Note 70 — LIBRO DE BUEN AMOR[E]
Reading edition
Trae G pyntares en la corrección por puntares. Puntar, como apuntar y contrapuntear, y con esto se entenderá esta copla, que sin ello, fuera más oscura que la anterior. Yo, el libro, soy padre de los medios ó instrumentos de canto y contrapunto empleados aquí: según apuntes y contrapuntees ó discantes, así sacarás provecho ó daño de ellos, esto es, de dichos, escenas y personajes. Detente y haz punto en el decir, dicho ó escena que tú quisieres ó buscares (quisieres vale buscares, quaesieris); si estudiándolo supieres dar en el blanco que yo tenía allí al escribir (si sopieres apuntarme), no te extraviarás, irás conmigo (ssiempre me avrás en miente) y no sacarás el daño que acaso saques si no apuntas bien á mi intento, pues te quedarás en los medios y con los instrumentos, que son cosas, á veces, harto libres, sin llegar a él: llevarás mal el contrapunto y no como yo lo llevo. Acaso algún moderno lo entenderá todo patas arriba, como no faltan quienes supongan que Cervantes era un descreído y aun que ataca rebozadamente á la Iglesia en su Quijote. Con capa de moralidad, se dirá ese tal, quiso encubrir sus desvergüenzas el tuno redomado del Arcipreste, para no ser tildado por la sociedad, y por eso da á entender aquí, al buen y sutil entendedor, que distinga entre la capa y el cuerpo, y no haciendo caso de aquéllas se quede con éste. "Comme un Rabelais hypocrite rendu prudent par le pays et le temps dans lesquels il vivait", dice Puymaigre (Les vieux aut. castill., t. 2, p. 63, etc.). Pero el Arcipreste, para mí, ni era hipócrita ni necesitaba serlo en época tan desgarrada como aquélla. Por algo le metieron en chirona, donde cabalmente escribió este libro con tan buena estrella como escribió en la cárcel el suyo Miguel de Cervantes. Fuera el Arcipreste un picaronazo, amigo de figones, hampón á carta cabal, mujeriego y cuanto fueron nuestros pícaros, de los cuales fué el primero en levantar enseña literaria, siendo su primer modelo y maestro, abuelo del Lazarillo y del Guzmanillo, bisabuelo del Buscón; ¡pero suponer en él hipocresía! Eso sólo se les ocurre a los que siempre ven á España encapotada por los negros nubarrones de la Inquisición. Pero hay más, y es que por este libro no pueden sacarse pruebas de que el Arcipreste fuera prácticamente un picaronazo, amigo de figones, hampón y mujeriego, como de sus libros nadie saca que lo fueran Mateo Alemán, Cervantes ni Quevedo. Viviendo en un siglo gazmoño y farisaico, nos escandalizamos de oir ó de leer lo que no nos escandaliza practicar. Un hombre como el Arcipreste, que tiene alma para echarles en cara á los clérigos de Talavera sus desgarros y solturas, hasta verse preso por sus solapadas maquinaciones, no hubiera tenido autoridad para hacerlo ni le hubieran hecho el menor caso si hubiera sido tan suelto y desgarrado como ellos. El Arcipreste de Talavera, autor del Corvacho, escribió un siglo más tarde acerca del mismo asunto que el de Hita. Nadie pone en duda la religiosidad y buena conducta del Arcipreste D. Alfonso Martínez de Toledo. Pues bien: su respeto por nuestro Arcipreste llega hasta copiarle con loa, lo cual cierto no hiciera si de él hubiera tenido la opinión de Puymaigre y de tantos otros. En estas dos coplas está el nudo del libro, el intento del autor: según se entienda, así será el libro bueno ó rematadamente malo. El es sutil, qui potest capere, capiat: el delicado griego lo entenderá por todo lo alto y á lo divino; el zafio romano, á puñetazos y figonescamente. Juzgar de este libro por la lectura de un trozo suelto, es lo mismo que suponer que la Sagrada Escritura es una obra impía, porque en ella se dice literalmente: Non est Deus: no hay Dios. Si allí lo dicen los impíos y no la Escritura, aquí esos trozos los dice ó practica el mundano, á quien pinta y rebate el Arcipreste.