Note 128 — MIGUEL ÁNGEL
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Por ejemplo, aceptó el encargo del Cristo de la Minerva en 1514, y en 1518 exclamaba desolado por no haber podido ni empezar: “muero de dolor... me parece que soy un ladrón”. Lo mismo por lo que se refiere a la Capilla Piccolomini, de Siena, para la cual había firmado un contrato, en 1501, estipulando que entregaría la obra en tres años. Sesenta años más tarde, en 1561, todavía se atormentaba por el compromiso no cumplido.