de sus rropas y lo que dexo de ganar en las comedias que pudiera haber hecho por benir á esta ciudad.»

—A Juan Bautista 20 ducados por la danza de «El triunfo de David» con 9 figuras.

—«A ples ¿autapel? 3567 mrs. por 87 varas de anjeo que dió para el carro que se hace de los italianos á 41 mrs. la vara lo qual se libró por cédula del señor juan de león, veyntiquatro á quien fué cometido el hacer el dho. carro ... etc.

—A Juan Chacon pintor 6358 mrs, que los ubo de auer por lo que pinto en los medios carros que se hicieron para los italianos ... etc.[56].

1576

Pedro de Saldaña autor de comedias vecino á Santa María dió poder á Juan de Quiñones, Escribano de S.M. para que en su nombre pidiese y cobrase del Cabildo de la Ciudad 70 ducados que debía pagarle en cuenta de lo que hubiese de haber por razón de dos carros que se obligó á presentar en la fiesta del Corpus. 10 de mayo 1576[57].

1580

Memorial de los autores de danzas Diego Hernández y Cristóbal de la Cruz en 1580 pidiendo á la Ciudad la paga de sus salarios, por haber seruido al cabildo en diferentes fiestas[58].

1586

Mateo de Sauzedo autor de comedias citado en el Lib. de Propios de dho. año; fué comisionado para ajustar una compañía para los autos Sacramentales del dia del Corpus de 1587.[59]

1597

En el Libro de Propios de la Ciudad de dicho año se cita á Juan Bautista de Aguilar «como maestro de las invenciones de los cuatros carros de representación que se hicieron para la fiesta del Corpus del mencionado año.

En el mismo figuran Diego López y Pedro de Aguirre, el primero como autor de la danza «Los indios.»

En el citado año, Hernando Franco cobró 95540 mrs. por sacar el día del Corpus la Tarasca y moxarrillas y dos danzas tituladas «Las carrastollendas de Barcelona» y «Las Ferias de Bilgan» y consta que Baltasar de Guzman, autor de danzas, sacó dos en la fiesta de que tratamos, una llamada «Los gitanos» y otra el «hombre vicioso.»

En las representaciones de los autos tomaron parte los comediantes Melchor de Villalba, Francisco de Palencia, Pedro Nubio y Vicente Caballero, el cual ganó la joya.

A Melchor de León autor y comediante, se libraron 300 ducados para él y su compañero por dos carros de representación que sacó el día del Corpus del mismo año de 1597. Titulábanse de «Santa Elena» y el «Cometa» y con ellos ganó el primer premio. En el mismo Libro de Propios se cita á Pedro Guerrero, autor de danzas, que quizás es el mismo que hizo «los escudos que se pusieron en la carrera de la procesión del Corpus» para que ante ellos representasen.

A Nicolás de los Rios se libraron 700 ducados por sí y en nombre de Miguel Ramírez por dos carros de representaciones.

A Hernando Franco, autor de danzas; se libraron 280 ducados por dos que había de sacar, intituladas: La mañana de San Juan y una boda pastoril. La primera con 20 figuras y la música y la otra con 18 y dos de música y asimismo por la Tarasca y moxarrillas[60].

A Baltasar de Guzman autor de danzas 8 ducados por la que sacó el día en que se hizo la procesión general por la salud; 14 Septiembre 1600[61].

1600

A Antonio Calvo sastre, 21193 mrs. resto de 170 ducados en que se ajustó con él la danza titulada La mañana de San Juan que sacó en la fiesta del Corpus de este año; 9 Septbre. 1600[62].

A 25 de Octubre del mismo año se libraron al pintor Gonzalo de Campos Guerrero 26.080 mrs. á cumplimiento de la pintura de los cuatro carros de representación que salieron el día del Corpus é invenciones de ellos[63].

1602

Francisco Baçan, autor de danzas, se concertó con la Ciudad en sacar una de espadas con 20 figuras con su panderete un tamboril y unas chapas en precio de 40 ducados y otra intitulada La conquista de las amazonas, por 160 ducados.[64]

Luis de Vergara, autor de comedias, concertó con la Ciudad en 14 de Mayo del mismo año por ante Antonio de Alfaro á representar dos autos, en 700 ducados.[65]

A Baltasar de Guzmán y Pedro de la Fuente, autores de danzas, Martín de la Rumia y Gonzalo de Campos Guerrero maestros de hacer invenciones y á Anton Calvo autor de comedias los vemos citados en el Lib. de Propios del mismo año.

El segundo de los tres últimos citados era el pintor que la Ciudad ocupaba en las ocasiones que se ofrecian y de el tratamos en la pág. 22 del tom. II de nuestro «Diccionario de artífices sevillanos.»

1603

Gaspar de Porras, autor de comedias, recibio 300 ducados por los dos carros de representaciones La encomienda del hombre y Los locos; 10 de Junio del año citado y Juan de Madrid autor, de danzas sacó la de El robo de Elena, 9 de Julio del mismo año[66].

Baltasar de Pineda autor de comedias contrató en 700 ducados dos carros de representaciones «La humanidad del hombre» y la «Venta del mundo»[67].

«gastos de la fiesta del Corpus Christi deste año de 1603—deue por gabriel de barahona Receptor general de la mayormía deste año 18700 mrs. que se le libraron á gonçalo de campos guerrero Pintor de Resto y a cumplimiento á los 300 ducados en que en él se Remató digo concertó la comisión de la dha. fiesta. Por la pintura de los carros de representaciones que salieron el día de la dha fiesta del Corpus xpi. con sus ynvenciones de los quales dchos 300 ducados. Por auersele librado los 250 ducados dellos conforme á su asiento y por hauer cumplido con su obligación y concierto se le libraron los 50 ducados Restante en virtud de una fee de Mateo de uilla Real escribano de comisiones que va con la libranza y de los acuerdos de su señoría. Referidos en otras partidas deste quaderno[68].»

1604

Anton Calero y Antonio de Villegas autores de comedias citados en un asiento de 14 de Junio de 1604[69].

1605

Antonio de Granados autor de comedias cobró 700 ducados por dos autos de representación que hizo en las fiestas del Corpus. Libramientos de 7 de Mayo y 17 Diciembre de 1605 y acuerdo capitular de 22 de Marzo[70].

1606

Melchor de León autor de comedias citado en el Lib. de Propios, 18 Mayo 1606.

1671 Y 72

Peticiones de una autora de danzas, no expresa el nombre, 29 Mayo, 11 Diciembre de 1671 y libramiento á la misma 20 Junio 1572.

Petición de Bernardo de la Vega y Alonso Caballero autores de comedias sobre la joya, por los Autos Sacramentales de la fiesta del Corpus, 27 Junio 1672.

Petición de Alonso Caballero autor de comedias para que la Ciudad le deje representar con un carro suyo el día del Corpus, 9 Abril 1672[71].

Petición de Alonso Cano autor de comedias sobre que se le libre la joya del Auto Sacramental del día del Corpus[72].

1694

Isidoro de Herrera autor de danzas dirigió memorial á la Ciudad hallándose preso en la cárcel Real.

1739

Por escritura de 11 de Septiembre de 1739 obligóse Melchor Rendon maestro de obras de carpinteria vº. á Sta. Mª. á vestir, desnudar y aderezar los gigantes tarasca y demás agregados para el día del Corpus, siendo de su cargo vestirlos la víspera de la octava, pintar de nuevo la tarasca y caras y manos de los gigantes[73].

1752

Manuel Gómez como pral. y Juan Gómez su fiador; obligáronse á sacar la danza de espadas el día del Corpus[74].

Los datos consignados son sufientes para dar una idea de lo que costaba á la Ciudad la Fiesta del Corpus Christi durante los pasados siglos: el lujo que debió ostentarse en los carros y en las danzas, el ingenio de los escritores, de asuntos para aquéllos y para éstas. Los primeros rindiendo culto á la piedad, ora acudían á las enseñanzas de los Sagrados Libros, ora á procurar la corrección de costumbres, ofreciendo al pueblo por medio de alegóricos asuntos las funestas consecuencias del vicio y los galardones reservados á la virtud.

Mucho más hubiésemos podido aumentar continuando el examen de los libros y documentos de nuestro riquísimo Archivo Municipal, pero, quede reservada esta tarea á quienes especialmente se propongan escribir la historia de una solemnidad, que durante siglos fué la más celebrada de los sevillanos.

* * *

El extravío de unas cuantas cuartillas, dejó incompleto el presente artículo, en la sucinta descripción que dejamos hecha de la Procesión del Corpus en el siglo XV. Halladas luego, estimamos que por su interés deben ser publicadas, aun fuera de su lugar, y así lo hacemos, seguros de que su contenido será visto con agrado por los curiosos que deseen conocer la historia de los gremios sevillanos, casi desconocida al presente.

* * *

Desde muy antigua fecha prestaban esplendor en la Procesión con su asistencia los gremios todos de la ciudad, presididos por sus alcaldes, agrupados bajo sus banderas ó pendones, luciendo todos sus oficiales las mejores galas y preseas: de algunos de ellos consta que sacaban ingeniosos carros, como se veía por los documentos que extractados transcribimos.

En 1498 dirigieron los hortelanos un memorial á la Ciudad, en que decian, entre otros particulares, que al tiempo que se mandaron hacer las honras por el príncipe Don Juan, para ir al Alcázar con los oficios (gremios) y pendones «que se acostumbran á sacar el día del Corpus,» ellos se juntaron con sus alcaldes para distribuir los gastos ... etc.

No hay duda, pues, que desde hacía mucho tiempo asistían aquellas Corporaciones á la procesión[75].

En una escritura otorgada en 1.º de Mayo de 1519, ante las puertas del hospital de los tejedores de lino y lana establecido en calle Lisos, consta que manifestaron los alcaldes del gremio lo siguiente: «que era sabido que ellos tienen la costumbre de sacar en cada año el día del corpus xpi. en la fiesta que se fase dho. dia el castillo é otras cosas quel dho. hospital tiene é de cumplir el dho. día las cosas que se suelen cumplir ...» El documento no es más que una subasta, para adjudicar al mejor postor á la baja, los gastos que el gremio hacia en la fiesta[76].

También los carpinteros sacaban otro castillo en la procesión, pues, así consta de una escritura otorgada por el carpintero Diego Ruiz y el hospital y cofradía de San Felipe y Santiago que entonces era la advocación de los de aquel oficio, en la cual obligábase el susodicho á hacer á su costa el día del Corpus de 1530 «el oficio que los carpinteros llevan en la dicha fiesta» según las condiciones siguientes:

1.ª Obligábase á armar el castillo dos días antes del de la fiesta, costeando los herrajes que fueren menester para que pudiese ir y venir bien en la fiesta y á los doce hombres que habían de llevarlo, asi como desarmarlo terminada la fiesta.

2.ª Que el mayordomo en quien rematare aquella reparase el chapitel tejando, el tejadillo de su juncia, con ciertos cinco pendones de oropeles de manera que quede á contento del alcalde y que pusiera las cabezas del buey y de la mula donde es costumbre en el dicho castillo siendo obligado á dar «cuatro cantores para que vayan haciendo encima del castillo el oficio del nacimiento e vn jusepe e otro que sea la maria e otro que sea el angel e la maria lleue un niño chico e su corona de plata el niño otra e el angel con su alba e sus alas e vna guirlanda en la cabeça de oropel e la maría con sus ropas de seda e los pastores e el josepe lleuen sus ropas conforme al oficio que han de faser de la fiesta segund a sydo costumbre otros años e estos cantores e officiales que han de ser el dho. oficio sean los más mejores que se pudieren aver que sean sabedores para hacer los dhos. oficios e estos que sea obligado a traellos al espital para que se ensayen e fagan el dho. ofiçio delante del (alcalde) e con los ofiçiales que para ello se juntasen ocho días antes de la fiesta porque han de yr a contento de todos.»

Obligábase también á armar la tarasca, reparándola de cuanto necesitara poniéndole una lengua de la misma hechura de la vieja, y un petral de cascabeles y dos nísperos que sonasen bien, colgados de las orejas, paseándola por las calles la víspera de la fiesta.

«yten quel mayordomo sea obligado a coger vn alferez que sea hombre blanco e no negro el más alto del cuerpo que se pudiese aver que vaya bien vestido a vso de alferez «para que lleue el pendon» e lleue vna espada morisca ceñida como es vso e costumbre otros años e sea obligado el mayordomo á coger dos trompetas e que no sean negros sino hombres blancos que sean muy buenos ofiçiales e los coja desde el día que se arrematase la fiesta en ocho días e si non los cojiese dentro en los ocho días de al alcalde quatro ducados para que los coja el alcalde dende que se rematase la fiesta en quince dias e estas trompetas las trayga el mayordomo á casa del alcalde la bispera de la fiesta de mañana «para descojer el pendon»[77] y tengan toda la fiesta delante del ofiçio hasta bolber al espital».

Era también de cuenta del mayordomo dar las candelas, que serian de á dos libras de buena cera blanca «con el pauilo ques de vso e costumbre desta çibdad» dando una á cada oficial y que las que sobrasen se pusieran en el castillo.

Fíjanse luego las cuotas que pagaría cada uno de los que fueran en la procesión con el gremio, 26 de Abril de 1530.

No hay duda por los pormenores que se consignan en el documento anterior y por los que contiene el que vamos seguidamente á extractar, que estos «castillos» fueron los primitivos «carros,» así como la asistencia en la procesión de los gremios con sus pendones.

Diego Toledano herrero, Cristóbal Hernández jervillero y Anton de Moguer cordonero, obligáronse mancomunadamente con el zapatero Andrés Vanegas mayordomo de dicho gremio «a sacar vn castillo de la ystoria de la bendición de ysaque» (Isaac) según la muestra que había dado, poniendo la gente vestidos y músicos que se necesitaran para el dia de la fiesta del Corpus de 1550, «e de lo dar e poner bien e cumplidamente en los cantos desta çibdad para que ande toda la procesión dandonos vos el castillo que se acostumbra dar conforme á como la çibdad lo manda» recibiendo por cuanto hicieran ocho ducados de oro «e nos obligamos á poner el dho. castillo en los dhos. cantos con el dicho auto e gente que lo a de representar ¿en los ... quatro de la mañana?» 11 de Mayo, de 1550[78].

El mismo herrero Diego Toledano, como principal y Diego de Xerez sastre, su fiador, concertáronse con Francisco de Mesa y Francisco de Salamanca, rejeros, mayordomos de la fiesta «que anualmente sacaban» los de aquel oficio en el dia del Corpus á sacar una danza con ocho personas «que vayan vestidos de tafetan presado e blanco e sus calças blancas e su tamboril bien e cumplidamente.» Obligábanse á ensayar y dir á casa del señor Asistente con la dha. danza, por lo cual recibirian 8 ducados, 8 Mayo 1551[79].

Finalmente, por otra escritura, obligáronse Diego Paez sastre con Alonso de Casalla y Alonso Hernández zapateros, á sacar el auto de la Conversión de la Magdalena en el Corpus del mismo año de 1551 «con vn castillo» que era del gremio, con cinco ó seis hombres y los que fueren menester «para el dho. paso e obra» dándole vestidos de las mejores ropas. Los zapateros se comprometían á facilitar ocho hombres que llevasen el mencionado castillo y el Diego Paez á que los cantantes que mostraría el tercer día de Pascua del Espíritu Santo «para la muestra que tengo de hacer de dho. auto» fuesen los mismos que sacaría el día de la Fiesta que iría con los recitantes en el castillo, saliendo asímismo con ellos el tercer día de Pascua para el ensayo yendo el del Corpus á los cantos, y en la procesión hasta que volviese esta á la Iglesia, recibiendo seis ducados y medio de oro, 9 de Mayo de 1551[80].

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Profesiones de Antaño

Tan radical ha sido la transformación experimentada en la vida pública ó privada de los españoles durante el espacio de cuatro siglos, que, cuesta hoy trabajo creer en la existencia de algunos. En aquellos días, para nosotros inolvidables, en que registrábamos á nuestro sabor los numerosos legajos de este Archivo general de Protocolos, ocupación gratísima, de la cual nos hemos visto privados por la suprema voluntad del actual Notario Archivista Don Antonio Lemus y Malo de Molina, que lo estima como propiedad particular suya y no permite efectuar en él investigaciones de interés histórico: ¡cuantas curiosísimas escrituras pasaron ante nuestra vista, demostrativas del espíritu, de las tendencias, de las preocupaciones de los hombres de antaño! De algunas de ellas tomamos ligeras notas, las más, allí han quedado sepultadas, bien hasta que otros mas afortunados consigan registrarlas, ó bien para que la polilla dé cuenta de ellas destruyendo un tesoro histórico insustituible.

Entre nuestros apuntes de entonces, hemos hallado uno que confirma el cambio de que hablamos, experimentado en las costumbres; porque ¿quién sospecharía que hasta los mancebos más pertinaces viciosos valíanse entonces de las escrituras públicas para procurar la enmienda de sus yerros? A este propósito bien merece consignarse la nota siguiente:

Diego de Jerez, hijo de Gonzalo González de Jerez, se obligó por juramento que hizo en escritura pública, ante los escribanos de Sevilla, á no jugar á los dados, ni entrar en casa donde supiese que jugaban, por término de diez años, sopena de perjuro é infame, 16 de Enero de 1461[81].

No dudamos que al lector habrán de ocurrirse sabrosos comentarios, como ocurrieron á nosotros, después de conocido el documento, pues, es de tal naturaleza, que su lectura préstase á reflexiones de índole distinta, por más de un concepto.

Como natural consecuencia de aquellas costumbres, se nos ofrece la práctica de ciertas profesiones y oficios, que alcanzaron gran boga entre nuestros antepasados.

Espectáculo, bien curioso, por cierto, sería para los que hoy vivimos, el que diariamente ofrecían las Gradas de la Catedral y la plaza del Salvador, sin contar otras calles y sitios concurridos de la ciudad, donde se pregonaban las subastas y almonedas judiciales, como las voluntarias, las cuales tenían lugar ante numeroso y abigarrado conjunto de personas de todas clases sociales, que allí confundidas esperaban la llegada del alguacil y del escribano, encargados de la venta de infinitos heterogéneos objetos, dignos algunos del Jueves ó del Boquete, y otros aplicables al atavio de las personas ó de las casas más calificadas.

Voceaba el pregonero, lo mismo las prendas de uso más íntimo y personal, como eran las camisas, calzas, jubones, sombreros y zapatos viejos, como las más preciadas telas, las tapicerías ó «paños de rás,» guadameciles, encajes, armas, vidrios, esmaltes y cuantos objetos de arte suntuario empleaban nuestros magnates en sus personas ó viviendas, juntamente con los utensilios y más insignificantes trebejos del menaje de una casa, cuya enumeración es bastante para formar juicio exacto de la vida privada y de la pública, de todas las clases sociales.

Todo era subastable entonces; baste decir, que, hasta los peines, bien es verdad que aquellos sacados á pregón, no eran como los que corrientemente usamos hoy, de despreciable pasta, caucho ó celuloide, sino de marfil ó de plata artísticamente tallados, con finos y elegantísimos adornos de renacimiento, ó con asuntos religiosos ó profanos, por lo cual, no era extraño que tales verdaderas joyas, fuesen adquiridas por sujetos muy calificados, así como las prendas de vestir, tabardos y gregüescos, capas y manteos, calzas y jubones ricamente bordados de oro, con pasamanos y encajes de subidísimo precio, sin contar aquellos jaeces de caballos, cuya simple enumeración por boca del pregonero, nos da á conocer su singular riqueza, tan singular, que hoy no se concibe.

Pues, si estos actos atraían la atención ó interés de todas las clases, volvamos la vista hacia el Arenal: allí presenciaríamos entre otros animados y vistosos cuadros que tan frecuentemente se sucedían, los de las públicas lecciones de esgrima, que ante numeroso concurso de la soldadesca de mar y de tierra, de rufianes y bravos de profesión, de moriscos y de indios, mulatos y negros, daba algún maestro de los muchos que entonces bullían por la ciudad, demostrando las excelencias de la espada blanca ó de la prieta, así como la bondad de las escuelas, de los maestros Francisco Roman, Bernal de Heredia ó de los sucesores de éstos, los famosos Carranza ó Pacheco de Narváez.

Tendía el maestro la amplia capa en el suelo, para que sobre ella cayesen las blancas y maravedises con que el público lo socorría; y trazada una gran circunferencia en la tierra con la punta de la espada, y empuñándola arrogante, describía círculos rectos, tajos adelante y atrás, revolvíase como energúmeno, saltaba agilísimo de un lado á otro, acometía ó bien retrocediendo, simulaba parar los golpes de su imaginado contrario, todo tal y tan verdaderamente, como nos lo pintó al vivo el gran Quevedo, en su saladísima crítica de los que elevaban la esgrima á la altura de la ciencia matemática, tan á maravilla ridiculizados en el Buscon Don Pablos ...

Pero, no prosigamos por este camino, que habría materia para llenar un volumen; y vengamos al tema de este articulejo, en el cual vamos á dar á conocer algunas profesiones, que en los siglos pasados tuvieron gran auge, y cuya existencia no nos explicamos ni acertamos á comprender hoy.

Creíase entonces por altos y bajos, chicos y grandes, como verdad inconcusa, que habia sujetos dotados por la Divina Providencia de la virtud de curar enfermedades, por medios sencillísimos: llamábanlos «saludadores» y he aquí lo que de ellos nos dice el docto Covarrubias: «Saludar en otra significación, vale curar con gracia «gratis data» y á los que esta tienen llaman Saludadores, y, particularmente saludan el ganado; pero, yo mas cierto tengo auerse dicho de saliua, saliuador, por tener en ella la virtud de sanar, y assí los saludadores dan vnos bocaditos de pan al ganado, catados por su boca, y mojados en su saliua y de que esta tenga virtud para algunas enfermedades rabiosas ay lugar de Plauto ... Escribe Plinio, libro 10, capit. 23. Al fin del auer costumbre de escupir en la cara al que le toma el mal de gota coral por remedio. Quienes tengan esta virtud ó no, aueriguenlo los ordinarios, porque muchos de los que se dizen ser saludadores, son embaydores y gente perdida».

Era profesión, que públicamente la practicaban no pocos embusteros, á ciencia y paciencia de los médicos de entonces, que no se quejaron, que sepamos, de sus trapacerías y engaños, las cuales pueden ponerse al nivel de la buena ventura de nuestras gitanas. Pero, entonces no había quien dudase ni por asomo, de la eficacia de aquellos privilegiados seres, que vivían y holgaban á costa de los crédulos con su lucrativo oficio, entre los cuales contábase nada menos, que con el Cabildo y Regimiento sevillanos, como prueba el siguiente documento:

«Por carta de la çibdad firmada de juan fernández alcalde e de mendoça e alonso fernández e alonso lopez escribano fecha 22 noviembre de 1441 años por la qual mando al dho. mayordomo que de ende luego a pero alonso saludador o al que les oviere de aver por el quinientos mrs. que la deha. çibdad le mandó dar por el afan e trauajo que a pasado e pasa en curar de las personas que estauan dotadas de rauía en la dha. çibdad e en su tierra los quales con la ayuda de dios todos guarecían de que se sigue mucho prouecho e bien al comun de la dha. çibdad e que tome del su carta de pago ... etc.[82].

¿Qué extraño es, pues, que si la Corporación municipal nada menos, confiaba en la virtud de los saludadores, fuese ésta arraigada creencia en las clases todas de la sociedad?

Pedro Martínez, saludador, dirigió una petición á la Ciudad, como consta en una hoja suelta de Actas capitulares, que comprende el comienzo del Cabildo de viernes 19 de Agosto de 1491.

Cómo esta preocupación permaneció viva en el siglo XVI, pruébanlo las siguientes notas:

Bartolomé Porras, saludador, era vecino á la Puerta de Triana en 1534 y se le halla citado en el Padrón vecinal de dho año lo mismo que á Anton Sánchez, saludador, vecino de Alcala del Río, el cual obligóse á pagar á Hernando Navarro, ropero, 48 rs. resto del importe de un manto que le había comprado, 4 Marzo, 1560[83].

* * *

De saludador á curandero ó viceversa, no había más que un paso, y entre los segundos también los hubo que gozaban de crédito en la república hispalense, no siendo agenas á la profesión las mismas mujeres como p. e. Antonia Martínez de Cervantes «física y cirujana,» la cual por escritura pública ante Juan García á 11 de Diciembre de 1450, obligóse á curar en doce días á Pedro de Ortuño de la finchazón que tiene en su cuerpo e piernas e del figado e bazo e estómago ... etc.[84]

Asi, con esta seguridad nada menos, y por ante escribano, en público documento, comprometíase la «física y cirujana,» á curar al desdichado Pedro de Ortuño, cuyo cuerpo, bien podría compararse con la famosa caja de Pandora, según los males que le aquejaban.

Igual reputación contaría en la villa de Lebrija Antonia Sánchez, mujer de Juan Gutiérrez Hidalgo, la cual durante mucho tiempo dedicábase á la especialidad de curar las quebraduras de brazos y de piernas con permiso del Licenciado Loaysa, y no obstante aquel el Licenciado Roxas, Teniente de Asistente, le prohibió que lo hiciese, por lo cual acudió al Cabildo, á fin de que le ratificara el permiso obtenido. (Siglo XVI).

No es de extrañar que si las mujeres se obligaban á curar enfermos en plazo fijo y por escritura, los hombres fuesen á la zaga y así veremos que el curandero Antonio de Vargas obligóse en 1495, por carta ante Francisco Segura, á curar de un lobanillo que tenía en el pescuezo á la mujer del librero García Fernández, y en términos de tres meses (ni uno más ni uno menos) por lo cual recibiría 5000 maravedises[85].

Maestros de curar lamparones y quebraduras fueron Carlos de Villafranca y Pedro Rodríguez, los cuales obligáronse á curar á Francisca, criada de Nicolás Durango, por escritura de Miércoles 12 de Agosto de 1489[86].

Ya que tratamos de la ciencia de curar, aunque practicada por saludadores y curanderos, dedicaremos algunas líneas á la profesión de la «flebotomia» que es ni más ni menos que la de los sangradores, y á la cual, los poco escrupulosos amanuenses del siglo XVI, llamaban flonotomia y de aqui flonotomianos. Estos, además, solían ser dentistas y fabricantes de medicinas. Véase al propósito el siguiente documento:

«Sepan quantos esta carta vieren como yo maestre juan de peralta cirujano vecino que so desta çibdad de seuilla en la collación de santa maría digo que por quanto vos guillermo frances natural de badad tierra de francia ha syete años que entraste conmigo a me servir para aprender el oficio de sacar dientes e muelas que dizen notomia e a curas de quebrados e potras e fazer bragueros e fazer poluos para lombrizes e fazer aguardiente e otras ¿diversas? medecinas ... etc. dice: que en virtud de haberle servido los dichos siete años y ser ya habil y suficiente suplica á los protomedicos de Sus Majestades que lo examinaran y diesen licencia para ejercer su oficio dándole carta de exámen». 13 de Enero de 1524[87]. y que la profesión tenia ya de antiguo, arraigo, pruébalo la petición que los flonotomianos (sic) elevaron al Cabildo de la ciudad para que les guardasen sus privilegios, en 11 de Septiembre de 1507[88]. Andaban, pues, entonces unidas las profesiones, y así las hemos conocido todavia en nuestra juventud, de barberos, sangradores y sacamuelas, aunque con respecto á los últimos los hallamos citados como especialistas desde los albores del siglo XVI (p. e.) Maestre Agostín que vivía en la «ysleta de calle de las Sierpes» en 1500 y á Maestre Juan de Peralta vecino en la collación de Sta María en 1541.

Citaremos por último á título de curiosidad, como médicos «especialistas» para que se vea que no es nueva la distinción que hacemos hoy de ellos, á Maestre Fernando cirujano de la Ciudad que reclamaba en 1459 que le pagasen su salario por los servicios que prestaba á la misma, entre ellos, el de ir á la guerra[89].

Maestre Sancho Vizcaino maestro de curar ojos, vecino de Bilbao, hallándose en Sevilla apoderó á Pedro Ruiz para recibir ciertas cosas contenidas en una caja que le remitian desde Lisboa, 26 Febrero 1504[90].

Bartolomé de Mesa, maestro de curar bubas, cobraba sueldo anual de la ciudad en 11 de Octubre de 1511[91].

A Felipe Tovara «cirujano de la orina» le pagaba también salario el Concejo, por mandato real en 8 de Julio de 1597 y en 10 de Mayo de 1602[92] y por último consta que Maestre Antonio Purga ó Parga cobraba 24 ducados por curar de quebraduras; en 21 de Agosto de 1602[93].

* * *

Don Diego Hurtado de Mendoza en su Lazarillo de Tormes, dice entre cosas al hablar del pícaro ciego. «En su oficio era un aguila. Ciento y tantas oraciones sabía de coro, un tono bajo, reposado, y muy sonable que hacía resonar la Iglesia donde rezaba, un rostro humilde y devoto que con muy buen continente ponía cuando rezaba sin hacer gestos ni visages con boca ni ojos, como otros suelen hacer. Allende de esto tenía otras mil formas y maneras para sacar el dinero. Decía saber oraciones para muchos y diversos efectos ... pues en caso de medicina decía que Galeno no supo la mitad qué él para muelas, desmayos y males de madre. Finalmente nadie le decía padecer alguna pasión que luego no le decía, haced esto, haced estotro, coced tal yerba, tomad tal raíz. Con esto andábase todo el mundo tras él, especialmente las mujeres que cuanto les decía creían ...

También él abreviaba el rezar y la mitad de la oración no acababa porque me tenia mandado que en yéndose el que la mandaba rezar le tirase por el cabo del capuz. Yo así lo hacía y luego él tornaba á dar voces diciendo: ¿mandan rezar tal y tal oración? como suelen decir ...

Por esta acabada pintura viénese en conocimiento que los ciegos de antaño serían en su mayoría redomados pícaros y avisados truhanes, que vivían de la piedad de las gentes, lucrándose de su buena fe y estimulando su devoción con el recitado de oraciones que tenían para todos gustos; así se comprende que el «oficio de ciego» tuviese su aprendizaje como los practicados por menestrales, y probablemente, también, como acontecía con estes, serían sometidos á exámen, pues, como adelante veremos, los desdichados ciegos parece que constituyeron hermandad, ya que no gremio, como todos los oficios mecánicos.

En tal virtud creemos curioso el siguiente documento:

«Pone por aprentis leonor rodríguez, mujer de juan sobrino ollero, vecino de triana guarda e collación de seuilla a lope su hijo ciego moço de edad de doze años poco más ó menos que esta so su poderío e administración con juan de villalobos ciego vezino desta dha. çibdad en la collación de santa Maria magdalena questa presente desde oy día fasta quatro años primeros para que en este dho. tiempo el dicho su fijo le sirua en el dho. su oficio de rezar e le acompañar en todas las otras cosas que le dixere e mandase fazer ... etc. El maestro le daria al aprendiz de comer, beber, vestir, casa y lecho, enseñándole á rezar y á decir oraciones bien y cumplidamente. Lunes 14 Septbre. 1495[94].

El formulario natural empleado en este contrato es exactamente igual al de cualquier carta de aprendizaje celebrada entre pintores, escultores, plateros ú otro oficio, por tanto, no cabe duda, que entonces se consideraba como verdadera profesión la de los ciegos rezadores.

Y que estos estaban también agremiados, parece probarlo el siguiente documento que extractamos: Juan de la Redondela ciego ...» otorgo e conozco a vos luis fernández cabron ciego vecino de la dha cibdad en la collación de señor sant viceynte «depositario de los privilegios de los ciegos» desta dha cibdad e de su arçobispado questades presente que por quanto vos ... me days los preuilegios de los dhos ciegos porque goce dellos segúnd que los otros ciegos gozan «e me recibis por hermano en la hermandad de los dhos. ciegos,» por ende otorgo de dar e pagar á los dhos. ciegos e a vos el dicho luis fernandez en su nombre 24 mrs. de cada un año que será la primera paga para el día de casimodo de cada año ... etc. 5 Abril 1526[95].

Todavía entrado el siglo XVII, además de los particulares, el mismo Concejo sevillano costeaba «oficialmente» un rezador, el cual no consta que fuese ciego, más para el caso no es esencial la diferencia.

Por acuerdo capitular de 20 de Febrero de 1636, fue nombrado el hermano Pedro Diaz de Villamayor «para que encomiende las benditas ánimas del purgatorio todas las noches á las horas acostumbradas repartiéndose por todo el lugar desde la oración del ave maria hasta que hayan tocado conforme á la costumbre y gane lo que han llevado «sus antecesores» y este nombramiento hace la ciudad por el tiempo que sea «su voluntad»[96]. La frase subrayada indica que era vieja la costumbre de que la ciudad pagase rezadores.

Vamos á pasar ahora «de lo religioso á lo profano.»

* * *

Durante el siglo XV fué también oficio socorrido el de juglar, los cuales ocupábanse en divertir á magnates y pecheros, recitando poesías y cantando al par que tañían sus instrumentos, todo esto mediante remuneración.

La casualidad ha hecho llegar hasta nosotros la noticia de la existencia de algunos juglares sevillanos, entre los cuales debió de gozar de gran prestigio, un tal Guillen, que fué vecino de la collación de San Esteban, y como tal se le cita en el Libro del Mayordomazgo mayor de esta ciudad del año 1407, consignando que era «franco por privilegio del Rey.»

Este privilegio nos inclina á creer que acaso sirvió al mismo Enrique III, al cual debería la exención de todo pecho y tributo, más bien que al niño Don Juan II proclamado en 1406.

Posible es que este juglar fuera uno de aquéllos á quienes se refiere el siguiente título que va á la cabeza de unas cantigas citadas en el Cancionero de Baena.

«Esta cantiga fizo el dicho Alfonso Aluarez por alabança e loores de la rredundable cibdat de seuilla e presentola en el cabildo e fizogela cantar con juglares delante los offiçiales e ellos mandáronle dar en aginaldo cient doblas de oro por esta cantiga e dende enadelante de cada año por cada cantiga otros ciento» y cuya primera estrofa dice:

ffuente de grand marauilla

jardyn de dulce olor

morada de Enperador

ríca fermosa baxilla

digan esto por seuilla

trobadores e poetas

pues que synos e planetas

lo sostienen sin mansilla

Síguen otras tres cantigas que de igual modo que esta, cantaron juglares ante el Concejo en los días de Navidad de tres años siguientes, por las cuales recibió el poeta sendas cien doblas.

En 1442 moraba en la collación de San Miguel el juglar pedro Rodríguez, según consta del Padrón de Contias de los vecinos de dho. barrio del año 1442 y por último en otro Padrón, también del siglo XV, de la collación de Santiago se cita á Pedro Alonso, juglar pobre y por último no olvidaremos á Juan Canario, que con un compañero suyo fué en la procesión del Corpus del año 1454, imitando ó entonando coplas probablemente el canto de los pájaros[97].

* * *

Siendo el ejercicio de las armas en los pasados siglos el más noble, la profesión de casi todos los españoles, por decirlo así, dominando en las clases sociales el espíritu caballeresco, no es extraño que á la enseñanza del manejo de las armas se hubieran dedicado muchas personas.

De los esgrimidores que vivieron en los siglos XV y XVI apenas si se nos han transmitido noticias, y de estos, precisamente, hemos reunido una porción de curiosos documentos, que nos proponemos dar en breve, á la estampa en libro aparte. Sin embargo, para demostrar el auge en que estuvo esta afición, hoy tan en desuso, nos concretamos á consignar ahora los nombres de los Maestros esgrimidores sevillanos de que tenemos noticia:

Maestre Rodrigo1498

Maestre Anton Zapata1500

Alonso de Vargas1515

Maestre Andrés Carbonero-1523

Maestre Francisco Román

Cristóbal Martínez

Diego Bernal de Heredia1526

Maestre Fernando de Algarbe-1528

Gabriel de Contreras

Maestre Juan de Milla

Maestre Pedro Sigüenza

Maestre Tomás

Maestre Fernando-1529

Juan de Pérez

Juan de Triana

Juan de la Cámara1533

Juan de Carmona-1534

Maestre Cristóbal[98]

Romanes

Antón Ruiz Zapata[99]

Benito de Zafra1548

Maese Andrés de Espinosa1553

Maestre Alonso1555

Maese Vella1556

Cristóbal Hernández1563

Martin de Castro1569

Juan Dominguez1639

Diego Raio1669

Baltasar de los Reyes1675

Juan de Roxas-1677

Blas de Navarrete

D. Manuel Sánchez de Morante-1683

Juan Caro de Montenegro

* * *

Ya impresas las noticias referentes á curanderas, hemos hallado el memorial que en 1550 dirigió á la Ciudad la curandera Antonia Sánchez de que hacemos cuenta en la página 135, que dice así:

«muy illustre señores: Antonia Sánchez mujer de Juan Gutiérrez Hidalgo vecina de la villa de Lebrixa beso las manos de vra. señoría y digo que a mucho tiempo que en la dicha villa e curado y curo de quebraduras de braço y piernas y el ldo. lvayza ynformado desto me mandó que curase y abrá mes y medio que el ldo. Rojas teniente del señor asistente en la tierra de vra. señoría me mandó que no curase diciendo que no estaba desaminada y sobre ello me prendió y á ruego de ciertas personas me soltó a vra. señoría suplico me haga merced de ¿mandar? que de aquí adelante ningunas ¿justiçias? pueda pedirme cosa alguna y me dexe libremente hazer mi ofiçio porque sí de otra manera ¿pasa? no lo vzar mas.[100]

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LA CASA SEVILLANA EN LOS SIGLOS XIV, XV Y XVI

Conjunto tan bello como genuino de elementos artísticos, que á pesar de sus diversos orígenes, fueron peregrina y hábilmente combinados por el talento de nuestros obreros mudéjares y cristianos de pasadas centurias, elocuente expresión del refinado gusto de peritísimos artífices, fehacientes testimonios de la cultura general alcanzada que llegó á resplandecer en todas las esferas, produciendo originales construcciones ataviadas con el más depurado gusto decorativo, tales fueron las suntuosas moradas que edificaron los magnates y favoritos de la fortuna, en aquellos dias gloriosos, en que pudieron decir algunos de nuestros monarcas, que en sus dominios no se ponía el sol.

Imposible es, atendidas las formas mezquinas y vulgares que desde hace más de un siglo se emplean en las casas sevillanas por los constructores contemporáneos (con rarísimas excepciones) formar concepto aproximado de lo que fueron aquellas grandiosas viviendas, que ya en los puntos más céntricos, como en los más apartados de la ciudad, alzábanse para atestiguar la esplendidez de sus dueños, los cuales hicieron de Sevilla una de las mas famosas ciudades del mundo; y apenas, si juzgando, en vista de los pocos testimonios que al presente se conservan, podemos formar acabado concepto del carácter artístico que en ellas dominaba, de los diversos ornatos que las embellecían, de los mil objetos que atesoraban, constituyendo cada una de ellas inapreciable Museo, en que lo mismo las Bellas Artes, que las obras artístico-industriales lucían en toda su plenitud.

Más para venir en conocimiento de lo que fueron y para apreciarlas en todo su valor, hay que tener en cuenta, precisamente, las exigencias de aquellas costumbres, el aspecto general de la edificación, la traza y proporciones de sus calles; y contando ya con estos antecedentes y con los datos que nos suministran los papeles viejos, podremos intentar, una casi restauración de la antigua ciudad, á partir del siglo XIV, que estimamos ha de aproximarse no poco á la verdad.

Reconquistada Sevilla en 1248, no hay que pensar que en un siglo hubiese experimentado una, ni radical ni apreciable transformación; por oponerse á ello circunstancias tan atendibles, como fueron las de haber continuado morando en ella parte numerosisima del vecindario musulman que prefirió la condición de mudejar al abandono de sus casas y haciendas y al ejercicio de sus profesiones. El hecho del truhan Pajas narrado en la Crónica de San Fernando, así lo confirma. Además, en épocas de turbulencias, de inquietudes y de militares empresas, cuando no podían gozarse todavía las ventajas de la paz, no era posible pensar en la realización de obras públicas, que ni las costumbres exigían ni los ciudadanos particularmente demandaban. La Sevilla de tiempos de Don Alonso X tuvo que ser la misma, ofreció el mismo aspecto, que la de los monarcas sucesores, hasta llegados los comienzos del siglo XVI.

¿Y cómo fue? Veámoslo.

Dentro del grandioso recinto de sus murallas, parecíase una red de callejuelas estrechas, tortuosas y sombrias, que formaban verdadero laberinto, en que abundaban los callejones sin salida, con alguna que otra plazoleta á que decian «barreras,» (ejemplos las de Alvar Negro y de los Marmolejos que ahora recordamos) las cuales formábanse delante de las casas más principales para desahogo de estas.

Las casas, no tenían más que uno ó dos pisos sin balcones ni ventanas, ni más huecos á la calle, que algunas estrechas aspilleras y ventanillos, ó ajimeces, palabra, cuya significación no era entonces la misma que se le dá hoy pues llamamos ajimez al vano gemelo, cuyos arcos se apoyan en una columna central; y entonces, los antiguos nombraron así á los vanos de cualquier forma, ocultos por un cierro, formado en sus lados y frente por tupidas celosias de madera, con su tejaroz, apoyado en canes de bastante vuelo, que proyectaban grandes sombríos batientes en aquella especie de caja calada, tras de la cual podíase ver sin ser visto, como actualmente existen en muchas ciudades orientales. Aparte de estos pequeños respiraderos, abiertos al exterior, como hemos dicho, ni el más insignificante detalle distraía los ojos en aquellos sucios ó blanqueados paredones, que remataban en tejados con enormes aleros y en su mayor número en azoteas. Confirma este concepto el hecho siguiente:

Cuando se recibió en Sevilla la nueva de la toma de Málaga, en Cabildo celebrado á 24 de Agosto de 1487, dispuso la Ciudad la celebración de grandes fiestas, y para conocimiento de los vecinos se mandó pregonar en las Gradas y en las Plazas de San Francisco y de la Alfalfa, la parte que á aquellos correspondía tomar en el público regocijo, diciendo así el pregonero: «asymismo mandan (los señores del Concejo) questa noche e mañana sábado en la noche todos los que pudiesen fagan fogueras y pongan fachones encendidos por sus açoteas y ventanas y candelas encendidas a sus puertas e fagan grandes alegrias por manera que se muestre el plazer de la vitoria que dios ha dado al Rey nro. Señor y á toda la xpitiandad lo cual todo fagan y cumplan sopena de dos mill mrs. á cada vno que lo contrario fiziere.»

Nótese bien que para nada se habla de balcones. En cambio del pobre aspecto, que imaginamos, las casas más humildes tenían entonces sus desahogos de corrales, huertos y jardines, por encima de cuyas tapias erguíanse balanceando sus elegantes ó melancólicas copas las palmeras y los cipreses, ó bien embalsamaban el aire con el perfume de sus azahares los naranjos y limoneros.

A raiz de la reconquista estableciéronse en Sevilla numerosas comunidades monásticas de ambos sexos, muchas de ellas no tardaron en construir sus casas y templos, y otras por lo pronto, adaptarían á sus necesidades los edificios que los monarcas les donaran. Unos y otros ofrecieron el mismo aspecto exterior que las edificaciones urbanas: altos y desmantelados paredones: y cuando aumentaron sus necesidades y adquirieron casas y edificios situados al opuesto lado de la calle, los arquillos y pasadizos facilitaron el tránsito de una parte á la otra, repitiéndose este caso frecuentemente aun entre los particulares. Así pues, el aspecto de la población con la estrechez laberíntica de sus calles, la pobreza exterior de sus casas y de tanto edificio religioso, con los densos batientes que proyectaban los arquillos, y los volados aleros y los ajimeces, debió ser lóbrego y triste, sobre todo, desde que el crepúsculo de la tarde comenzaba á envolver la ciudad en las sombras precursoras de la noche. En cuanto al tránsito por las calles, ya entrada aquélla, corríanse serios riesgos, contando con los montones de basura, con los grandes hoyos y con los cantos rodados que salían al paso.

Así nos figuramos «mutatis mutandis» á la Sevilla de los siglos XIV y XV, en cuanto al exterior de sus edificios, porque aquellas frías y desmanteladas viviendas, interiormente no debían serlo. Algunos restos que aun se conservan de casas de aquella época en Toledo y en Granada, leves vestigios en las de Córdoba y Sevilla, y sobretodo, el conocimiento general que nos ofrece la historia del arte, comprobado por la lectura de los documentos de la época y el de las costumbres de entonces, así como los caracteres generales que distinguieron á aquella sociedad, mitad cristiana y mitad sarracena, nos dan la clave para reconstituir también el interior de sus casas. El criterio que acerca de este punto ha tiempo abrigábamos, vímoslo comprobado en una excursión que hicimos á Tánger y á Tetuán.

Cuando dimos vista á ambas ciudades, cuando recorríamos aquellas sucias, estrechas y terrizas callejas, cuando penetramos en algunas de sus casas, á cada paso, á cada momento nos afirmábamos más y más en que lo mismo que aquellas ciudades, debió ser la nuestra, hasta que el renacimiento italiano comenzó á ejercer su influencia en la Península.

Tomando por base la estructura y disposición interior de las viviendas africanas, y las mismas que ofrecen todavia las nuestras en las ciudades andaluzas, y estudiando los vestigios que en éstas han podido salvarse de la destrucción, no puede caber duda que unas y otras fueron y son hermanas, pudiendo completar y restaurar las sevillanas con poco temor de incurrir en graves errores.

Franqueadas las siempre pequeñas puertas de ingreso, que más bien llamaríamos postigos, y el zaguán de dimensiones proporcionadas con el resto de la vivienda, penetramos en el patio, constituido por galerías altas y bajas con arcos inscritos en sendo arrabaes, bien de ojiva tumida ó de medio punto peraltados, que volteaban, ora sobre pilares de ladrillo agramilado ó de planta exagonal ú octogonal ora sobre fustes de mármoles de distintos diámetros, y á veces, hasta de desigual altura; diferencia que se salvaba, enterrando los fustes hasta dejarlos al nivel del piso, pues, importaba poco á los constructores que tuviesen ó no basas, así como que los capiteles correspondiesen á un mismo orden ó estilo, porque aprovechaban todo material que se les ofrecía sin el menor escrúpulo. Precisamente, en un monumento de la importancia de nuestro Alcázar, hallamos numerosos ejemplos de estas libertades constructivas.

Siguiendo el gusto sarraceno debió ser frecuente festonear los arcos con adornos lobulados ó angrelados de yeso ó estuco así como los intradoses y enjutas, todo ello labrado á lo «musayco» (que así llamaban á lo morisco) en finas yeserías. Las maderas de las techumbres de estas galerías bajas, lo mismo que las de las altas, serían de parihuelos apoyados en un friso ó arrocabe pintado más ó menos ricamente, según el lujo de los dueños y con dorados racimos estalactíticos en los ángulos de los corredores. Ancho friso, también de yesería, con bellas combinaciones geométricas, limitados en sus partes superior é inferior con inscripciones africanas ó cúficas, rodearían las galerías por bajo del arrocabe y análogo decorado serviría de marco ó arraba á los vanos de las puertas y á los de las ventanas ó á los ajimeces que daban luz á las «tarbeas» ó salas, las cuales, cuando tenían ciertas dimensiones, llamábanlas «palacios.»

Si decoraron los zócalos de las citadas galerías bajas, hiciéronlo, seguramente, con azulejos de mosáico, primer procedimiento con que se manifestó esta parte tan bella, de la industria cerámica.

En cuanto á los suelos, puede afirmarse que emplearon peregrinas combinaciones de ladrillos y azulejos, ya formando labores geométricas de estrellería polícroma incrustada en aquellos, ya de los pequeños ladrillos cuadrados, conocidos con el nombre de olambres ú olambrillas, ya finalmente, de azulejos tan solo. En medio de los patios había tazas de marmol muy estendidas y de poca altura, de la cual brotaba alegre surtidor de agua. A veces el centro del patio estaba terrizo, en forma de jardín, con sus bojes, mirtos y arrayanes, sus árboles frutales, sus cipreses y palmeras, jazmínes y granados y en el verano la odorífera albahaca.

El interior de las estancias nos lo figuramos decorado con zócalos de azulejos, frisos de yeserías y techumbres de alfarje ó de policromadas vigas y los muros blanqueados con cal, cubiertos de sargas, de guadameciles ó de tapicerías, según la fortuna de los dueños.

En cuanto al portage, debió ser, ya de maderas taraceadas, ya con clavazón de hierro ó ya con adornos pintados de vivos colores.[101]

Las galerías altas, generalmente, estaban formadas por pilares de madera con grandes zapatas que recibían el tejado de gran vuelo, y con barandas ó antepechos también de madera, de mármol ó de ladrillo, siendo muy análoga la decoración de las salas altas con las de la planta baja.

Como ejemplos de los últimos podrían citarse los patios de Sta. María de la Rábida y de San Isidoro del Campo.

He aqui á grandes rasgos, lector amigo, cómo he imaginado que serían las buenas casas sevillanas durante el siglo XIV hasta llegar á las postrimerías del XV; época en la cual, su aspecto exterior especialmente, varió por completo, pues así lo exigían la transformación de las costumbres y el radical cambio operado, lo mismo en las Bellas Artes que en las industrias artísticas, por la avasalladora influencia del Renacimiento italiano, que bien pronto hubo de dominar en el arte de la construcción.

Las relaciones íntimas que desde hacía tiempo, sosteníanse entre nuestra patria y aquella privilegiada región, cuna del arte, como consecuencias de gloriosas conquistas realizadas por nuestros capitanes, contribuyeron eficazmente á hacer extensivo dicho influjo, y así no es de extrañar, que magnates tan calificados como los Duques de Arcos y de Alcalá, los Marqueses de Ayamonte y de la Algaba, el Conde de Gelves, Don Fernando Colón, y otros más que sería prolijo enumerar, aceptando de buen grado dichas influencias, acudieran á artistas italianos, unos para que les labrasen las ricas portadas, fuentes y columnas de sus casas, otros sus sepulcros ó retablos para las capillas de que eran patronos, y todos ellos para que decorasen á la manera italiana las estancias y salones de sus palacios.

El gusto florentino, especialmente, se enseñoreó de nuestra ciudad, y entonces aquellos pobres y desmantelados muros de las casas del siglo XV fueron enriquecidos con monumentales portadas de marmol ó de piedra franca, con sus cuerpos arquitectónicos, con sus heráldicos escudos sostenidos por tenantes, con sus ricas pilastras y frontoncillos, y en suma, con todos los variados y espléndidos ornatos que caracterizan el llamado estilo plateresco.

En vez de mezquinos ventanillos con misteriosas celosias, distribuyéronse en las fachadas proporcionados vanos para balcones y ventanas, decorados con sendas pilastras y frontispicios arquillos con sus robustos y cincelados barandales de hierro, apoyados en labradas tornapuntas; las otras con magnificos herrajes enriquecidos con volutas y tarjas, flameros, geniecillos y pirámides; y las reglas eurítmicas más acomodadas á los principios del viejo clasicismo, aplicáronse á las nuevas casas, prestándoles un aspecto tan majestuoso como rico.[102]

Cierto, que en este periodo no olvidamos los sevillanos las antiguas tradiciones tan arraigadas entre nosotros; y sostenidas por tanto y tanto artifice mudejar como vivía aún en Sevilla, descendientes de aquellos «tornadizos» que si bien encubrían su nombre sarraceno bajo los más vulgares, y á veces ilustres apellidos cristianos, sus primorosas obras delataban á tiro de ballesta su origen muslímico; y así se comprende, que, al mismo tiempo que nuestros arquitectos, (que entonces se contentaban con ser llamados «maestros mayores de albañeria ó de cantería)» aceptaban sin escrúpulo las nuevas enseñanzas, no tenían empacho en que se manifestasen vivos los recuerdos del arte sarraceno, de lo cual resultó un estilo tan artístico como original el único verdaderamente genuino de Andalucía, que bien puede ser llamado «mudéjar plateresco,» del cual poseemos inapreciables ejemplares en las casas-palacios de los Duques de Alcalá, de Arcos, de Medina Sidonia y de Alba en las de los Marqueses de Ayamonte y de la Algaba, del Conde de Gelves, en las de los Jáureguis, Quirós, Arias de Saavedra, Marmolejos, Pinelos, Vazquez de Leca, Levanto, Mañara y otros, todas las cuales fueron suntuosas viviendas, en las cuales halla el curioso inequívocos rasgos que acreditan la fusión de los elementos decorativos platerescos, de filiación italiana, con los moriscos y ojivales, que de igual modo que en las viviendas, desplegaron su risueña y peregrina pompa en las edificaciones religiosas, en templos, monasterios y santuarios y ahí tenemos la mayor parte de los salones de la planta alta de nuestro regio Alcázar, edificados en los primeros tiempos del Emperador, que acreditan nuestro aserto, ofreciéndonos techumbres de traza sarracena con decoración plateresca de cuyo mismo gusto son los hermosos frisos de yesería que corren alrededor de los muros.

En prueba de lo dicho acerca de las diferencias que hubo entre las casas sevillanas del siglo XIV, y las del XVI véase lo que dice el historiador Morgado, en el capítulo que lleva el siguiente epígrafe «Del nuevo adorno exterior de las casas de Sevilla ... etc. Todos los vecinos de Sevilla «labran ya las casas á la calle,» lo cual da mucho lustre á la ciudad. Porque en tiempos pasados todo el edificar «era dentro del cuerpo de las casas, sin curar de lo exterior según que hallaron á Sevilla de tiempo de Moros. Mas ya en estos, hacen entretenimiento de autoridad tanto ventanaje con rejas y gelosias de mil maneras que salen á la calle.»

No puede ser más decisiva la confirmación que hace Morgado de los conceptos que venimos sosteniendo, pero véase también como aun los sevillanos no perdian la costumbre de las moriscas «gelosias».

En otro lugar de la misma obra añade: «Y assí no son las casas de Sevilla tan altas como las de Castilla la Vieja, porque de ser la ciudad tan húmeda y caliente, de industria las edifican sus moradores algo bajas, á fin de que las entren mejor los aires y desta causa abiertas y en Patios y Corredores. Lo cual también hacen por causa de las humedades porque mejor puede el sol bañar todas las calles y casas, que á no edificarse en esta forma, forzosamente fuera Sevilla de invierno más húmeda y fría y de verano más calurosa. Y así son de ver los admirables reparos para contra los calores, que hay en la mayor parte de las casas desta gran ciudad, por sus muchos jardines, con sus encañados revestidos de mil juguetes de jazmines, rosales, cidros y naranjos, de industria apanados que como los mirtos forman también grandes tablas y mesas muy llanas en todas las variedades de rosas y flores que se dan en Sevilla todo el discurso del año ... Los patios de las casas (que casi en todas las hay) tienen los suelos de ladrillos raspados y entre la gente más curiosa de azulejos con sus pilares de marmol etc.

Habla también Morgado de las fuentes de los patios con sus tazas de mármol y jaspe; así como de las macetas de diferentes hierbas odoríferas con que siempre fué costumbre adornarlos.

Al penetrar en algunas de las buenas casas sevillanas del siglo XVI, pasado el gran zaguan empedrado que servía para apeadero de carrozas y de caballos (ejemplo las casas de Alba, los Pinelos, Pilato etc.) sorpréndennos las hermosas proporciones de sus patios principales, con arquerías de medio punto peraltadas, sostenidas por columnas de marmol blanco de iguales dimensiones, con sus basas y capiteles ya platerescos, ya de los llamados sevillanos ó de moño, en su mayor parte procedentes de Génova; siendo de advertir que las arquerías no las vemos arrancar inmediatamente del ábaco del capitel sino que apoyan en un macizo de material de forma cúbica, que suelen ostentar en cada uno de sus frentes, sendos escudos de yeso ó de mármol, que aquí llamamos sota-capiteles. Dichas arquerías se ven, por lo general, adornadas en sus intradoses con yeserías, cuyos motivos, ó son de estilo de renacimiento ó mudéjares, como así mismo, los recuadros (arrabaes) en que cada uno de dichos arcos hállase inscrito. Zócalos de azulejos, no ya de mosaico (aliceres) sino de cuenca, guarnecían los muros hasta una altura conveniente, mientras que en la parte superior de los mismos corrian los indispensables frisos de yeso platerescos ó moriscos, siendo de advertir que en algunos de éstos, hechos ya á fines del siglo XVI, las inscripciones, africanas, por lo general, no son más que decorativas, sin valor fonético ninguno, prueba de que ya iban perdiéndose las tradiciones sarracenas.

Bellísimos adornos, también de yeso, guarnecían los vanos de puertas y ventanas: los primeros en forma de arrabáa, haciéndose extensivos á las enjutas, en cuyos centros lucían escudos familiares ó áureas con cabezas de damas y guerreros, mientras que en las segundas aparecen adornadas en forma de marco.

En cuanto á los pavimentos de los corredores y centro del patio, eran de ladrillos, combinados con olambrillas ó con cintas de azulejos formando bellas lacerías, de las que se conservan preciosos restos en la Casa de Alba. Las puertas de las salas, las de las ventanas ó de los ajimeces eran de taracea, de talla moriscas ó pintadas: ejemplos de las primeras en las casas de Pilato en la de Alba y en el Alcázar y de las segundas en la sala de «Profundis» del Convento de Sta. Inés, de que más adelante hablamos.

Los techos fueron de lacerias ó de parihuelos pintados por sus tres caras, al claroscuro, con fantasías platerescas, combinadas con motivos sarracenos; y en las tabicas los monogramas góticos de ihs xps. ó María. Piñas ó racimos estalactíticos dorados completaban la decoración. También fueron muy frecuentes los techos de azulejos llamados de «ladrillo por tabla» ocupando los espacios de las viguerías en forma de casetones. Por último, en los comienzos del siglo XVI se pintaron techos planos al claroscuro, con dibujos de lacerías o con casetones de estilo plateresco. Fuentes de mármoles ó revestidas de azulejos completaban la artística decoración del patio.

El interior de las salas era muy análogo; techumbres mudéjares, frisos de yeso, con cuyo material, ó estuco grabado, como se ve en la Alhambra, decoraríanse las paredes, cuando no con guadameciles, sargas ó tapicerías de Arras á que llamaban paños de «rrás,» introduciéndose en esta época el adorno de los muros con variados asuntos «pintados al fresco ó al temple» de los cuales se han descubierto restos en la casa de Pilato, y acerca de cuya decoración creemos interesante consignar algunos datos, por su curiosidad.

En 1511 el pintor Francisco Ximénez contrató con el Veinticuatro Juan de Torres hacerle una obra, juntamente con su «escudero» (oficial) en el patio de la casa de dicho señor, la cual sería pintada al temple «al altura que va començando en vn cabo de portal por manera que sea conforme á ello.»

Obligábase á «echar los colores finos por esta manera, quel verde que pusiere en las fresas (¿frisos?) donde las armas vinieren e de otras que se an de repartyr sin las armas sean todas metídas de su verde cardenillo en blanco con su azeyte e barniz por manera que la primera mano sea por ynprimadura e la otra mano sea más oscura e que sean sacadas sus fojas e encima dada la otra mano en tras ¿floria? de cardeníllo puro de manera que todas tres manos sean dadas con su azeyte e barniz ...

Iten más el maestro pintor questa obra tomase meta todo el azul que en el dicho patyo fuese menester assy en ataderos como en escudos como en todo lo que fuese menester e sy algo en el patyo oviese que le diese el agua meta de azul al fresco por manera quel agua no lo lleve e el azul que sea bueno de cabeça fina.

Iten que meta los campos de la corona de su verde de a dos manos como dho. es arriba e esto se entiende de dentro de los «golfines»[103] de las macollas e asy mismo algunos campos del cuerpo açul en los lugares que viere el maestro ques menester echarse.

Iten ... que pinte dentro de las fresas donde oviese escudos vnos lexos buenos e de buen arte en que vaya cielo e tierra e agua e arboles é verduras e ... otras cosas que se contienen para ellos.»

Por este documento vemos que 1511 había entrado ya de lleno el gusto italiano en las casas sevillanas: ¿pues, á cual sino á este, pertenecen las «armas» (escudos) rodeadas de sus «fresas,» que acaso llamarían así á las guirnaldas circulares ó láureas, pintadas con verde cardenillo, con sus hojas del mismo color y con los ataderos de los escudos, que no eran otra cosa más que las elegantes cintas, que después de sujetar las hojas volaban sobre el fondo general con los más caprichosos giros?[104]

Sebastián de Hojeda y Alonso de Salas obligáronse á pintar en las casas de Melchor de Corníeles en 1553 lo siguiente:

«Primeramente el corredor que está á la entrada de la puerta con todo el patio á la redonda con el portal que hace a la subida de la escalera de dos varas con corona y todo de un alizer de figuras de «romano» y haciendo vn repartimiento de un tablero de figuras de romano[105] y otro de figuras de colores[106] muy buenas y subidas.»

Los corredores altos irían pintados conforme los bajos.

En los rincones (¿enjutas?) obligábanse á hacer unas medallas, en los arranques de los arcos altos y bajos y en los desvanes y alficares[107] de su romano bien hechas y de buena obra por dentro y fuera de los arcos.

Pintarían también seis suelos (techos) de corredores altos y bajos de artesones conforme a buena obra y subidos colores y los albedenes[108] de las salas altas y bajas «que sean de sus albernaques[109] conforme a buena obra y que se echen sus alizares que parescan azulejos.»

Pintarían la escalera de arriba abajo como lo del patio, todo al temple, con huevo «porque queden fixas las colores» de manera que el agua ni las pudiese dañar ó despintar.[110]

En esta obra trátase indudablemente de una decoración mudéjar plateresca.

En 1551 Francisco Martínez y Alonso Hernández hicieron en compañia cierta obra de pintura en casa de Alonso Medina, que consistió en una dança «de arcos (arquería) alta e baxa de medallas,» esto es, adornada con cabezas ó bustos de varón y de mujer,[111] motivos frecuentísimos en todas las obras decorativas de la época.

Hiciéronse también extensivas las pinturas á los tableros de las puertas[112] conservándose una bellísima muestra de este género en las de la sala llamada de «Profundis» en el monasterio de Sta. Inés de esta ciudad. Ofrecen los tableros exteriores, encerrados en sendas láureas, los escudos de los Fernández Coronel é interiormente las imágenes de San Francisco de Asís y de Sta. Clara, resaltando sobre primorosos y elegantes adornos ojivales.

Las galerías altas de aquellas suntuosas viviendas hallábanse al descubierto, y nuestros abuelos no reparaban en salir á los corredores los días de invierno, desafiando las pulmonías.

Dada la disposición de aquellas casas, con sus grandes patios, con sus galerías altas abiertas, sin puertas de cristales; ¿cómo se defenderían del frío nuestros antepasados, preguntará alguien? Pues en nuestro concepto con grandes braseros de azofar, de cobre ó de plata y con enormes chimeneas, en cuyos hogares ardían cargas de leña. En ninguna de las casas señoriales sevillanas se conservan ni aquéllos ni éstas. Han desaparecido; sin embargo, hace años, vimos en la casa de los señores Condes de la Mejorada, en calle Bustos Tavera, una chimenea, de sencilla traza, adornada con yeserías de estilo renacimiento, y ésta, hay que suponer que no sería la única que hubo en la ciudad.

Por todo lo que llevamos dicho, echará de ver el lector cómo se verificó en Sevilla la fusión de los estilos gótico y sarraceno (ya unidos estrechamente desde el siglo XIV) con el estilo importado de Italia, así como también si compara las casas de aquella centuria con las de la décimasexta se persuadirá que la transformación esencial se verificó en las nuestras exteriormente, en sus fachadas, porque la traza general fué casi la misma en ambas épocas y que su decoración tuvo que tomar un nuevo aspecto, al recibir los modelos y motivos que nos fueron importados de Italia, los cuales, tan hábilmente supieron combinar, no sólo los maestros de albañilería, sino en general todos los artífices andaluces. Si penetramos en cualquiera de los aposentos de aquellas espléndidas moradas, observaremos á la primera ojeada la estrecha unión del viejo con el nuevo estilo; pues, si en unos cautivan la vista las yeserías y azulejos moriscos ó de tradición gótica y los techos de alfarje ricamente pintados y dorados, en otros, todos estos pormenores pertenecen al gusto italiano, observándose, frecuentemente, en las obras de carpintería, como techos y puertas, que las trazas son moriscas y los ornatos platerescos ó viceversa[113]. Los carpinteros de lo blanco eran entonces tan hábiles para combinar el más complicado alfarje de 16 ó 18 lazos, como la más suntuosa techumbre de casetones cuadrados, exagonales, ú octógonos, realzados de riquísimas molduras y valientes florones, cuando nó con bustos y hasta cuerpos enteros de damas ó de varones, ya en alto relieve, ya exentos por completo, ó bien con escudos encerrados en elegantes láureas ó tarjas.

Las amplias escaleras ofrecían así mismo ricos techos semiesféricos ó de artesón, ricamente pintados y dorados y zócalos de azulejería, la cual empleábase también en las tabicas de los pirlanes y en los asientos labrados de material que ocupaban en los descansos, los gruesos de muros.

Para comprobación de cuanto dejamos dicho poseemos en Sevilla en primer lugar nuestro regio Alcázar, en cuyas techumbres, yeserías, zócalos de azulejos, portages etc. verá el lector estrechamente unidos los elementos sarracenos con los cristianos, siguiendo luego en importancia las Casas de «Pilato» y de Alba con las demás que antes enumeramos, en alguna de las cuales predominan los motivos platerescos sobre los mudéjares, como en la de los Pinelos, y en otras como las citadas, entran estos en segundo lugar.

Fuera de Sevilla sí podemos citar un tipo de casa esencialmente plateresco, bellísimo por cierto, y acreedor á una monografía, que por lo menos nos conserve su memoria, pues, dado el relativo abandono en que se encuentra, sinó desaparece, sufrirá las consecuencias de restauraciones que la priven de su carácter primitivo adulterando sus preciosos ornatos. Nos referimos á la casita del Sr. Capellán de la iglesia del Santo Sepulcro, que forma parte de la monumental Colegiata de Osuna.

Puede decirse que es una casa en miniatura, un pequeño modelo de vivienda construido por un artista enamorado del estilo de renacimiento, que bien merecía ser copiado por el inteligente y entusiasta arquitecto de esta ciudad don Aníbal González, restaurador de las buenas tradiciones del genuino arte sevillano.

Dicha construcción, data próximamente, de los primeros años de la segunda mitad del siglo XVI.

¿Qué diremos por último del moblaje? No uno, sino muchos capítulos serían precisos para dar una idea de los tesoros acumulados en las casas sevillanas por sus opulentos dueños, de los cuales nos dan razón muy minuciosa los inventarios de la época. Ya dijimos que pinturas, tapices y guadameciles adornaban los muros; aplicándose también los unos y los otros para los reposteros con que se cabrían las sillas, bancos y camas: las antepuertas (cortinas) cojines y frontales de altar hacíanse también de guadamecí.

Alfombras de Persia, del Cairo y de fábricas españolas, cubrían los suelos, pescantes de hierro ó lámparas repujado con el mismo primor de la plata, y también de este preciado metal, sostenían los cirios ó vasos de cristal para aceite que daban luz á las estancias, y los arcones hábilmente esculpidos en Flandes, en Italia ó de taracea española y los retablos y oratorios (trípticos) debidos á los pinceles de insignes maestros extranjeros ó nacionales ó de inapreciables esmaltes, y los aparadores atestados de plata repujada y esmaltada y los vidrios de Venecia y la loza dorada de Málaga, Valencia, Granada ó Sevilla y los bufetes y escritorios italianos con maravillosas incrustaciones, ó los de labor morisca y las talladas sillas con sus asientos y espaldares de dorado cuero ó de terciopelo con sobrepuestos adornos de seda, y las riquísimas armas y los retratos de tamaño natural obras de celebrados pintores y las talladas estanterías destinadas á custodiar libros «escritos de mano» ó impresos ú objetos raros y de gran valor artístico, (monedas, camafeos, etc.) procedentes de las regiones más apartadas, y las mesas ricamente esculpidas y cubiertas de tela de brocado, de Florencia, de terciopelo, con pasamanos de oro ó de guadamecí, ostentando los escudos de la Casa, que asimismo se veían en ricos cofres de cuero con calados herrajes, y otros innumerables objetos de tan singular valor intrínseco como artístico, contribuían poderosamente al esplendor de aquellas artísticas moradas, en los siglos XV y XVI.

Basta, pues, lo dicho para que aproximadamente se pueda formar juicio de la riqueza que atesoraron las casas sevillanas en el siglo XVI, bien distinta, ciertamente, de las contemporáneas. El espíritu de destrucción, hijo de la ignorancia que ha dominado en todas las clases sociales, y el ridículo culto rendido á las novedades extranjeras, trajo consigo el menosprecio, por estos inapreciables objetos del moblaje que eran vendidos ó trocados miserablemente. En cuanto á las casas, de una parte la desvinculación, de otra el afán de modernizarlo todo que ha dominado durante el siglo XIX, y que por desgracia sigue enseñoreándose de las más importantes poblaciones andaluzas, ha producido, como era natural, los más funestos resultados, al punto que nuestras casas perdieron ya los originales y artísticos rasgos que las distinguían de las del resto de Europa, y que hoy se consideren como raros los ejemplares que nos restan de aquellas hermosas mansiones. Se ha destruido por destruir, en muchos casos sin necesidad, por una salvaje complacencia; se ha declarado implacable guerra á todo «lo viejo», a título de supuestas necesidades, invocando mezquinos intereses, sin reparar que lo que desaparecía era tan peculiar de nosotros, que no lo había en parte ninguna, y que lo edificado, modernamente, entra de lleno en el concepto de lo vulgarísimo, de lo insignificante. He aquí lo conseguido, destruyóse lo inapreciable y en cambio ¿qué vale lo que se ha creado? Casas para vecinos con trazas de cuarteles, viviendas de tres ó cuatro pisos, sin patios, sin luz, sin aire, con proporciones de castillejos, vanos distribuidos con infantil simetria, pobres adornos de yeso de muy dudoso gusto, herrajes de tiritaña, muros y paramentos lisos, y algunos mármoles blancos, azules ó rojos, aplicados á solerías y zócalos.

En cuanto al interior, más antiartístico es, aun, el aspecto que ofrecen nuestras casas modernas. Lisas paredes pintadas con medias tintas, cielos rasos en los techos, sencillísimos portajes de pino, solerías de cemento, de barros de colores ó de mármol y ... nada más. Con esto se contentan las gentes y prefieren estas vulgaridades al señorial y bello aspecto de las casas antiguas, que sin escrúpulo derriban, para construir sobre ellas los menguados engendros del modernismo. Se ha extraviado el gusto hasta lo inverosímil, precisamente hoy que tanto se alardea de cultura, que la facilidad de comunicaciones con todos los pueblos debía contribuir á que supiéramos apreciar el valor de lo que nos legaron nuestros abuelos para estimarlo y conservarlo con el mayor cariño ...

Justo es consignar, que, en los últimos años del siglo XIX comenzó á realizarse un espléndido renacimiento del gusto antiguo, labrándose opulentas mansiones, algunas de las cuales supera en riqueza decorativa á las más famosas del siglo XVI; quede por consiguiente para el mañana la mención de ellas, y tributemos un entusiasta aplauso á los señores don Miguel y don Javier Sánchez Dalp, Marqués de la Motilla y de Víllamarta, Condes de Aguiar y de Torralva, Sres. don Eduardo de Ibarra y doña Regla Manjon, como restauradores de las gloriosas tradiciones constructoras sevillanas, sin olvidarnos del señor don Pedro Zubiría, que aun cuando ha preferido emplear en su casa el gusto francés moderno, lo ha hecho tan suntuosamente, que dejando aparte exagerados exclusivismos, debémosle reconocimiento los sevillanos por haber contribuido al esplendor de esta ciudad, rompiendo los estrechos moldes de rutinarios constructores.

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Yantares

Ha sido achaque de todos los pueblos, de todas las personas en particular y en todos los tiempos, ejercer los deberes de la hospitalidad con la mayor bizarría y esplendidez, llegando á veces hasta el sacrificio, y cuando la estrechez y la falta de recursos no han permitido agasajar dignamente al huesped, lo mismo los pueblos que los individuos, hasta han empeñado sus rentas, prefiriendo tales quebrantos antes de no cumplir generosamente con las exigencias de tan noble costumbre.

La historia de nuestra ciudad ofrece innumerables testimonios de su esplendidez; ya cuando se trataba de recibir monarcas y personas reales, ya en los convites que celebraba para solemnizar acontecimientos gloriosos, ya al cumplir con los preceptos ineludibles de la hospitalidad, si se trataba de extranjeros. En todos estos casos puede decirse que no se paraba en barras y que fácilmente tiraba la casa por la ventana, pues, fué siempre característico de la tierra el rumbo, hasta llegar al derroche, al despilfarro que conduce á la ruina.

Sin embargo, las costumbres de todos los tiempos no han sido siempre las mismas, y como aquéllas son las que dan la páuta á los hombres para todos sus actos, hay que tener muy en cuenta cuáles fueron aquéllas, si se ha de juzgar con acierto lo que nuestros pasados hicieron.

La sociedad española, en general, de los siglos XIV y XV fué una mezcla de moderación y sobriedad por una parte y de esplendor y lujo en otras, que no se compadecen, fácilmente, ambas tendencias.

Mientras que en las personas el vestir era ostentoso y cuanto al traje y militares arreos se refería, llegaba á un grado de riqueza singular, en cambio, contentábanse con una mesa sencilla, frugal, sin los arrequives introducidos por el moderno refinamiento. Carnes, volatería y pescados sazonados como hoy decimos, muy al natural, sin los mil compuestos condimentos de la cocina moderna, legumbres y bastos, aunque apetitosos dulces, vinos puros y generosos, frutas etc., eran los fundamentos por decirlo, así de los yantares de aquellos sóbrios varones; y á medida que los tiempos avanzaron fueron quilatándose los placeres de la mesa con las finuras del paladar hasta los venturosos tiempos presentes en que la «química» ha sustituido muchas principales sustancias alimenticias por exquisitas drogas, falsificando aquellas con una sorprendente habilidad en sus relaciones con la vista y con el paladar.

Refiriéndonos á tiempos, ya muy viejos, veamos como el espléndido Concejo sevillano cumplió con los deberes de la hospitalidad y proveyó al sustento de algunos calificados huéspedes.

En la noche del viernes 21 de Julio de 1402 entró en esta ciudad el moro Helile mensajero del rey de Granada, acompañado de otros tres, pasando en ella siete días mientras esperaba la respuesta que el corregidor alguacil y regidores habían de darle de las cartas que trajo del dicho rey granadino, que serían probablemente relativas á treguas. En su virtud, la Ciudad disputo que su Mayordomo Juan Martínez, se hiciese cargo de les gastos del hospedaje y éste dió la siguiente relación de ellos á los Contadores del Concejo en esta forma:

«Viernes, en la noche 21 días de Julio año del nasçimiento de nro. saluador ihu. xpo. de 1402, llegó á Seuilla dicho mensajero.

En este día les envié una fanega de cebada que costó 15 mrs.

Envieles dos pares de gallinas que costaron 24 mrs.

Envieles más pan e fruta e vino que costó 10 mrs.

Sábado 22 días del dho. mes de Julio les envié dos pares de gallinas que costaron 24 mrs.

En este día les envié pan e melones, e fruta e vino que costó 15 mrs.

Domingo 23, les envié un par de gallinas que costaron 12 mrs.

En este día les envié pan, vino e fruta e melones que costaron 18 mrs. y 5 dineros.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Los restantes días fueron agasajados con las mismas vituallas. En los días 25 y 26 de Julio se les dió además un cuarto de carnero, sin olvidarse de la cebada para las cabalgaduras.

Según la cuenta del Mayordomo, todos los gastos del hospedaje montaron á 278 mrs. y 5 dineros, corta suma en verdad, que solo podemos esplicarnos por la sobriedad de costumbres de la época, más bien que por exigencia de la religión de los huéspedes, que, como se ha visto, no tenían escrúpulos en «empinar el codo» á pesar de la prohibición coránica.

En este mismo año, de 1402, el lunes 18 de Septiembre, llegó á Sevilla un embajador del rey de benamarquín (¿Benimarín?) llamado Hadael melque aben locay alcaide de Marruecos, que iba de paso para la corte acompañado de otros cinco moros y tres cristianos, más un león que de presente llevaban á los reyes. Cinco días posaron en Sevilla y durante ellos las partidas de mantenimientos, son análogas á las del documento anterior, aumentadas con las ollas que les enviaron para cocinar, y además especias, carbon, ciruelas, paja y carne de vaca para el león.

Diez y ocho años después, del 1420, tenemos noticia de una comilona cívico-religiosa que se relata bajo el epígrafe siguiente: «Estos son los mrs. que yo pero ruyz (¿escribano?) del rey di e despendi por mandado de Ruy peres desquivel e alfon fernández del marmolejo en la yantar que ovieron los señores de sevilla en la cofradía que ordenaron a onrra e rreuerencia de las virgenes santa yusta e santta rrofina en la qual mandaron guisar de comer para quarenta personas». Veamos lo que comieron y bebieron aquellos buenos señores:

80 pares de pollos á 4 mrs. el par.

21 par de pollas á 7 mrs. el par.

20 pares de gallinas á 8 mrs. el par.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .[114]

2 terneras 150 mrs.

40 piezas de vacas dos libras cada pieza.

40 mrs.

1 arroba de vino de villarreal que bebieron los señores cuando salieron de las biesperas 15 mrs.

3 arrobas de vino de la sierra que bebieron todos «los otros»[115] que y (allí) estaban 23 mrs.

Peras e cermenas (cermeñas) porque comieron quando salieron de las dichas biesperas 17 mrs.

Costaron endrinas[116] para la yantar 3 mrs.

Costaron figos 20 mrs.

Costaron 200 peras para la yantar las 100 á 4 dineros cada una, 30 mrs. las otras 100 a dos dineros cada una que son todas 50 mrs.

Costaron 150 limones 7 mrs.

Costo agraz e perejil e cebollas e ajos e oregano e vinagre para las ollas e para echar la ternera en adobo 15 mrs.

Costo un ¿derraso? de manteca 3 mrs.

Costo arrope para las gallinas menudas 2 mrs.

Costo sal blanca para las masas para lo que fué menester 1 maravedís.

Costo arroz para el manjar blanco 6 mrs.[117]

Dos onças de açafrán, 24 maravedís.

Una onça de gengibre ¿6 dineros?

Dos onças de canela, 5 mrs.

Quatro onças de pimienta, 4 mrs.

Matalauua, ¿6 dineros?

Seis açumbres de leche, 6 mrs.

Mostaza, un mrs.

Vino blanco e bermejo de villarreal e de la sierra para la yantar 210 mrs.

Melones, 20 mrs.

Pan, 45 mrs.

Tocino para los pollos, 25 mrs.

Carbón para el manjar blanco, 6 maravedís.

Costaron de alquiler, 60 tajadores de madera[118] 30 mrs.

Costaron de alquiler de cuatro barras de fierro para asar la ternera 10 mrs.

Costaron de alquiler dos calderas de cofradía para asar la vaca e la ternera con sus aparejos 10 mrs.

Costaron 60 haltamices blancos de barro 20 mrs.

Quarenta salseretas blancas 8 mrs.

Veyntiquatro picheles verdes para vino 13 mrs.

Veinte jarrillos para dar agua 4 mrs.

Dos jarras grandes bermejas para enfriar el vino 4 mrs.

Seis ollas grandes de tanjar 30 mrs.

Tres esteras de enea en que estendiesen la vianda.[119]

Costó agua dulce (¿hidromiel?) para cocinar e para el vino 6 mrs.

Costaron traer «dos cargas de enea para echar donde comieron»(2). 6 mrs.

Dí á los cocineros e a los once que ayudaron a esto 40 mrs.

Dí á los juglares 30 mrs.

Costaron las candelas blancas en que ovo 63 libras a 6 mrs. la libra «e la quarentena con la maría» 6 mrs. y un dinero.»[120]

Lib. del Mayordomazgo mayor de 1420.

Conociendo un poco las costumbres de la época, puédese fácilmente reconstituir el cuadro que formaron los Sres. del Concejo sevillano, fundadores de la cofradía de Stas. Justa y Rufina, con los demás cofrades invitados al yantar con que se festejaban y festejaban á las Patronas de la Ciudad, que pecaba de sobrio, si lo comparamos con los refinamientos y exquisiteces de la cocina moderna, pues, ya vemos que los comensales se contentaron con pollos y gallinas, vaca, ternera, manjar blanco, frutas, vinillo de villarreal y de la sierra, suprimiendo, quizá por cara, la nieve, que ya entonces estaba muy en uso, no obstante que esta comilona tuvo que efectuarse en un mes de los estivales, á juzgar por las frutas que se sirvieron. Y sin embargo, no tuvieron empacho en dar 30 maravedises á los juglares que amenizaron la reunión con sus músicas y cantigas.

Parcos anduvieron también en materia de dulces, pues aparte del «arrope para las gallinas» combinación verdaderamente diabólica, digestible solo para aquellos estómagos, y del manjar blanco, ni siquiera endulzaron sus paladares con alguna frutilla de sarten, bien enmelada, ó con finos alfeñiques ó piezas de alaju.

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Note 1 · Actas Capitulares. Arch. Mun.Note 2 · Lib. de Propios. Arch. Mun.Note 3 · Estos se aderezaban en la Plaza del Alcázar, entrado ya el siglo XVII como consta en un asiento de Libros Propios de 19 de Mayo de 1604.Note 4 · Cuad. de Actas Capituls.Note 5 · Antes se les ha llamado tintores. Debió ser error del amanuense pues los reparos de dhas figuras más propios parecen de los segundos que de Note 6 · Actas Capituls. Arch. Mun.Note 7 · Lib. de caja de 1570. Arch. Mun.Note 8 · Manual de caja 1570. Arch. Mun.Note 9 · Lib. de caja. Arch. Mun.Note 10 · Lib. de caja. Arch. Mun.Note 11 · Lib. de caja. Arch. Mun.Note 12 · Lib. de caja. Arch. Mun.Note 13 · Of. 4. Lib. II de dicho año, fol. 24, Arch. de Protos.Note 14 · Tom. VI. Letras C. D. Siglo XVI. Arch. Mun.Note 15 · Cabo 3 Diciembre. 1596.Note 16 · Libro de Propios y de actas capituls. Archs. de la Cat. y Mun.Note 17 · Lib. de Propios fol. 438.Note 18 · Libr. de Propios fol. 429, Arch. Mun.Note 19 · Libro de Propios Arch. Mun.Note 20 · Lib. de Propios 162. Arch. Mun.Note 21 · 20 Junio 1602 loc. cit.Note 22 · Libs. de Propios Arch. Mun.Note 23 · Ibid, loc. cit.Note 24 · Lib. de Propios. 10 Junio 1603. Arch. Mun.Note 25 · Lib. de Propios. En dicho año á 22 de Junio tuvo lugar «el ensayo real de los carros de representación.» loc. cit.Note 26 · Libs. de Propios y de Actas. Arch. Mun.Note 27 · Acta capitular.Note 28 · Cab.º 11 Junio 1672.Note 29 · Colec. ant. Fiestas del Corpus. Los gigantes se depositaban en un almacén de la Pta. Real en este año. Titulos de propiedad. Cap. 4.Note 30 · Registro de escrituras de 1752.Note 31 · Cuad. de Actas capituls, de dicho año, Arch. Mun.Note 32 · Lib. II de escrituras de Manuel Segura, fol. 1390 Arch. de Protos.Note 33 · Ignoramos el significado de esta frase.Note 34 · Of. 11 Lib. IV de dho. año sin fol. Arh. de Protoc.Note 35 · Of. 11 Lib. 1.º que lleva en el tejuelo el de 1552. Arch. Protoc.Note 36 · Of. 11 Lib. 1.º de dho año. Arh. de Protoc.Note 37 · Libro de escras. de Juan García, 1449-1474.Note 38 · Libro del Mayordomazgo de 1441, Arch. Mun.Note 39 · Libro. 1.º de dho. año, Oficio 11. Arch. de Protocs.Note 40 · Lib. de escrituras de Juan García, 1441, loc. cit.Note 41 · Lib. de escrituras del citado escribano del dho. año. Arch. de Protoc.Note 42 · Lib. de escrituras del oficio 3.º. loc. cit.Note 43 · Lib. I de dho. año de Manuel Segura, Arch. de Protos.Note 44 · Acta capitular de dha. fecha. Arch. Mun.Note 45 · Cuadr. de Actas capituls. Arch Mun.Note 46 · Libro de escras. de Francisco Segura. Arch. de Protos.Note 47 · Lib. Mayordomazgo de dicho año. Arch. Mun.Note 48 · Lib. de Propios.Note 49 · Lib. de Propios.Note 50 · Lib. de escrituras de dho. año de Francisco Segura. Arch. de Prots.Note 51 · Lib. 1º. de dho año de Manuel Segura. Arch. de Prots.Note 52 · Acuerdos para librar de 1636. Arch. Mun.Note 53 · Véase la pag. 94 de este libro.Note 54 · ¿Será el citado Cristóbal Martínez?Note 55 · Hijo del Maestre Antón Zapata ó el mismo Maestre Antón?Note 56 · Cuadr. de Actas capituls. de dho. año, Arch. Mun.Note 57 · En 1473 Martín Rodríguez obligóse á pintar unas puertas para el Sagrario de la Iglesia de Sta. María de la Merced de esta ciudad y bien mereNote 58 · Carecemos de pruebas para asegurarlo, pero, si los sevillanos siguieron el gusto florentino, emplearían en la decoración exterior de sus casNote 59 · Ignoramos el significado de esta palabra.Note 60 · Véase el artículo Francisco Ximénez en el tomo 3.º de mi Diccionario.Note 61 · Así llamaban los artistas de estos tiempos á toda composición decorativa de estilo plateresco.Note 62 · ¿Alternarían los motivos al claroscuro con los policromados?Note 63 · ¿Alficares por alféizares?Note 64 · Según Mariátegui en su Glosario, llámanse así cada una de las goteras formadas por diversos planos del pavimento de un patio, para facilitarNote 65 · En nuestro concepto estas voces corresponden á la carpintería de lo blanco.Note 66 · Gestoso, Diccionario. Tomo 3.º, pág. 345.Note 67 · Gestoso, Diccionario. Tomo 3.º, pág. 355.Note 68 · Véase la página 393 de nuestro Diccionario en que se describen unas que pintó Antón Sánchez de Guadalupe para el convento del Carmen.Note 69 · Véase el techo firmado por Juan de Simancas en la sala del Príncipe de este Alcázar.Note 70 · Suprimimos las partidas referentes á transportes de las vituallas y otros gastos de diversas índole por no juzgarlos interesantes.Note 71 · ¿Serían los convidados?Note 72 · Ciruelas negras.Note 73 · Dice Covarrubias: «Manjar blanco por ser de leche açúcar y pechugas de gallinas, plato de Españoles, antiguamente se guisaban en las casas dNote 74 · «Plato redondo de palo sobre el qual se corta la carne.» CovarrubiasNote 75 · ¿Comerían sentados en el suelo? Asi nos inclinamos á suponerlo, y que lo harían sobre las dos cargas de eneas de que se habla después.Note 76 · La frase entrecomada repítese en la cuenta con las variantes de que otras veces dice: «la veyntena con la maría» ignoramos su significación.
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