Plata, hongos i talero. Cuento de un viejo que subió al cielo
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«Entónces hubo un viejo indio. Subió al cielo; entró en el cielo; alcanzó Dios a verlo.»
—¿Cómo es que andas por acá? se le dijo a ese viejo.
—Soi pobre, pues, padre Dios; por eso vine, vengo a pedir (algo) de tí, padre Dios! pasó a decir en el cielo ese viejo.
—Está bien, pues, le contestaron; (i) le dieron un paño.
«Cualquiera cosa le pedirás a este paño,» se dijo a ese viejo.
Entónces volvió (i) llegó, a esta tierra trayendo su paño.
Lo dejó encargado a una mujer.
—«¡Que se llene el paño!» no me lo digas a mi paño, dijo ese viejo.
—¿Por qué será, «¡que se llene el paño! no me lo digas a mi paño,» me dijo ese hombre, dijo esa mujer.
Entónces estendió ese paño.
«¡Que se llene el paño!» dijo esa mujer. Así se llenó, dicen, de plata.
Despues de alojar llegó ese viejo. Entónces pasó a preguntar, por su paño.
—Se perdió tu paño, se dijo a ese viejo.
Entónces volvió. Otra vez se encaminó al cielo; llegó.
—¿Qué quieres otra vez? le dijeron.
—Otra vez vengo a pedir (algo) a Dios, dijo.
Entónces le dieron un hongo; fué dejado atado en un trapito.
—Cuando se acaben tus hongos «¡que se llene!» le dices no mas, dijeron a ese viejo.
Entónces llegó a esta tierra.
Entónces lo dejó encargado otra vez a esa mujer.
—«¡Que se llene el trapito!» no se me lo digas a mi trapo, dijo ese viejo.
—¿Por qué «que no se llene el trapo» no se me lo digas a mi trapo, me dijo ese viejo? dijo esa mujer.
«¡Qué se llene el trapo!» dijo esa mujer.
Así se llenó de hongos ese trapo.
Entónces el otro día, se encaminó, para ir a buscar su trapo, ese viejo. Llegó.
—Vengo a buscar mi trapo, pasó a decir ese viejo.
Entónces:—Se perdió tu trapo, se le dijo a ese viejo.
Volvió ese viejo. «Otra vez iré al cielo» dijo.
Otra vez se encaminó al cielo.
Llegó al cielo.
—¿Qué quieres? le dijeron.
Otra vez vengo a pedir, pues, dijo el viejo.
—I ¿lo que llevaste? qué lo hiciste? le dijeron.
—Lo dejaba encargado a una mujer: «¡se perdió!» me dijeron, pues, dijo ese viejo.
Entónces le dieron un talero[36].
—«¡Levántate, talero!» no le dirás, le dijeron a ese viejo.
Entónces volvió. Llegó a esta tierra; fué a encargarlo a esa mujer su talero.
—«¡Levántate talero!» no me lo digas a mi talero, dijo ese viejo.
—¿Por qué me dijo eso? dijo esa mujer.
«¡Levántate, talero!» dijo esa mujer.
Entónces así se levantó ese talero, la azotó mucho. Fué azotada, esa mujer. Gritó esa mujer, casi (la) mató.»
I en la pájina 355 encuentro la nota que sigue, referente a este cuento:
«Este cuento es evidentemente de oríjen europeo. En el cuento popular francés Le Bonhomme Maugréant, éste recibe de San Pedro primero una canasta de la cual salen panecitos i pescado frito; cuando el tabernero i su mujer se la han cambiado, el santo le da un gallo que bota piedras finas, que sufre la misma suerte que la canasta: al fin el «palo sal del saco» obliga al tabernero a devolverlo todo i San Pedro se lleva todas las tres cosas al cielo.
Mui semejante es tambien el cuento número 36 de la coleccion de los hermanos Grimm. «Mesa sírvete, asno de oro i palo sal del saco», sólo que ahí cada prenda es el premio de trabajo de uno de los tres hermanos. El menor con su palo recobra las cosas que el tabernero ha sustraido a los otros dos.»
Todavía voi a agregar una tonada, de estructura diferente a la de las piezas anteriores, pero que puede calificarse como de nunca acabar; es la de
25. La Pava
Al salir de casa me encontré un dinero i compré una pava que me pone huevos, que me pone huevos, que me pone huevos, que me pone huevos, que me pone huevos. Al salir de casa me encontré un dinero i compré una polla que me pone huevos, que me pone huevos, (quater). Al salir de casa me encontré un dinero; compré una torcaza que me pone huevos, que me pone huevos, (quater). Al salir de casa me encontré un dinero i compré una hacienda con muchos potreros i con muchas vacas que me ponen huevos, (ter). Al salir de casa me encontré un dinero i compré un convento con doscientos legos i doscientos frailes que me ponen huevos, que me ponen huevos, que me ponen huevos.
Sustitúyanse a pava, polla, torcaza, los nombres de otras aves: paloma, gallina, pata, lloica,[37] queltehue,[38] diuca,[39] etc., etc., i se tendrá una tonada de nunca acabar.
Desnudo de todo comentario entrego este corto material para que vaya a acrecentar el pequeño acervo que a Chile corresponde en el vastísimo campo folk-lórico, i con objeto de que, comparadas estas piezas con las análogas que existen en todos los paises civilizados, i talvez en muchos salvajes, se deduzcan las conclusiones que de tal estudio puedan derivarse.

NOTAS: