Note 101 — Carta del doctor Chanca.
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En el primer viaje del Almirante, los indios de Guanahaní, le indicaron hacia donde quedaban las islas de los Caribes. Colón indudablemente las trazaría en su carta, que venía formando, y por eso en su segunda empresa modificó el derrotero en busca de ellas. Con tal motivo dice el padre Nazario (ob. cit.) “¿Conocía Colón las corrientes que le llevarían al mar Caribe en el segundo viaje y las que le alejaban de él en el primero?”—Pues no las conocía, y no hay derecho á exigirle al gran Navegante tales conocimientos, ni interpolar una revelación. Y prueba de ello, que cuando marchó á España, en 1496, con las carabelas Niña y Santa Cruz, las corrientes y los vientos le retuvieron en las islas de Barlovento, llegando á escasear las provisiones de boca y teniendo que arribar á Guadalupe para adquirir casabe y otros frutos con resistencia de los indios. El ilustre cosmógrafo conocía las mareas; y este fenómeno del flujo y reflujo reveló á los pensadores de la antigüedad la atracción universal, muchos siglos antes que Newton descubriese las leyes de la gravitación. Aristóteles dijo en su libro del Mundo, que las mareas siguen el movimiento de la luna; y en 1687 echó Newton las bases de la teoría científica de las mareas en su obra: De los principios. La Academia de Ciencias de París abrió un concurso en 1738. Y por fin, Laplace dió una teoría completa de las mareas.—Pero las corrientes del Océano, que supone el presbítero Nazario conociese Colón “por conocimientos profundísimos ó una revelación luminosa” es casi estudio de nuestros días. Franklin indicó la conveniencia de utilizar el termómetro para reconocer las corrientes y su origen. Humphry Davy y Alejandro de Humboldt utilizaron el termómetro en este sentido con brillantes resultados, y por fin, el ilustre comandante Maury, de la marina norte-americana, ha penetrado con una admirable sagacidad en los misterios del Gulf-stream. Colón, aunque era un gran marino, no podía conocer, en su 1º y 2º viaje, la circulación de estas arterias, cuyo corazón estaba en el golfo mexicano, para esa época inexplorado.