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Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas, Obras Completas Vol. VII

X CANTO DE ESPERANZA

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UN gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste. Un soplo milenario trae amagos de peste. Se asesinan los hombre en el extremo Este. ¿Ha nacido el apocalíptico Anticristo? Se han sabido presagios y prodigios se han visto y parece inminente el retorno del Cristo. La tierra está preñada de dolor tan profundo que el soñador, imperial meditabundo, sufre con las angustias del corazón del mundo. Verdugos de ideales afligieron la tierra, en un pozo de sombra la humanidad se encierra con los rudos molosos del odio y de la guerra. ¡Oh, Señor Jesucristo! por qué tardas, qué esperas para tender tu mano de luz sobre las fieras y hacer brillar al sol tus divinas banderas! Surge de pronto y vierte la esencia de la vida sobre tanta alma loca, triste o empedernida que amante de tinieblas tu dulce aurora olvida. Ven, Señor, para hacer la gloria de ti mismo, ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo, ven a traer amor y paz sobre el abismo. Y tu caballo blanco, que miró el visionario, pase. Y suene el divino clarín extraordinario. Mi corazón será brasa de tu incensario.

Illustration from Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas. Obras Completas Vol. VII
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XI

MIENTRAS tenéis, oh negros corazones!, conciliábulos de odio y de miseria, el órgano de Amor riega sus sones. Cantan: oid: «La vida es dulce y seria». Para ti, pensador meditabundo, pálido de sentirte tan divino, es más hostil la parte agria del mundo. Pero tu carne es pan, tu sangre es vino. Dejad pasar la noche de la cena —¡Oh Shakespeare pobre, y oh Cervantes manco!— Y la pasión del vulgo que condena. Un gran Apocalipsis horas futuras llena. Ya surgirá vuestro Pegaso blanco!

Illustration from Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas. Obras Completas Vol. VII
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XII HELIOS

OH ruido divino, Oh ruido sonoro! Lanzó la alondra matinal el trino y sobre ese preludio cristalino, los caballos de oro de que el Hiperionida lleva la rienda asida, al trotar forman música armoniosa, un argentino trueno, y en el azul sereno con sus cascos de fuego dejan huellas de rosa. Adelante, oh cochero celeste, sobre Osa y Pelión sobre Titania viva. Atrás se queda el trémulo matutino lucero, y el universo el verso de su música activa. Pasa, oh dominador, oh conductor del carro de la mágica ciencia! Pasa, pasa, oh bizarro manejador de la fatal cuadriga que al pisar sobre el viento despierta el instrumento sacro! Tiemblan las cumbres de los montes más altos, que en sus rítmicos saltos tocó Pegaso. Giran muchedumbres de águilas bajo el vuelo de tu poder fecundo, y si hay algo que iguale la alegría del cielo, es el gozo que enciende las entrañas del mundo. Helios! tu triunfo es ese, pese a las sombras, pese a la noche, y al miedo, y a la lívida Envidia. Tú pasas, y la sombra, y el daño, y la desidia, y la negra pereza, hermana de la muerte, y el alacrán del odio que su ponzoña vierte, y Satán todo, emperador de las tinieblas, se hunden, caen. Y haces el alba rosa, y pueblas de amor y de virtud las humanas conciencias, riegas todas las artes, brindas todas las ciencias; los castillos de duelo de la maldad derrumbas, abres todos los nidos, cierras todas las tumbas, y sobre los vapores del tenebroso Abismo, pintas la Aurora, el Oriflama de Dios mismo. Helios! Portaestandarte de Dios, padre del Arte, la paz es imposible, mas el amor eterno. Danos siempre el anhelo de la vida, y una chispa sagrada de tu antorcha encendida con que esquivar podamos la entrada del infierno. Que sientan las naciones el volar de tu carro, que hallen los corazones humanos en el brillo de tu carro, esperanza; que del alma Quijote, y el cuerpo Sancho Panza vuele una psique cierta a la verdad del sueño; que hallen las ansias grandes de este vivir pequeño una realización invisible y suprema; Helios! que no nos mate tu llama que nos quema! Gloria hacia ti del corazón de las manzanas, de los cálices blancos de los lirios, y del amor que manas hecho de dulces fuegos y divinos martirios, y del volcán inmenso, y del hueso minúsculo, y del ritmo que pienso, y del ritmo que vibra en el corpúsculo, y del oriente intenso y de la melodía del crepúsculo. Oh ruido divino! Pasa sobre la cruz del palacio que duerme, y sobre el alma inerme de quien no sabe nada. No turbes el destino, oh ruido sonoro! El hombre, la nación, el continente, el mundo, aguardan la virtud de tu carro fecundo, cochero azul que riges los caballos de oro!

Illustration from Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas. Obras Completas Vol. VII
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XIII SPES

JESÚS, incomparable perdonador de injurias, oye; Sembrador de trigo, dame el tierno pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno una gracia lustral de iras y lujurias. Díme que este espantoso horror de la agonía que me obsede, es no más de mi culpa nefanda, que al morir hallaré la luz de un nuevo día y que entonces oiré mi «Levántate y anda!»

Illustration from Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas. Obras Completas Vol. VII
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Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores.

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XIV MARCHA TRIUNFAL

YA viene el cortejo! Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines. La espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines! Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas, la gloria solemne de los estandartes llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra, y los timbaleros que el paso acompasan con ritmos marciales. Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales! Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en un trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; los negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra. Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. Llegó la victoria! Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño:— Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circundan de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera; honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera: Clarines! Laureles! Las nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros:— Las viejas espadas de los granaderos más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros.— Las trompas guerreras resuenan; de voces los aires se llenan... —A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encarnan las glorias pasadas;... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros; al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!....

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