Note 475 — III SOLEDAD
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En 1548, disuadiendo a su sobrino Lionardo de hacer una peregrinación a Loreto, le aconsejaba gastar más bien el dinero en limosnas, “porque si llevas tu dinero a los sacerdotes, ¡Dios sabe lo que harán!” (Abril 7 de 1548). Sebastián del Piombo iba a pintar un monje en San Pedro in Montorio; Miguel Ángel piensa que aquel monje echará todo a perder y dice: “Los monjes han perdido al mundo que es muy grande; no sería sorprendente que perdieran una capillita”. En la época en que Miguel Ángel trataba de casar a su sobrino, fué a verlo una devota, le dijo un sermón, lo exhortó a la piedad y le ofreció para Lionardo una muchacha piadosa y de buenos principios. “Yo le respondí, escribe Miguel Ángel, que haría mejor ocupándose de tejer y de hilar, que rondando así alrededor de la gente, comerciando con las cosas santas”. (Cartas, julio 19 de 1549).
Escribió poesías ásperas de un sentimiento savonarolista contra los sacrilegios y las simonías de Roma. Por ejemplo, el soneto:
Qua si fa elmj di chalicj e spade, E’l sangue di Christo si vend’a giumelle...
“Ahí se hacen con los cálices espadas y yelmos, y la sangre de Cristo se vende a dos manos...”.
(Poesías, X, por el año de 1512).