Note 1234 — TOMO SEGUNDO
Reading edition
Tronpas. Van casi siempre junto con los atabales y el añafil en los escritores castellanos de los siglos XV y XVI. Están representadas en el Códice de las Cántigas en una miniatura (Riaño, f. 49, números 3 y 4). No parece se usen hoy en Marruecos. Es instrumento marcial de bronce como un clarín, pero retorcido y de más buque y en disminución desde el un extremo al otro. Crón. grat., 3, 19: E venían tañendo trompas e añafiles. Añafil. Usanlo los marroquíes en el mes de Ramadán y en los cortejos de boda. En estos últimos, la música se compone de una ó dos gaitas, uno ó dos atabales y el añafil, que sólo repite una nota de vez en cuando, en el ritmo

Es el mismo representado en el Códice Alfonsino (Riaño, f. 42, n. 4), esto es, un tubo muy largo, y se diferencia de la trompeta bastarda y de la italiana en que éstas tenían el tubo con vueltas ó redoblado, mientras que era derecho el del añafil ó trompeta morisca. Usáronlo pregoneros y heraldos en España, y vino de Roma, donde la llamaban tuba recta. Atanbales (S), ó atabales, que traen G y T. No se hallan en el Códice de las Cántigas, pero sí en otro del siglo XIV (Leges palatinas, Riaño, p. 132). En la literatura castellana figuran siempre como sinónimo de los timbales, que se tocaban á caballo; pero en Marruecos llaman hoy tbal á nuestros tambores grandes. La manera de tocarlos los moros es con un palo grueso que llevan en la mano derecha, y está tallado con adornos en colores, dando los golpes fuertes en el parche que mira hacia arriba, y en el de abajo con una varilla ligera que llevan en la mano izquierda los golpes débiles. Es el atabal una media esfera, cubierta por cima de la circunferencia con pergamino, y se toca con dos palillos rematados en bolas. Estas plaçenterias ó regocijos comienzan con los atabores (c. 1227) de estruendo vago y acaban con trompas, añafiles y atabales, que dejan tras sí el mismo estruendo y el agudo trompeteo, que se oye largo tiempo después de pasar tan magnífica procesión.