Note 466 — III SOLEDAD
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Vasari, observando que no usaba cera, sino candelas de sebo de cabra, le mandó cuarenta libras. El servidor de Miguel Ángel se las llevó, pero Miguel Ángel rehusó aceptarlas. El servidor dijo: “Amo, tengo los brazos deshechos por haberlas traído y no quisiera volvérmelas a llevar. Si no las queréis, voy a plantarlas en el lodazal seco que está frente a la casa y las encenderé todas”. Entonces Miguel Ángel replicó: “Déjalas pues allí, porque no quiero que hagas locuras ante mi puerta”. (Vasari).