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Vidas Ejemplares

Note 39 — PREFACIO

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“Beethoven, decía Goethe a Zelter, es desgraciadamente una personalidad indomable; sin duda no se equivoca al hallar el mundo detestable; pero no es el medio de hacerlo agradable para él y para los demás. Es preciso excusarlo y compadecerlo, porque es sordo”. No hizo nada contra Beethoven después, pero tampoco nada en su favor, y guardó completo silencio sobre su obra y hasta sobre su nombre. En el fondo lo admiraba, pero temía su música, que le producía turbación; tenía miedo de que le hiciera perder la paz de su alma, que había conquistado a precio de tantas penas y que, contra la opinión corriente, nada tenía de natural. Una carta del joven Félix Mendelssohn, que pasó por Weimar en 1830, descubre inocentemente las profundidades de esta alma turbada y apasionada (leidenschaftlicher Sturm und Verworrenheit como Goethe mismo decía, que una inteligencia vigorosa dominaba).

“...Desde luego, escribía Mendelssohn, no quería hablar de Beethoven; pero le fué preciso pasar por ello y escuchar el primer trozo de la Sinfonía en do menor, que lo emocionó de modo extraño. Quería ocultar su emoción y se contentó con decirle: ‘Esto no conmueve y no hace más que sorprender’. Al cabo de algún tiempo, añadió: ‘Es grandioso, insensato; se diría que la casa va a derrumbarse’. Llegó la hora de comer, y durante la comida permaneció pensativo hasta el momento en que, volviendo de nuevo a Beethoven, se puso a interrogarme, a examinarme. Vi bien el efecto que le había producido...”. (Sobre las relaciones de Goethe y de Beethoven, véanse diversos artículos de Frimmel).

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