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Ausías March y su época

VIDA Y OBRAS DE AUSÍAS MARCH Y JUICIO DE ÉSTAS

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De pocos ingenios que hayan alcanzado viviendo aún, el renombre del que es objeto de este nuestro estudio, habrá que lamentar más escasez de datos biográficos. Ni los contemporáneos suyos, que le tomaron por guía y modelo como poeta; ni los que después de su muerte le admiraron y reconocieron como maestro; ni los que más tarde, pero en tiempos en que vivían todavía en la memoria de las gentes los recuerdos de los sucesos de su vida, le tradujeron ó le comentaron, nos han dejado más que escasísimos datos acerca de su persona y de sus actos; ni él mismo, cual si creyese que, bastando para inmortalizarle sus poesías, no tenía necesidad para pasar á la posteridad más que de revelar su nombre,

Yo som aquell que 'm dich Ausías March,

se dignó hablar de su persona ni de los hechos de su vida, muy al contrario de lo que acostumbran hacer en nuestros tiempos muchos de los que se dan á sí mismos el nombre de poetas, quienes, atentos en demasía á que las generaciones venideras no ignoren las más insignificantes circunstancias de su existencia, revelan hasta aquellas cosas que, que para honra suya y respeto á la moral, hubieran debido permanecer ocultas. Lo único que en limpio sacamos de la lectura de las melancólicas estancias de Ausías es que, combatido su corazón por dos afectos, como el mar por dos encontrados vientos, acabó por elegir

..... per haber d' amor vida,

aquella en quien cifró todos sus deseos:

Si com la mar se plany greument è crida Com dos forts vents la baten egualment Hu de levant é l' altre de ponent E dura tants fins l' un vent l' ha jaquida Sa forsa grant per lo mes poderos; Dos grans desitjs han combatut ma pensa, Mas lo voler vers un seguir dispensa, Y yo 'l vos publich amar dretament vos; (Canto II de amor.—Aixi com cell.)

aquella que, siendo para él cual lirio entre cardos, fué por él amada como no lo ha sido mujer ninguna por otro hombre, y que habiéndole sido arrebatada por la muerte, la lloró con lágrimas cuya amargura templaba á veces la esperanza, no exenta sin embargo de duda, de que en el cielo, donde esperaba reunirse de nuevo con ella, gozaba más puros y duraderos amores.

Omitimos por impertinente y ya gastada la cuestión del origen, de la familia y de la patria de nuestro poeta. Tenemos al abolengo de los Marchs por de origen catalán; pero opinamos que se estableció, aunque por ventura no en todas sus ramas, en Valencia, donde logró heredamientos que le otorgaron don Jaime en tiempo de la conquista, y más tarde y por especial favor otros condes-reyes de Aragón; y por natural de aquel reino, por más que no podamos fijar el lugar de su nacimiento, á Ausías. ¿Cabe, en efecto, disputar la patria que le vió nacer, á quien por tan evidente manera la revela él mismo en sus obras?

La velletat en valencians mal proba, E no sé com yo fassa obra nova. (Canto VIII de muerte.—Obrir no puch.)

y si hubiese todavía algún catalán que, por exagerado y mal entendido amor patrio, se empeñara en sostener que lo es de aquel poeta Cataluña, le recordaríamos que Serra y Postius (1671-1748), á quien pocos de los que hoy viven podrán igualar en el amor y entusiasmo por las cosas de su tierra, escribió una disertacioncita encaminada á probar que Ausías no fué hijo de Cervera, ni de Barcelona, sinó que era, aunque de abolengo catalán, valenciano de nacimiento.

Declarábamos hace un momento quién fué su padre. Como hijo suyo le nombra Pedro March en el testamento de que dejamos hecho mérito al hablar de este trovador insigne. Mas ¿en qué año, poco más ó menos, vino al mundo? La mayor parte de sus biógrafos[39] fijan su nacimiento en los primeros años del siglo XV, y á este dictamen parece inclinarse el Sr. Ferrer y Bigné, que es de entre los que conocemos el que más noticias ha logrado reunir acerca de nuestro poeta. Sin embargo, atendida la edad avanzada á que debía haber llegado su progenitor, Mossen Pedro, al tiempo de su muerte, ó sea en 1413 ó 1414, ya que, según se desprende del documento que hace poco citamos, debió haber nacido en el primer tercio del siglo anterior, nos inclinamos á creer que más bien debe colocarse el nacimiento de Ausías en los últimos años del siglo XIV que en los principios del XV. Del primer verso de los dos hace poco citados deducen con razón sus biógrafos que llegó hasta la vejez. ¿Mas quién les ha dicho que aquellos versos fueron escritos en los últimos años de su vida, único caso en que, áun exagerando el significado de aquel vocablo, pudiese Ausías ser tenido como viejo, si en realidad hubiese abierto los ojos á la luz en los albores de la XV centuria? Y si aquellos versos fueron escritos en años anteriores, como cabe suponerlo, encontrándose como se encuentran en uno de sus cantos de muerte, ¿no nos veríamos obligados en este caso á adelantar algunos más la fecha de su nacimiento?

No queda duda que Ausías March siguió la carrera de las armas, y hasta se sospechaba por sus biógrafos que había tomado parte en las guerras de Alfonso V para la conquista del reino de Nápoles. De estrenuo caballero se le califica en el título de sus obras; con Apolo, en sus versos, y con Marte en el ejercicio de las armas se le iguala por Gil Polo en su Canto del Turia:

Ya veo al gran varón que celebrado Será con clara fama en toda parte, Que en verso al rojo Apolo está igualado Y en armas está al par del fiero Marte. Ausías March, etc.,

y él mismo en sus rimas hace frecuentes alusiones á la vida del soldado y al arte de la guerra. De haber peleado bajo las banderas de aquel insigne monarca tenemos hoy una prueba, á nuestro parecer irrecusable, en un documento que sale también por vez primera á luz en este nuestro trabajo (Apéndice 3), y es una carta dirigida á aquel rey por sus enviados ó embajadores, como á sí mismos se llaman, según parece, á Valencia, á fin de invitar á los nobles de este reino á tomar parte en su expedición contra Nápoles, en la cual escriben que, «habiendo estado en Gandía, no han encontrado quien se haya ofrecido á servirle, más que Mossen Luís de Aragón y Ausías March.» La carta, como puede verse, no lleva fecha y por lo tanto no es dado señalar desde luégo y con certeza en cuál de las expediciones realizadas por aquel monarca tomó nuestro poeta parte. Sin embargo, el estar firmada en Valencia en 1.º de Julio, la indicación que en ella se hace de que debían hallarse á últimos de dicho mes en aquella ciudad los que se comprometiesen á servir en aquella jornada á su soberano, da lugar á sospechar que la expedición para la cual se invitaba á los nobles valencianos á tomar las armas era la que salió en un buen golpe de naves del puerto de Barcelona el 21 de Agosto 1424, cuyas banderas habían sido solemnemente bendecidas en esta ciudad el 4 de Junio, y en celebridad de cuya expedición tuvieron lugar en la plaza del Borne de Barcelona unas justas reales en que tomó parte, como principal mantenedor del campo, el mismo monarca[40].

Mas si tan sólo por congetura, aunque á nuestro entender asaz fundada, se colige del mencionado documento que Ausías March tomó parte en aquella hazaña, en cambio puede deducirse de él con fundamento que debía ser Gandía la residencia habitual de los March, por ventura desde que el Mossen Pedro fué nombrado para desempeñar el cargo de tesorero del duque de aquel título. En dicha ciudad otorgó, como recordarán nuestros lectores, su testamento el citado Mossen Pedro, y ¿quién sabe si en ella ejercía el hijo, después de la muerte del padre, el mismo cargo que había desempeñado éste en la casa de aquel magnate? Ignoramos si los eruditos valencianos han examinado los archivos civil y eclesiástico de aquella ciudad; pero se nos figura que un paciente y concienzudo examen de los mismos había de revelarnos no pocos de los sucesos hasta aquí ignorados de la vida del estrueno caballero y elegantísimo poeta valenciano.

Plácenos figurarnos á Ausías March asistiendo á las mencionadas justas de Barcelona, embarcarse aquí en la flota real, pelear en Napóles á la sombra de las barras aragonesas, acostumbradas entonces á reflejarse triunfantes y á manera de ondulantes listas de oro y rojo en las plateadas olas del Mediterráneo, y tomar parte y ganar fama de animoso en los gloriosos hechos de armas que terminaron con la conquista de la poderosa ciudad reina del Mediodía de Italia. Mas ¿cuánto tiempo permaneció el trovador soldado en aquel bello país de las artes y de las ciencias y en la corte del ilustrado y generoso monarca, donde por espacio de muchos años hallaron espléndido hospedaje toda clase de cultura y los hombres doctos en todo linaje de humanas disciplinas, y que fué uno de los primeros y más brillantes focos del renacimiento; del monarca egregio y valiente, como ninguno de los de su tiempo y cual pocos de las edades pasadas loado en vida y llorado en muerte por la numerosa pleyáde de poetas que á su lado florecieron, y de quien Ausías, en cuyo pecho no había al parecer lugar sinó para el amor de Teresa y para el dolor después que la hubo perdido, escribió que no temía al ensalzarle pecar por exceso en su alabanza:

Pahor no sent que sobre laus me vença Llohant aquell qui totes lengues llohent,

para celebrar cuyas hazañas le pareció que escaseaban poetas

En gran defals es lo mon de poetes Per embellir los fets dels que be obren,

y al cual, en suma, consagraba uno de sus cantos, no sabemos si escrito en la corte misma del rey ó después de su vuelta de Italia?

¿Su amor á Teresa prendió en su corazón, mal guardado contra sus tiros, por creer que le sería escudo la santidad del día en que fué herido:

Amor, Amor, lo jorn que l' ignocent Per be de tots fou posat en lo pal Vos me ferís, car jo am guardaba mal Pensant qu' el jorn me fora deffenent,

antes de trocar su lira de trovador por la espada de caballero, ó después que depuesta ésta tornó á descolgar de los venerados muros del paterno hogar el viejo instrumento cuyas cuerdas habían vibrado ya bajo las manos de sus progenitores? Ausías se llevó á su sepulcro, tan ignorado como lo fué su cuna, este otro secreto de la historia de sus amores.

Se ha dicho que Ausías fué amigo, en cuanto pueden serlo quienes han nacido en regio tálamo el uno y de noble alcurnia el otro, de Carlos de Viana, y que éste fué grande admirador del inspirado trovador valenciano. Que pudieron existir cordiales relaciones entre el que fué el rey de los poetas de su siglo y el que, no habiendo logrado ninguna de las dos coronas que llevó su padre y á las cuales su nacimiento le daba derecho, mereció ceñir la de cultivador de las letras ó protector de los ingenios de su tiempo, cosa es por todo extremo creible. Mas si realmente existieron, en ninguna de las obras suyas que han llegado hasta nosotros ha tenido á bien revelárnoslo. ¿En dónde y cuándo nació esa amistad, dado caso, que no negamos ni admitimos como un hecho cierto, que hubiese existido? Si en Nápoles, como por lo general se cree, deberíamos suponer un viaje de Ausías, ya anciano, á la corte de Alfonso el Magnánimo, ó á Sicilia, ó á Mallorca, y en cualquiera de esos supuestos debió ser brevísimo el tiempo que pudo gozar del trato personal y de la estimación del docto y desventurado príncipe, pues éste no pasó á aquel reino hasta 1456, y á las dos islas citadas hasta el 1458 y 1459, que era el mismo en que cerraba Ausías los ojos á la luz en su casa de Valencia.

Como la demasiada claridad perjudica al efecto de ciertos cuadros, cuyo principal mérito consiste en la vaguedad de las líneas y en la delicadeza y suavidad de las tintas, por idéntica manera ofende á veces la fama de ciertos personajes históricos, que parecían más bellos y grandes en medio de las penumbras donde se destacaban y al través de la neblina en que parecían como envueltos, la luz sobrado viva que arrojan sobre ellos y sobre sus hechos los documentos históricos. Tal ha sucedido con nuestro poeta. Mientras no le conocíamos más que por sus sentidísimas esparsas, impregnadas de cierto perfume de melancolía cual el que se exhala de los cipreses que rodean un sepulcro, creimos ver al cantor más apasionado, al par que el más cristiano y casto de los amadores, rodeado, como las figuras de las tablas de la escuela del Angélico, de un nimbo esplendoroso y místico; al cantor que había hecho de su corazón una ara y un incensario de su lira; al trovador que no había visto nunca del amor sinó el espíritu donde reside, jamás la corteza, más ó menos bella, donde está éste encerrado; al vate que, salvos tres ó cuatro cantos en que, cediendo acaso á influencias nada sanas, se había permitido decir mal de las mujeres, no había visto á éstas sinó transfiguradas, por decirlo así, en su amada Teresa. Mas hé aquí que una mano escudriñadora saca de entre el polvo de un archivo documentos hasta ahora ignorados, y muéstrase por ellos el hombre con todas las debilidades, con todas las miserias que son patrimonio de nuestra flaca naturaleza, y al proyectarse la sombra de éste sobre la imagen y el nimbo del poeta, que tan bellos y tan brillantes mostrábanse antes á nuestra vista, pierden parte de su hermosura aquélla, parte de su esplendor el segundo.

¿Fué tan casto el amante de Teresa como de sus cantos parece desprenderse haberlo sido? ¿Las lágrimas de dolor con que riega la sepultura de su amada fueron siempre ofrenda digna de aquella á quien las dedicaba? Por el erudito anotador del Canto del Turia sabíamos ya que Ausías había contraido dos veces matrimonio; la primera con doña Isabel Martorell, de quien enviudó antes de 1437, y la segunda con doña Juana Escorna, que murió también antes que él, aunque se ignora en qué año[41]. De ninguna de las dos logró, según parece, sucesión. ¿En qué época de su vida tuvieron, pues, lugar sus amores con Teresa, en la cual, por platónicos que los supongamos, no fuesen ofensa, si no á la santidad del matrimonio, por lo menos al exclusivo cariño que se deben mutuamente los esposos, ó en que éste no perjudicase á la sinceridad de los sentimientos que en sus versos se revela? Sin embargo, no es esto lo que más daño hace al buen nombre de Ausías como amante y como poeta, dado caso que aquellos amores, aunque llorados, al parecer, toda su vida, pudieron ser una pasión de sus juveniles años; sinó sus relaciones ilícitas con otras mujeres, y entre éstas con una antigua esclava suya (olim sclava mia, dice en su testamento), llamada Marta, de las cuales tuvo cuatro hijos bastardos, tres varones, Juan, Pedro y Felipe, y una hembra, Juana[42].

Después de las escasas noticias que hemos logrado reunir del príncipe de nuestros trovadores, nada más sabemos de él, sinó que fué señor de Benierjó, título que parece haberle sido concedido por Alfonso V; que debió tener su residencia habitual y por ventura su casa solariega en Gandía; que figuró en las Cortes de Valencia de 1446, y en suma que murió en esta ciudad, en la parroquia de Santo Tomás, en la cual poseía también dos casas, un sábado, 3 de Marzo de 1459. Hubo de ser enterrado, según ordenó en su testamento, en lo cimenteri de la Seu de Valencia en lo vas ó capella dels March, en lo claustre de la Seu prop lo capítol; «pero los restos de varón tan insigne, dice el señor Ferrer y Bigné, difícilmente podrían ser hoy encontrados para ocupar el lugar que les corresponde en un panteón de hombres célebres.» Para honra de la bella ciudad que baña el Turia sería de desear que sus hijos pusiesen el mayor empeño posible en descubrir las cenizas del gran poeta y de su padre, que deben hallarse confundidas en un mismo sepulcro, y que les levantaran un monumento en la ciudad donde exhaló aquél su último suspiro.

Como otros muchos ingenios castellanos y catalanes de su tiempo y de los siglos siguientes, Ausías supo unir en amistoso maridaje el ejercicio de las armas y de las letras, y añadir al dictado de «gran trovador,» con que le honra Santillana, el de «valeroso y estrenuo caballero» que le ha dado la posteridad. Despréndese de la lectura de sus obras que debió ser muy versado en filosóficas disciplinas y en humanas letras; que hubo de tener frecuente trato con los poetas latinos, y en especial con Ovidio y Virgilio; que le eran familiares los troveros y los trovadores provenzales y catalanes; que conocía á fondo á los poetas italianos, y entre ellos al Dante, á quien recuerda con frecuencia por la severa concisión y adusta rigidez de su frase, y al Petrarca, á quien, como veremos más adelante, imita en varios pasajes de sus cantos.

Al igual que Horacio pudo Ausías, al legar á la posteridad el volumen de sus estancias, exclamar: Exegi monumentum ære perennius. Hemos acompañado hasta su sepulcro á su autor; detengámonos al pié de ese monumento, que al igual que al erigido por el Venusino ha de vencer en duración el bronce, no tan sólo para admirarlo como poetas, sinó para estudiarlo y examinarlo como críticos, en la seguridad de que subirá de punto nuestro entusiasmo por él, como resaltará más la grandeza y hermosura del mismo cuanto más adentro en su examen y estudio penetremos.

En cuatro grupos han distribuido los editores de March, sin duda acomodando su división á la que hallaron establecida en los más antiguos códices, sus diferentes esparsas, á saber: en cantos de amor, morales, uno espiritual y otros de muerte.

Forman los primeros la parte más extensa é importante de sus obras.

No es fácil tarea juzgar las poesías del eximio vate valenciano, ya que, dominando en ellas por igual manera, y casi podríamos añadir que en idéntica medida, la pasión y la razón, el ardor arrebatado del amante y el frío análisis del filósofo, aquél dando calor, éste adelgazando y como envolviendo en nebulosidades metafísicas sus conceptos, con dificultad puede el crítico dar su fallo sobre el valor de sus versos, sin poner su propio corazón en estado de sentir lo que el autor de éstos sentía, sin preparar su inteligencia para disponerla á comprender lo que la suya pensaba. De no hacerlo así córrese grave riesgo de ver en muchos de sus pensamientos, más que las ideas de un alma que, replegada en sí misma, estudia, escudriña y analiza sus propios afectos, las exageraciones y excentricidades de una mente enferma: porque, como dice él mismo de los primores que amor le revela, son

Tals que 'ls sabents no basten á compendre, E quan ho dich de mos dits me desmenten Dant a parer que folles coses parle. Cant XXL.—Fantasiant, etc.

Así, pues, no perdiendo nunca de vista que sus amorosos conceptos fueron

Sens algun art exits d' hom fora seny,

deponga el que pretenda juzgarlos la inflexible regla y el riguroso compás de la común crítica literaria, útiles á los más para poder apreciar los lunares de expresión ó de forma métrica que deslucen alguna que otra vez sus esparsas; tenga principalmente en cuenta que, alejando, al igual de Horacio, al profano vulgo, ó sea á las ignorantes muchedumbres que pasean los ojos indiferentes sobre los versos de los poetas, como los niños sobre las flores de un jardín, tan sólo para gozar un instante de sus perfumes y olvidarlos en seguida, nuestro trovador invitaba únicamente á la lectura de sus cantos á los que estaban tristes ó á los que hubiesen en algún tiempo experimentado los graves deleites de la tristeza;

Qui no es trist de mos dictats no cur, O 'n algun temps que sia trist estat;

ó bien á los que, sintiéndose enfermos de alguna pasión, buscasen en dicha lectura su remedio:

E lo qui es de mals passionat Per ferse trist no cerque loc secur; Lisca mos dits mostrant pensa torbada. Cant I.—Qui no es trist, etc.

Hase comparado Ausías March á Petrarca, y no han sido pocos los que han creido haberle juzgado con añadir al nombre del amante de Laura el epíteto de valenciano. Como es más fácil estimar las personas y las cosas por su valor relativo que por el absoluto: como es por punto general más claro y exacto todo juicio que resulta de la comparación por semejanza ó por contraste de un objeto con otros de igual índole, creemos que han de ganar nuestros lectores con que nos aventuremos á formular el juicio que hagamos acerca del que es considerado como el príncipe de nuestros trovadores, comparándole en algunos de sus aspectos con el que lo fué de los líricos italianos.

Que existen algunas semejanzas entre nuestro poeta y Petrarca es un hecho á todas luces evidente. Que se encuentran en las obras del primero pensamientos y versos que hacen que sin querer se vengan á la memoria otros parecidos del segundo, no hay quien, habiendo recorrido las páginas de uno y otro, lo ignore. Pero que el trovador valenciano, aprovechando la circunstancia casual de haberse enamorado, como el italiano, en una iglesia el Viernes Santo, haya celebrado esta circunstancia por igual manera y con palabras muy parecidas á las de éste[43]; que haya destinado nuestro poeta algunos cantos á llorar la pérdida de su amada, cual consagró aquél multitud de sonetos á la muerte de la suya; y que un observador erudito y diligente versado en la lectura de las obras de ambos ingenios pueda apuntar, como con gran diligencia lo hizo el que fué nuestro amigo, señor Amador de los Ríos, varios versos de March que pueden creerse inspirados por otros del amante de Laura, no son, á nuestro parecer, fundamentos bastantes para sobre ellos establecer la semejanza entre uno y otro ingenio, ni deducir que fué el nuestro imitador del italiano.

Cuando de los pormenores en algunos hechos, puramente fortuitos, relativos á la existencia de uno y otro poeta, y de algunas semejanzas, que pueden ser las más de las veces casuales, que se encuentran en el modo de manifestar idénticos afectos, pasamos á examinar cómo uno y otro sintieron el amor y lo expresaron en sus versos, preséntanse á la vista dos amantes, cada uno de los cuales se ha hecho de aquél un ídolo especial y con diferentes atributos, y dos poetas que lo han expresado por muy distinta manera y venerado con diverso culto.

Se ha calificado de platónico el amor puro, casto y respetuoso de Petrarca á la esposa fiel y cariñosa de Hugo de Sade. El honor de caballero y el respeto á la santidad del matrimonio por su parte, y por parte de su querida sus deberes sagrados de esposa y su dignidad altiva de mujer no le permitían tener otro. ¿Sería profanar los calificativos llamar al de Ausías amor cristiano, ó si se quiere, y hasta cierto punto, amor místico? Hé aquí cómo hablaba de él nuestro poeta:

Fantasiant amor á mi descobre Los grans secrets qu' als pus subtils amaga, E mon jorn clar al homes es nit fosca, E visch d' açó que persones no tastan. Tant en amor l' esperit meu contempla Que par del tot fora del cos se aparte, Car mes desigs no son trobats en home, Si no en tal que la carn punt no 'l torbe.

Y de una manera más clara y expresiva en la siguiente esparsa:

Si com los sants sentints la lum divina La lum del mon conegueren per ficta, E menyspreant la gloria mundana Puig major part de gloria sentien; Tot en aixi tinch en menyspreu e fástig Aquells desigs que complits amor minva, Prenent aquells qui del esperit mouen Qui no 's lassat ans tot jorn multiplica. Cant XXI.—Fantasiant, etc.

Hé aquí por cuán discreta manera, hablando de las diferencias que existen entre el lírico italiano y el valenciano, en quienes tanto como dos hombres distintos cree ver dos muy diversos principios, caracteriza Quadrado á uno y otro. «Petrarca, dice, considera el amor en sus efectos; Ausías en su esencia y origen: el uno, distinguiéndolo con dificultad de su amada, sólo lo considera encarnado en sus gentiles miembros; el otro fija en él sus ojos de águila, sorprendiéndolo cara á cara, sin forma alguna, en toda su abstracción: el nombre de Laura se halla en cada verso de su poeta; Ausías una vez sola nombra á Teresa, y áun se ignoraría que fuera ésta su dama, si no viniera á apoyarlo la tradición: el amor de Petrarca tiene arco, venda y saetas; es todavía el amor de Anacreonte, menos sus miradas lúbricas y lo voluble de sus alas; no es el elemento de vida ó muerte, el sol resplandeciente ó la llama infernal que alternativamente ilumina á nuestro trovador[44].» Tan sólo una vez hace aparecer aquel amor Ausías en sus versos para recordar que tiene flechas de oro, plata y plomo, y que después de haber disparado en otros tiempos todas las de aquel primer metal, se quedó una con que le hirió á él:

En aquell temps que primer d' aquest fou Les fletxes d'or amor totes lançá E desmembrat una s'en aturá Ab que 'm ferí..... Cant LXXII.—O vos mesquins, etc.

En suma, el amor de Petrarca, aunque puro, parece detenerse en las cualidades exteriores de su amada, tal es el placer que halla en describirlas; mientras que el de Ausías sólo aspira á la voluntad

.....qui es en l'arma infinida,

lo cual hace que pueda jactarse de que

.....ço que 'm fa vos amar No m'entra pas solament per la vista;

y decir á su querida,

Vostre esperit es aquell qui 'm conquista;

y exclamar en suma, ponderando acaso con exceso la pureza de su amor:

Si com Sant Pau Deu li sostregué l'arma Del cors per que ves divinals misteris, Car es lo cors del esperit lo carcer, E tant com viu ab ell es en tenebra, Axi amor l'esperit meu arrapa E no hi acull gens maculada pensa, E per ço sent lo delit que no's cansa, Si que ma carn lo ver amor no'm torba. Fantasiant, etc.

De esta diversa manera de comprender y sentir el amor los dos poetas italiano y valenciano ha debido seguirse el diferente modo de describirlo y expresarlo. Abrid por donde queráis las rimas del Petrarca, y encontraréis apenas un soneto en que no os hable de

.....i capei d'oro a l' aura sparsi Che 'n mille dolci nodi gli avolgea;

ó de

il lampeggiar del angelico viso,

ó bien

.....di quei begli occhi (ove) il vago lume oltra misura ardea:

que no os diga una y otra vez que,

Non era l' andar suo cosa mortale, Ma d' angelica forma, e le parole Sonavan altro che pur voce humana:

que no os pondere por exagerado modo el tormento que le causa su velo, más cruel para el que

Nebbia che 'l ciel cobra e 'l mondo bagni,

y que

.....due begli occhi adombra E par che dica: Hor ti consuma et pagni;

ó que no recuerde

.....l'aura..... antica, e i dolci colli,

y las

vedove herbe..... et le torbide acque E il voto e freddo nido in ch' ella giaque;

ó por último en que, confundiendo como en un sér, por la analogía de los vocablos, el laurel (Lauro) y Laura, no ensalce á aquel árbol cual pudiera ensalzar á su propia amada.

¡Si al menos se hubiese contentado con ponderar las cualidades físicas de su ídolo; con cantar hasta las más insignificantes circunstancias y pormenores de la historia de su amor, que duró de quince á veinte años; con recordar los favores que de ella logró, y que fueron, á lo más, hoy una palabra de amistad, otro día una mirada menos severa, el de más allá un movimiento de ternura al separarse de ella! Pero Petrarca, bien así como los artistas griegos que se complacían en levantar los simulacros de sus dioses en el fondo de un solitario y frondoso valle, ó en medio de una fértil y verde llanura limitada por encantadoras perspectivas, ó en lo alto de un promontorio, á fin de que la hermosura y grandiosidad del paisaje diese mayor realce á las de la estatua, por igual manera gózase el amante de Laura en evocar á cada paso, como para mejor describir las perfecciones de ésta, las más bellas imágenes del mundo físico, ó sea las esplendentes auroras, las puestas de sol de mil matices, los ríos que se deslizan suavemente murmurando entre los álamos, los frondosos bosques, los escondidos y misteriosos valles, lugares todos los más á propósito para murmurarse al oido palabras de cariño los enamorados, y cuanto, en una palabra, parecía poder servir de fondo al cuadro de sus amores, ó de expresión ó eco á los suspiros suyos ó de su querida. Fijad, por el contrario, vuestros ojos en cualquiera de las páginas de las obras del trovador valenciano, y de seguro, aunque leáis todos sus versos no lograréis trazar en vuestra fantasía ni siquiera la más vaga imagen de la mujer con tanta pasión por él amada; ni acertaréis á adivinar si era en la ciudad ó en el campo donde la veía y le pintaba el estado de su alma, tranquila y placentera cuando en amoroso éxtasis contemplaba sus perfecciones morales; agitada como mar tempestuoso cuando tenía que echarle en cara ingratitudes ó desdenes.

No sabemos de ningún poeta que más reservado se haya mostrado en alabar la hermosura del objeto de su amor. En una página de sus obras cabrían los versos en que más ó menos indirectamente alude á las cualidades físicas de aquella á quien, sin embargo, llamaba bella ab bon seny, y lir entre carts en muchas de las tornadas de sus cantos.

Hé aquí de cuán distinta manera que Petrarca alaba los ojos, el ademán y la voz de la que ama:

Yo viu uns ulls haver tan gran potença De dar dolor e prometre plaher, Y esmaginant viu sus mi tal poder Que 'n mon castell era esclau de remença. Yo viu un gest é sentí una veu D' un feble cos, e cuydara jurar Qu' un home armat yo 'l fera congoxar Sens romprem pel yo 'm so retut per seu. Cant IV.—Lo viscahí, etc.

En cambio, y en esto se diferencia por todo extremo del amante de Laura, loa repetidísimas veces, ya pondere su amor y celebre esperanzas, ya llore olvidos ó lamente desprecios, el entendimiento de aquella á quien llama con frecuencia plena de seny, como que era esta la cualidad que en ella más estimaba.

Ausías March, que cree que nadie cual él conoce los secretos del amor, y que afirma que éste se eclipsará cuando él muera,

Dels grans secrets puch ser Apocalipsi: Yo defallint Amor fará eclipsi, Cant XCII.—Tot entenent, etc.

pretende y repite en multitud de sus esparsas que nadie en el mundo ha sentido como él, ni cual él ha amado:

Callen aquells qui d' amor han parlat E dels passats delint tots llurs escrits, En mi pensant metenlos en oblits: En mon esguart nengu es namorat;

ya que es de tal índole y tan sin esperanza el dolor que le atormenta, que Dios lo reservó tan sólo para los condenados y para los que mueren sin esperanza:

Per als damnats nostre Deu la (passió) retench, Sols per aquells qui moren sens esper; Cant XLII.—Callen aquells, etc.

y tales son sus tormentos que los que sufren los demás amadores ni le infunden miedo, ni son para él siquiera una amenaza:

Aquells affanys que 'ls amadors acacen E sons comun é quasi manifests, No son en mi, ni de semblans d' aquests, No 'm fan pahor, ni sol mi no menacen.

Por esto cree que sería mejor para él no pensar ó pasar la vida durmiendo:

Plagués á Deu que mon pensar fos mort Y que passás la vida en durment. Cant XXX.—Açi com cell, etc.

ó bien, como dice en otro canto,

Lo mills de mi es com en res no pens; Tot quant yo puch de pensar me defens.

Y es que, según confesión propia, habiendo buscado la vida por el camino de la muerte:

Per lo camí de mort he cercat vida;

le aconteció

Si co 'l malvat que 'n paradis vol cabre E ver l' infern ab cuytat pas camina, Y axi com cell que de mitgjorn les terres Va encercant per vent de tremuntana. Cant LXXXIII.—Per lo camí, etc.

Y en realidad si hemos de juzgar al amante de Teresa por sus obras, por idéntica manera que pocos amadores le igualan en la pureza de su pasión, pocos, ó por ventura ninguno puede comparársele en el ardor de la misma. Y si bien en sus esparsas se advierten apenas, ó encuéntranse muy de tarde en tarde los fogosos arrebatos y las impías imprecaciones de que están llenas las endechas de los poetas de pálido semblante, mustia y afeitada frente, negra y rizada melena de cierto moderno bando, para quienes no había compañía más grata que la de la luna, ni rumores á sus oidos más dulces que el de los cipreses balanceándose al leve soplo de las auras nocturnas, ni más poético placer que ir á maldecir de la vida entre lujosos panteones de mármol, y á cuyos dolores, para que nada les faltase de pomposo y teatral, era de ley que les acompañase la apoteosis del suicidio; en cambio ¿quién trocaría esas románticas tristezas, esos dolores de aparato, por los de nuestro poeta, viviendo siempre á solas con ellos, como el ermitaño con los recuerdos de su vida pasada, como el que en la desgracia se alimenta únicamente de las memorias amargas de las perdidas felicidades, meditando sobre ellos, analizándolos con más minuciosidad y detenimiento que el anatómico el corazón que tiembla y como que palpita aún bajo su escalpelo, y gozándose á veces en contraponerlos, á fin de que sea más acerba la pena y la punzada más aguda, con las ajenas alegrías?

Colguen les gents ab alegria festes, Loant á Deu, entremesclant deports; Plasses, carrers e delitables orts Sien cercals ab recont de grans gestes; E vaja yo los sepulcres cercant Interrogant ánimes infernades. Cant. XXV.—Colguen les gents, etc.

Yo som aquell que 'n lo temps de tempesta Quant les mes gents festejen prop los fochs, E puch haver ab ells los propris jochs Vaig sobre neu descalç ab nua testa. Cant. X.—No 'm pren aixi, etc.

Las esparsas de Ausías son como un largo monólogo de su corazón ó de su mente, cuyos únicos testigos y oyentes son el dolor y el amor, en quienes y para quienes parece que únicamente vive. Ningún poeta ha podido con más razón que él llamar al llanto su amigo y enemiga suya la risa:

Amich de plor é desamich de riure.

«Entrégase á la tristeza, ha dicho Quadrado, como á su señora querida; le da culto en la soledad y jamás la nombra sin que un epíteto de dulzura venga á templar su acíbar; jamás termina un canto sin haber hablado de las lágrimas, de los secretos atractivos del sufrimiento.»

Creemos excusado advertir á los que no hayan leido ú hojeado siquiera las obras del gran trovador, del más original y verdadero de los poetas eróticos, que aquella constante meditación sobre sí mismo, aquel concentrarse siempre y apoyarse, por decirlo así, en una misma idea, debía producir desvanecimientos en su inteligencia y vértigos en su voluntad: debía causar, al igual que al monómamo la idea fija en que vive, al par que la aparición en todos sus escritos de un pensamiento constante y en armonía con el estado permanente de su espíritu, un gran desorden en sentimientos é ideas. Y esto es lo que realmente pasó á nuestro poeta y lo que se revela en todos sus cantos, así en los de amor como en los de muerte; y esto es lo que ha hecho que pudiese decir el señor Milá de algunos de ellos, con su acostumbrada concisión y gráfica manera, «que per eix costat fan de mal llegir[45].» Por este motivo, si bien no es difícil indicar, como lo hemos hecho hasta aquí, los rasgos más salientes y característicos de los versos amorosos del príncipe de nuestros poetas, cual no lo es señalar el tono dominante en cualquiera de las óperas del tierno y melancólico Bellini, si pretendiésemos además dar á conocer los encontrados afectos que nacen de la pasión cuya cadena, como esclavo suyo, arrastra, sería preciso transcribir la mayor parte de sus libros.

Ábrase el de sus esparsas de amor por el Canto XL, y allí se le ve dudando de si le ha de ser más grata la muerte ó ha de encontrar más dulce la vida:

Si com l' hom flach qui l' es forçat triar Ab qual de dos homens forts sa combatre No sab pensar ab qual dega debatre, Espaordit sos comptes no sab far; Ne pren á mi qui lo viure m' espanta E lo morir me será gran despit; Com viure vull la mort prench en delit, Com vull morir la vida tinch per santa. Cant. XL.—Sobres dolor, etc.

Otras veces, desvanecida toda duda, y desesperanzado de hallar consuelo á los males que le aquejan, se arroja en los brazos de la muerte, á la cual, en la más atrevida personificación que haya ideado jamás ningún poeta, presenta saliéndole al encuentro y llamándole con delicioso canto, mientras que la vida, igualmente personificada, le brinda con sus bienes.

Quins tan segurs concells vas encercant, Cor malestruch, enfastijat de viure, Amich de plor e desamich de riure, Com soferras los mals qui son davant. Acuitat donchs á la mort que t'espera E per tos mals te allongues los jorns, Aytant es luny ton delitós sojorns Com vols fugir á la mort falaguera. Braços uberts es exida 'n carrera, Plorant sos ulls per sobres de gran goig: Melodiós cantar de sa veu hoig, Dient: amich, ix de casa 'strangera. En delit prench donarte ma favor Que per null temps home nat l' a sentida, Car yo defuig á tot home que'm crida, Prenent aquell que fuig de ma rigor. Ab ulls plorant é cara de terror, Cabells rompent ab grans hudulaments, La vida 'm vol donar heretaments E d'aquets dons vol que sia senyor. Cridant ab veu horrible y dolorosa Tal com la mort crid' al ben hauirat; Car si l'hom es á mals aparellat La veu de mort li es melodiosa. Cant XXXII.—Quins tan segurs, etc.

Abierto el pecho á la esperanza de que el de su amada no se cerrará á su consuelo, cree otras veces que debe alargarse su vida siquiera porque mientras ésta dure han de durar las alabanzas de aquélla.

Aytant com puch iré vida allargant Perque l'estrem de tots mals es la mort; No'm trob esforç per haverne conort..... etc. La donchs morré com parlá no'm volreu, E tinch per foll qui de mort no's defen: Aquella es darrer dan é turment, No meresch yo que los meus jorns fineu..... etc. Plena de seny, no'm abreujeu lo viure, Car mentre visch vostre lahor s'allarga; E vos lohant no'm trob la boca amarga Ne tard' la má com de vos vull escriure. Cant. XXII.—Tal só com cell, etc.

Perdida otras veces aquella misma esperanza, renuncia á toda consolación y hasta llega á creer que es para él un gran mal que pueda hallar defensa contra la tristeza;

Hont es lo loch hont ma pensa repose? Hont será hom que mon voler contente? Ab escandall jo cerch tot fons e tente E port no trob hont aturar me gose. Lo que d'abans de tot vent me guardava Ara es en mi cruel platja deserta: Vagabunt vaig la casa qui m'es certa; Treball es gran en part hont yo vagava..... Ya res del mon dolor no'm pot defendre; Perdut es ja tot lo goig de mon viure; Á mos amichs de tristor puch escriure, No'm basta temps á poder m' en rependre. Tant la tristor afalaga ma pensa Que tot m'es trist quant puch hoir ne veure, Tant que'm es greu que yo vinga á creure Que á tristor yo puch haver defensa. Cant LVII.—Hont es lo loch, etc.

En suma, y para poner fin á esa breve pintura de la constante y fiera batalla que se dan dentro de su corazón los más opuestos afectos, y que con tanta verdad se halla en sus versos expresada, también alguna que otra vez se escapan de aquel triste corazón que, queriendo huir del dolor, tropieza con un dolor más grande:

Fugint dolor en major dolor munt,

gritos de angustia como aquel en que, recordando al atribulado patriarca de Hus, maldice su existencia:

Malehit lo jorn que'm fou donada vida;

ó este otro en que, creyendo que debía renunciar á toda felicidad, exclamaba:

Malventurós no deu cercar ventura; Creuhar se deu la front com la hi nomenan. Cant XXXIII.—Malventurós, etc.

ó en fin aquella imprecación que, más ya que el ay de un corazón apenado, es el grito de un alma enloquecida por el sufrimiento:

Foch crem ma carn é lo fum per encens Vaja als damnats per condigne perfum; Mon esperit traspás de Lethe 'l flum Perque de res d' aquest mon no pens. Cant LXXIII.—Qual será aquell, etc.

Sin embargo, fuerza es convenir, y en esto se distingue nuestro poeta de los modernos eróticos escépticos, que esos arranques de desesperación son como los involuntarios gritos que hace exhalar al enfermo la vehemencia del dolor, y que se encuentran, como rumores perdidos, en la atmósfera de resignación en que procura anegarse, acordándose siempre que es cristiana su alma, enamorada de otra igualmente cristiana, y que el amor que la profesa ha de sobrevivir á su cuerpo y á los deleites, como á las tristezas de este mundo; idea que si no es bastante poderosa para impedir que salgan fuera sus quejas, por más que su voluntad así lo quiera, es por lo menos bastante dueño de él para mandar al corazón que se conforme al querer de Aquel que todo lo gobierna y ordena:

Clamar no 's deu qui mal cerca si 'l troba; Donchs vos, mon cor, no us senta pus clamar. Vostres gemechs no 's poden comportar, E vostres colps se mostren sus ma roba. Hajau esfors, car lo pijor es mort; Puig á Deu plau, preneuhi paciencia: Ell es aquell qui fa de vos sentencia; Creurer debeu que no us fa ningun tort. Cant LXXVII.—Clamar no 's deu, etc.

Permítasenos al llegar á este punto que, dando por terminada esta parte de nuestro trabajo, pongamos fin á ella con las oportunas reflexiones y elocuentísimas palabras con que concluye el análisis de los cantos de amor el ya citado eminente literato y publicista mallorquín, señor Quadrado, que fué el primero en nuestros tiempos que se ocupó en trazar por discreta manera y superior acierto el juicio crítico de nuestro insigne poeta. «Ignoro, escribe, si al analizar una por una las fibras de aquel corazón, al recorrer los gritos que de él arrancan las más fuertes y encontradas pasiones, y que sin enlace ni comentario apenas acaban de presentarse, asaltará á los lectores la misma reflexión que me ocupa tristemente al transcribirlos. ¡Se comprende bien lo que debía ser una vida concentrada siempre y apoyada en una idea, como el anacoreta en su columna, elevada sobre la tierra sólo lo bastante para producir vértigo y aislamiento! ¡Lo que debía ser aquel vuelo del alma, cerniéndose en los aires y sostenida siempre sobre sus alas, sin nido donde guarecerse, sin otro contacto que el impalpable de la atmósfera en que vivía, sin divisar más que confusamente y á vista de pájaro los intereses y vida de los demás hombres! ¡Lo que debía ser aquel quietismo del dolor, aquella vista íntima abierta y vigilante siempre hacia dentro, cerrada á todo objeto por fuera..... aquel océano de deseos sintiendo siempre su vacío y sin esperanza de llenarlo, en el cual venían á chocarse todos los vientos con súbitas y violentas embestidas!..... ¡Se concibe lo que hubo de ser la vida é historia de aquel hombre! Y no vengan á decirnos los hombres fríos y maduros que los versos no pasan de un honesto entretenimiento, que la poesía no es más que un vestido de gala: no son, no, aquellas ideas de las que reposan con la pluma ó se evaporan fuera del aposento; ni hay en ellas únicamente más ó menos enérgicas declamaciones, imágenes más ó menos ricas; hay allí un curso completo de la ciencia del corazón, el fruto del estudio y observación de una vida entera, y áun ésta aparecerá corta para los que, en vez de detenerse como nosotros, poetas más bien que metafísicos, en apreciar las bellezas literarias y de expresión, sigan á Ausías, tras el hilo de su vasto sistema, por las profundidades del pensamiento[46]».

Si bien en las ediciones de Ausías tienen el último lugar los cantos de muerte, hemos creido, alterando el orden establecido, deber ocuparnos en aquéllos después de hacerlo en los de amor, porque los consideramos como la lógica y natural continuación de los mismos; porque son como el desenlace de un drama de amores que, habiendo empezado bajo la oscura bóveda de un templo en los días en que recuerda la Iglesia las divinas tristezas de Ghetsemaní y los acerbísimos dolores del Calvario, termina en una tumba detrás de la cual el amor se transfigura en la muerte que da vida eterna, y el dolor en esperanzas del paraíso.

Después de haberla amado como no había poeta alguno amado á su dama, la flor terrestre, aquel lirio entre cardos, en cuya contemplacion estática, pero no exenta de amarguras, había nuestro trovador vivido, fué, convertida en perfumes, á exhalarse ante el trono del Bien eterno. Los dedos de Ausías no hacen más que cambiar de cuerda en su melancólica lira, y, ¡cosa extraña, si no la explicara la fe que ardía viva en su alma! los sones que de ella arranca no son tan tristes, por más que sean también muy dolorosos, como los que sacaban de la cuerda en que lloraba las penas del amor. Pronto nos dirá él mismo lo que adivinará cualquiera que sepa en qué parte del sér querido había puesto su afecto, y qué es lo que pensaba acerca de los futuros destinos de los espíritus.

El primer afecto que experimenta al recordar que

Aquelles mans que jamés perdonaren Han ja romput lo fil tenint la vida

de la que fué su querida; al ver á su alma envuelta como en un manto de dolor, y al pensar cómo es ida para no volver aquella á quien amó cual aman los santos:

En sa dolor m' arma es envolcada... · · · · · · · · · · · · · · · · · Com sens tornar la qu' am es anada;

cuando recuerda que se han interrumpido para siempre los amorosos coloquios, y separado para no juntarse nunca más dos voluntades antes unidas,

Quant imagin les voluntats unides Y 'l conversar separats pera sempre;

y ve flotar sus pensamientos á impulsos de sus voluntades (perdónennos los metafísicos el plural), como van y vienen las nubes en alas de los vientos;

Mes voluntats mes pensaments aporten Avall y amunt si com los núvols l' ayre;

por más que contemple el espíritu de su amada libre del barro que lo envolvía, con igual deleite que experimenta el devoto en el templo;

Son esperit sens lo cors jo contemple, Tant delit sent com l' hom devot al temple;

por más que no tema la muerte, y sí sólo que le falte el cielo, y ponga igual rostro al próspero como al adverso caso:

La Mort no tem que lo mon damnifica, Sino que tem que 'l cel me desfallesca. Tot cas jo mir ab una egual cara;

y que sea su amor como el horno que purifica el metal y convierte lo demás en humo;

Tot ver amich á son ver amich ama De tal amor que Mort no la menyscaba: Ans el fornal qu' apura l' or y acaba Dexant l' or fi, els als en fum derrama; Cant de mort I.—Aquelles mans, etc.

no puede asegurar, sin embargo, que no encuentre su espíritu desierto de todo deleite, y no se espante él mismo de verse vivo, llegando hasta figurarse que su fantasía le engaña al representársela muerta:

Yo no puch dir que no sia desert De tot delit quant morta la imagin; De mi mateix m' espant com no 'm afin; Pensant sa mort empar que no 'n so cert.... Cant III.—Qui será aquell, etc.

Mas ya que no puede dudar que realmente la perdió para siempre, ruega á Dios, como especial merced, que le acoja donde está ella, y puesto que con una sola herida llagaron sus dos corazones el Amor y la Muerte, una ésta lo que ella separó.

A Deu mercé mes no se de que 't pregue Si no que mi en lo seu loch aculles: No tardes molt que d' elle á mi no vulles Puig l' esperit hont es lo seu aplegue. E lo meu cors ans que la vida fine Sobre lo seu abraçat vull que jaga; Amor é Mort ferils de una plaga; Separals Mort, dret es qu' ella 'ls vehine. Cant I.—Aquelles mans, etc.

Y es que, si bien el amor de Ausías no es de los que acaban, sinó antes bien de los que crecen con la pérdida de la persona querida,

Amor se pert entre gens per absença E per la Mort la mi' Amor no fina: Ans molt més am á vos en mort qu' en vida. · · · · · · · · · · · · · · · · · D' aquella que la mort al mon l' a tolta Honest voler en mi roman sens mescla;

la fantasía le trae á veces el recuerdo del tiempo y de los lugares donde experimentó tristezas ó gozó alegrías, y con él el dolor que acompaña siempre las pasadas memorias, siquiera sean melancólicas;

Si res jo veig d' ella dolor me dona, E si'm defuig par que d'ella m' aparte: Lo temps e 'l loch ab lo dit la 'm senyalen Segons en ells dolors é delits foren; Cant IV.—Puig me trob sol, etc.

ó le representa la imagen de sus últimos instantes,

Quant l'esperit del cors li viu partir E li doni lo derrer besar fret; Cant V.—Que val delit, etc.

ó le murmura al oido las tristes palabras que le dijo antes de su partida:

Dient plorant, no vullau mi leixar: Hajau dolor de la dolor de mí;

y en tales momentos, ¡cómo no sentirse hombre! ¡Cómo no admirarse de que su corazón no hubiese estallado de pena!

O cor malvat del qui 's veu en tal pas, Com pecejat é sens sanch no roman?

¡Cómo no soltar la voz al dolor y arrancar á la lira, cuando se presentan á la fantasía tan tristes recuerdos, y llaman á la puerta del corazón tan acerbos pesares, versos como éstos:

Car tant com puch jo'm dolch e dolre 'm vull, E com no'm dolch assats pas desplaher, Car jo desitg que perdés tot plaher, E que jamés cessás plorar mon ull! Cant VI.—Si per null temps, etc.

Pero Ausías March era un gran poeta y como tal capaz de sentir, con más fuerza que los corazones vulgares, los grandes dolores, á la manera que lo es el Océano de ser sacudido y turbado hasta en sus más hondos senos por tempestades, que apenas podrían desplegarse en toda su imponente majestad en pequeños mares: Ausías March era también un gran cristiano, y por lo mismo, no tanto era el dolor de la separación de los cuerpos el que más tormento le daba, como la duda de si debía ó no ser eterna la de sus espíritus. Nuestro trovador tenía bastante temple de alma como hombre, y como cristiano fe sobrada, para despreciar esos amores teatrales que sólo se exhiben ante testigos y buscan para desahogarse lugares sombríos, pero dispuestos á manera de decoración escénica, si en su tiempo hubiesen estado de moda, como lo estuvieron en los nuestros; y para saber que todo acaba para los cuerpos con la muerte, hasta el día en que sean llamados á gozar ó á sufrir con las almas, según contribuyeron á su salvación ó á su condenación eterna. Él sabe que los difuntos no piensan en los vivos, y que por lo tanto no agradecen los dolores que éstos sufren;

Quant pens dels morts que res del vius no pensen E los dolors que pas sens grat se perden: Cant I.—Aquelles mans, etc.

sabe también que los muertos no vuelven al mundo;

Si be los morts en lo mon no retornen,

y por esto no piensa en ir al sepulcro donde yace su amada, ni para esparcir flores sobre ella como pagano, ni para llorar sobre sus restos cual mujer de corazón flaco.

Ni le preocupa si el cuerpo del que fué su ídolo es pasto de gusanos, ni si los transeuntes huellan indiferentes la losa que cubre sus cenizas: el único pensamiento que le aflige, la única espina que la muerte, al arrebatarle su amiga, ha dejado clavada en su corazón, es saber en qué compañía se encuentra en la otra vida, ó como dice él mismo:

Quins esperits á tu de prop te son.

Para averiguarlo se dirige al de su amada, diciéndole:

Tu, esperit, si res no te'n deffen Romp lo costum que dels morts es comú: Torna en lo mon é mostram qu' es de tu; Lo teu esguart no'm donará espaven: Cant VII.—Lo gran dolor, etc.

y como no tiene, cual Dante respecto de Beatriz, la seguridad de encontrarla, para vivir amándola eternamente, en los celestes prados donde sestea el divino Esposo de las almas, se estremece al pensar que pueda por culpa suya estar en el infierno ó en el purgatorio, y ruega á la Virgen que, no tomando en cuenta de dónde vienen las oraciones que le dirige, no sean en daño de ella sus pecados;

Mare de Deu, si es en purgatori Son esperit per no purgats delits, A ton Fill prech no guard los prechs d'hon venen, Mes llá hon van mos peccats no li noguen. Cant IV.—Puig me trob sol, etc.

Por lo demás tan poco egoista y carnal es su pasión, á diferencia de la de los amadores vulgares, que si pudiese echar de sí aquella duda, que es su tormento; si de cierto supiera que estuviese su amada gozando de la compañía de los bienaventurados, ya no sentiría que hubiese sido herida por los dardos de la muerte:

E si cert fos qu'entre los sants fos mesa, Non volgra jo que de Mort fos defesa. Cant I.—Aquelles mans, etc.

La duda, sin embargo, subsistía. Aquel nuevo Job, que con perderlo todo, al perder lo que era su único supremo bien aquí bajo, no había podido siquiera guardar dentro de su alma la esperanza de hallar en otro mundo mejor el espíritu á quien en vida había unido el suyo; aquel nuevo Job que, como el patriarca árabe, en un momento de desesperación había maldecido también su existencia, debía como aquél llevar hasta el heroismo su resignación: y hé aquí que en medio de los males que se desploman sobre su corazón, anegándole en amarguras, á manera de las olas que, cayendo sobre ella, cubren de salobres espumas la combatida roca que irgue su cabeza en solitaria playa, impone silencio á aquél recordándole que

.....Tot es bó puig es obra de Deu.

«Admirable, sublime Ausías, exclama al llegar á este punto nuestro amigo Quadrado; después de oir de tu boca este verso, ¿qué más pudiéramos añadir acerca de tí ni como hombre ni como poeta?»

Habiéndonos detenido tanto, menos sin embargo de lo que hubiéramos deseado, en los cantos de Amor y de Muerte, difícilmente podríamos, sin caer en repeticiones y pecar por difusos, extendernos en los Morales y en el Espiritual, escritos por ventura por nuestro trovador para buscar en la filosofía cristiana y en el amor divino un bálsamo á las penas que tan hondamente le afligían. En ellos, sin dejar de mostrarse elegante y á momentos sublime poeta, aparece menos la fecundidad de su ingenio, por efecto sin duda del tono didáctico que con frecuencia en los mismos domina, y de que la materia se presta más á las severas bellezas de la razón que á las brillantes galas de la fantasía. Como árbol que tiene echadas sus raíces en el campo de la ética cristiana, produce más frutos que flores, ó únicamente se reviste de éstas en cuanto sirven para atraer hacia los primeros las voluntades y á excitarlas á alimentarse de ellos.

Es excusado decir que la moral de Ausías es elevada y no menos que su pasión pura. «Fundando, dice el crítico á quien acabamos de citar, la dignidad del hombre en su perfeccionamiento incesante, su felicidad y grandeza en el cumplimiento de su fin, levanta sobre estos pilares su noble cuanto sólido edificio.» Aplicando continuamente tan fecundo principio, no reconoce en el hombre otra libertad que la que conserva respecto de sus mismos deseos, otra paz que conciliar su voluntad con su deber, otra sabiduría que la de mejorarse y atender á su fin, ni otro privilegio en el sabio que el de su inmensa responsabilidad sobre los que no conocen sinó los goces y tareas materiales; no considera otro bien en la nobleza y opulencia que el de servir de instrumentos para el bien, otra ceguedad en la fortuna que la ceguedad de nuestras pasiones, que piden á sus favores lo que ellas no alcanzan á dar, otra ocasión de valor que la de morir por un gran bien ó en provecho de muchos, otra mayor cobardía que la del suicida, que escapa de los males, como el bisoño ante el enemigo..... Moralista austero, desearía establecer una severa censura que arrancase la máscara á los hipócritas, que los castigase en la opinión misma á que aspiran por recompensa, que desterrase esa moral cómoda, ficticia, de pomposa apariencia, estéril en virtudes y en frutos de verdad, sin los cuales

«L' hom qui n' es menys es arbre menys de fruit; Oms en bell ort son los homens del mon.» Cant moral XI.—Lo tot es poch, etc.

Como todos los hombres que, reconociéndose superiores á los espíritus comunes que les rodean, creen que el mundo, á la manera de un campo cansado de dar frutos, no puede producir ya más que generaciones de mente flaca y enteco corazón en cuerpo raquítico, y vuelven por lo tanto la vista á los tiempos que fueron, que tienen por mejores que los en que ellos viven, Ausías deseaba haber nacido cien ó más años atrás, porque creía que las generaciones presentes eran peores que las pasadas:

Volgra ser nat cent anys ó pus atrás Perqué som cert, que 's pijorat lo mon. Cant moral VI.—Volgra ser nat, etc.

Imagínase que

Bondat, virtut han perduda sa rassa, Cossos humans han molt disminuit: Deu es per nos mal honrat é servit E ja la mort pus estret nos abrassa;

y deduce de ello que

Foll es aquell que no imaginava Que fallirem, puig fall ço per que som, Si com decau la rama é lo pom Si la rahel del arbre hom tallava. Cant moral V.—Yo crit lo bé, etc.

¡Qué extraño, pues, que al presentarse ante sus ojos el triste cuadro de enfermedades morales que ofrecía la sociedad de su tiempo, y no viendo remedio á ellos en lo humano, rompiese indignado en este enérgico y doloroso apóstrofe!

Yo 'sguart lo cel é no veig venir flames Per abrasar la sodomita secta. Hon es lo temps que tu prenias venja De tots aquells que natura greujaven? Mire lo cel quant plourá la justicia Que 'n temps passat entre nos habitava, E no veig res que d' aquest loch devalle; En té roman tot quant de tu s' espera. O senyor Deu, e quant será que 't mostres? Ja tarda molt com del mal hom no 't venges. Yo so ben cert qu' aprés la mort l' esperes, Mes en lo mon be 'm sembla que 't mostrasses. Vulles haver pietat del teu poble; Puneix aquells sehents alts en cadira Qui del Anyell volen la carn e lana E son contents que feres lo devoren. Cant moral X.—Qui de per si, etc.

¡Qué extraño que al ver tan extendida la corrupción de costumbres, hasta el punto de que no haya quien tenga derecho de censurar á los demás, crea que si hay alguno que sea excepción á lo que los otros practican, éste no rompa la regla general, de la misma manera que

Un oronel l'estiu no denuncia!

Permítasenos que además de estas citas, y á fin de que nuestros lectores puedan formarse un más cabal y exacto concepto del carácter y del tono que reinan en los cantos en que nos ocupamos, transcribamos algunas estancias de aquel en que trata de la fuerza de la voluntad y del menosprecio de la muerte, que, con ser de los más cortos, es sin disputa, á juicio de nuestro amigo el Sr. Milá, uno de los más notables de esta parte de sus obras:

Por de pijor á molts fa pendre mort Per'esquivar mal esdevenidor, Si bé la mort resembla cas pijor, Cell qui la pren la té per bona sort: E de'açó Cató mostra camí E li mes nom us de la libertat, Car de tots als pot esser l'hom forçat Sino en morir qu'es en nostre juhi. Algú la pren e reb nom de mesquí Fugint perill qui l'es devant posat; Altre será de cor nobl' animat Que vol morir per la valor de sí. Venint en mans d'enemich seu potent Sobrat lo cors guerrej' ab lo voler; De vencedor encara 's veu poder Vol perdre 'l cors per l'esperit vencent... · · · · · · · · · · · · · · · · · Alguns passats que voluntat iniqua Los feu morir ó l'opinió vana, Aquets no llou, mes les de pensa sana Volent morir per fer llur arma rica. Perdent un poch per l' infinit atendre, Guanyant lo goig qu' al Fill de Deu acosta; Gran es lo bé segons aquesta costa Que per la mort de tal hom s' hagues vendre. Cant VII.—Por de pijor, etc.

Renunciamos á analizar el canto espiritual. Pretender hacerlo valdría tanto, á nuestro modo de ver, como querer contar los granos de incienso que entraran á formar parte de cada uno de los tenues retazos de vapor de que se compone la ligera nube que sale de un incensario, y analizar el perfume que de ella se exhala. No sabríamos cómo dar una idea aproximada de él, sinó comparándolo con la guirnalda de escogidas flores con que ciñe la devoción la imagen de un santo. Por la energía y grandeza de sus conceptos, por el sabor verdaderamente religioso y hasta místico, que en él reina á trechos y por la espontaneidad de la expresión, más feliz por ventura que en ningún otro de los cantos en estramps que tiene nuestro poeta, consideramos el espiritual como su obra más bella é inspirada. Hé aquí algunas de sus más notables estancias:

Puig que sens tu algú á tu no basta Dónam la má ó pels cabells me lleva, Sino estench la mia vers la tua Quasi forçat á tu mateix me tira. Yo vull anar envers tu al encontre: No sé perqué no faç lo que volría, E no sé qué aquest voler empacha Puig yo so cert haver voluntat franca. Llevar mi vull e prou no mi esforçe; Çó fá lo pes de mas terribles colpes; Ans que la mort lo procés á mi cloga Placia't Deu, puig teu vull ser, que'm vullas. Fer que ta sanch mon cor dur amollexca, De semblant mal guarí ella molts altres; Ya lo tardar ta ira 'm denuncia; Ta pietat no trob en mi que obre. No te repós qui en altra fi guarda Car en res als lo voler no reposa; Çó fent cascú, é no hi cal subtilesa, Que fora tu lo voler no s' atura. Si com los rius á la mar tots acorren, Aixis les fins totes en tu se'n entren; Puig te conech esforçam que yo t'ame; Vença l'amor á la port que yo't porte. Qual será 'l jorn que la mort yo no tema E será quant de t'amor yo m' inflame, E no 's pot fer sens menyspreu de la vida, E que per tu aquella jo menysprehe. Llá donchs serán jus mi totes les coses Que de present me veig sobre los muscles: Lo qui no tem del fer leó les ungles Molt menys tembrá lo fibló de la vespa. O quant será que regaré les galtes D'aigua de plor ab les llágrimes dolses: Contrició es la font d'hont emanen, Aquell es clau que 'l cel tancat nos obre. D'atricció parteixen les amargues Perqué en temor més qu'en amor se funden, Mas tals quals son d'aquestes m'abunda, Puig son camí é via per les altres. Cant espiritual.

Después de lo que llevamos dicho de Ausías como hombre y como poeta; después de los muchos versos suyos que hemos transcrito, ¿qué podríamos añadir acerca de las cualidades artísticas de que estaba aquél tan ricamente dotado, y que tan bella y ostensiblemente se revelan en éstos? El señor Milá, á quien nadie acusará de que se deje llevar en sus juicios críticos ni por entusiasmos ni por antipatías convencionales, ni por las corrientes de las modas,—que las hay por desgracia en los gustos y en las teorías estéticas, como en los trajes;—el señor Milá, que califica á March de notable personalidad poética, dice de él «que le singulariza el especial acento de verdad que se manifiesta en sus obras, las cuales nos revelan con viveza grande y sin fingimiento cuanto él sentía, fuese bueno ó malo... Era, añade, muy hijo de su tiempo, pero á la manera que serlo suelen los grandes hombres, es á saber, como norma y excepción del mismo. No es un poeta completo, pero sí grande, y pocos habrá de quienes puedan recordarse pasajes tan bellos y tan elevados conceptos. Sobresaliente en la parte intelectual y afectiva, fáltale únicamente,—nosotros nos atreveríamos á limitar algún tanto lo demasiado absoluto de este juicio,—la fantasía inventiva, que convierte en un nuevo sér poético cada objeto representado ó cada situación del ánimo, sin que deje por esto de acercarse mucho á aquella soberana perfección que únicamente alcanzan del todo la natural inspiración ó el arte más exquisito. Ni mengua su valor el que como obra poética deje algo que desear la suya, ya que cuando hace que se exhalen ciertas voces de lo íntimo de su corazón, no le es dado entonces al lector acordarse de nada más y queda como preso y esclavo suyo.»

No se le escapa al señor Milá el defecto de la oscuridad que en sus versos se nota, y que fué considerado como primor de no escaso valer por sus antiguos admiradores; «oscuridad que procede en parte, dice, de que quería adelgazar demasiado la materia, pensar por sí mismo, y decir lo que otros no habían sentido ni expresado;» y en parte, añadiremos nosotros, además de lo arcaico del lenguaje, de lo violento y desusado de sus giros, efecto de la dificultad que al parecer experimentaba á veces en encerrar el concepto en el estrecho molde de su estilo, por demás conciso y epigramático, y en la forma harto difícil de sus estancias. Y esa oscuridad es, á nuestro juicio, la principal causa de que no sea hoy Ausías tan leido y estimado como merece serlo. Sin embargo, cuando se ha logrado rasgar el velo que por las indicadas causas envuelve á veces con sus pliegues algunos de sus versos, entonces aparece tal cual es, ó sea verdadero poeta, y el trabajo que se ha empleado en desenmarañar el sentido de su frase queda con creces compensado con el placer que se experimenta al comprenderle.

Mucho dudamos que pueda hallarse un poeta más subjetivo; un poeta que, siendo menos plástico, haya sido no obstante más que él aficionado á convertir sus ideas en imágenes, y por lo tanto á personificaciones y semejanzas. ¿Sería que se sintiese como obligado, más que otros, á acudir á ellas por la necesidad de explicar sus conceptos, por lo común abstractos y de suyo oscuros? Así lo creemos. Mas ora fuese éste el motivo, ora efecto de riqueza de imaginación, ello es que sus estancias están como matizadas de comparaciones, unas veces, y son las menos, sacadas de los objetos de la naturaleza, y otras, y con más frecuencia, de las ocupaciones y de los mismos afectos humanos, cual si creyese,—como discretamente observa el señor Quadrado,—que sólo el hombre puede explicar al hombre. Fácil nos sería formar un escogido y primoroso ramillete de ellas con trasladar aquí algunas de las que se encuentran esparcidas en sus cantos; mas creemos que con las que se leen en los fragmentos citados las tendrán nuestros lectores de sobras para apreciar la índole y riqueza de las mismas, á las cuales dan, á nuestro modo de ver, más realce y mayor energía la manera especial y casi siempre idéntica de expresarlas. Dejemos á los descontentadizos y severos Aristarcos, que para andar á caza de defectos pasan no pocas veces distraídos ó mal humorados por delante de grandes bellezas, la poco grata tarea de ir apuntando uno á uno los lunares que afean de vez en cuando las obras de nuestro gran trovador, acá sorprendiendo un verso duro y poco armonioso; señalando más allá alguna estancia prosaica; en un punto notando un giro violento y que no disculpa la libertad de la hipérbaton, en otros indicando algunas rimas imperfectas y poco variadas. Nosotros preferimos gozar en la blancura del lirio y en la fragancia del clavel, más que detenernos en señalar el grano de sucio polvo que habrá arrojado sobre ellos al pasar el viento. No todos los corazones son capaces de comprender, ni todas las inteligencias de apreciar las bellezas de sentimiento ó de concepto que derrama el artista en su obra, y es deber del crítico hacerlas resaltar para que sean más estimadas, por igual modo que el inteligente en pinturas pone á buena luz los cuadros de los grandes maestros para que brillen más y mejor se pueda gozar de sus primores. Bastan para descubrir los lunares de forma que puedan afear una obra del humano ingenio la vista menos ejercitada y una mente no educada en las enseñanzas estéticas; para poder juzgar con acierto á poetas como Ausías March, lo hemos dicho antes de ahora, es preciso ser capaz de sentir lo que habían ellos sentido y comprender lo que habían pensado.

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