Note 1229 — TOMO SEGUNDO
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El rrabé ó rabel, en árabe رباب rabēb, rebāb, que tiende á desaparecer en Marruecos, sustituído por el kamendjah ó violín europeo; pero que todavía los hay, con sus dos gruesas cuerdas, su pequeña caja abombada, su membrana de pergamino en la parte inferior y su arco, tal como está representado en Riaño (f. 44, núms. 4 y 5; f. 47, n. 1). El rabel morisco se apoya siempre en la rodilla; el que se apoya en el hombro es ó rebeca ó vihuela de arco, que son los antecesores del violín; véase en las Cántigas (Riaño, f. 44, 1). El rabel siguió usándose en España, idos los moros, y todavía lo hemos visto tocado por las calles de Madrid, pues vive en algunas comarcas del Norte de España. Quij., 1, 11: Y es músico de un rabel que no hay más que desear. Describe el rabel Al-Farabi, auntor del s. X, y los árabes le llaman rebab el moghani ó rabel del cantor, si tiene dos cuerdas; el de una rebab eshshaer, rabel del poeta, porque acompaña al que canta sosteniendo siempre el mismo sonido, para que el recitante no se salga de tono, Aquí no es rabel del poeta, pues aunque acompaña, es, no un recitado, sino un cantar conocido. El Sr. Roda poseía uno precioso, traído de Marruecos. Bien le dice gritador al rrabé, ó chillador, mejor dicho. Calbi garabi hubo de escribir el Arcipreste: en S. cabel El orabyn; en G. alborayn ba taniendo; en T. cabel el garaui. Calb-i mi corazon, propiamente qalb corazon, -i mi; gharabi, árabe. Es el comienzo de una tonada arábiga, que trae Salinas (De Musica libri septem, Salmanticae 1592, pág. 339) hablando del metro compuesto de «crétito et trocheo», y dice así: «Cuius cantus et saltatio apud nostrates in usu frequentissima solebant esse a mauris, ut reor, accepta, nam verbis etiam Arabicis canitur: Calvi vi calvi, Calvi aravi. Cantum talis est (con notación modernizada):

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La letra arábiga es qalbi gharabi «mi corazon (es corazón) de árabe»; sino que se repite mi corazón (calvi) y la segunda sílaba (vi) antes de decir toda la frase seguida, como hacen los andaluces. Bien se ve que esta letra es la nota del Arcipreste, cantada al són del rrabé: esto significan los dos primeros versos. Tenemos, pues, la tonada, conservada por Salinas, y la letra, conservada por el mismo y por el Arcipreste. No hay, pues, tal instrumento alborain ó orabin, etc., etc., como algunos soñaron. Nota en el primer verso es tono, en el segundo es la letra del canto moro, que ya se había aplicado al rey Alfonso. El salterio, instrumento muy antiguo, de cuerdas fijas, que se punteaban por medio de una especie de dedales en punta, con plectro ó con las uñas. Había muchas variedades en formas y números de cuerdas. Colgábase al cuello, si era pequeño, ó se apoyaba sobre las rodillas. Pueden verse en las Cántigas (Riaño, f. 42, números 2 y 3). Llamóse salterio, del griego psállo, puntear, psalterium en latín. La forma más común era la triangular y con 23 cuerdas, tendidas paralelamente a la base del triángulo, con puentecillos movibles, sobre los que se apoyaban las cuerdas para afinarlas con la colocación de ellos. Tocábase con ambas manos. Mota es un cabezo en medio del llano. J. Pin., Agr., 10, 7: Tal es la vehemencia del amor ardiente con que los justos se traban con Dios, que las motas se les tornan montes altos. Vyyuela de péñola ó péndola díjose del puntearse sus cuerdas con una pluma ó plectro: dos siglos más tarde, al comenzarse á usar la vihuela como instrumento polifónico, dando origen á la riquísima literatura de los vihuelistas españoles, sustituyóse el plectro por los dedos y tomó el nombre de vihuela de mano. En las Cántigas puede verse (Riaño, f. 43, n. 5; f. 46, n. 1) y cotejarse con el de los tratados de vihuela del s. XVI y con el de Fr. Juan Bermudo: la misma comba de sus aros, los trastes (único instrumento que los tiene en las Cántigas) y sus cuatro cuerdas aumentadas ya hasta seis á principios del siglo XVI. La vihuela de péndola de las Cántigas tiene cuatro cuerdas, seis á fines del s. XV, y Fr. Juan Bermudo, propuso ya la adición de la séptima. La guitarra, que á principios del s. XVI se usó generalmente con cuatro cuerdas, tomó la quinta en la misma centuria y la sexta al comenzar el siglo XIX. Sotar, saltar, Alexandre, 252: Reían e sotaban.