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Vidas Ejemplares

Note 88 — TESTAMENTO DE HEILIGENSTADT[86]

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A propósito de esta queja dolorosa, quiero hacer una observación, que creo no ha sido hecha antes nunca. Se sabe que, al final del segundo trozo de la Sinfonía pastoral, la orquesta hace escuchar el canto del ruiseñor, del cuco y de la codorniz; y puede decirse, además, que casi toda la sinfonía está tejida de cantos y de murmullos de la naturaleza. Los tratadistas de estética han discutido mucho acerca de la cuestión de saber si se debía o no aprobar estos ensayos de música imitativa. Ninguno de ellos advirtió que Beethoven no imitaba nada, puesto que nada oía: creaba en su espíritu un mundo que había muerto para él. Y esto es lo que hace más conmovedora esa evocación de los pájaros, puesto que el único modo que le quedaba de escucharlos era haciéndolos cantar dentro de sí mismo.

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