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Tradiciones peruanas

Note 2 — EL JUSTICIA MAYOR DE LAYCACOTA

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Sobre este argumento, el cura de Tinta don Antonio Valdés escribió por los años de 1780 un drama en lengua quechua, el cual se representó en presencia del rebelde Inca Tupac-Amaru.

Tschudi, Markham, Nadal, Barrancas y muchos americanistas se empeñaron en sostener que el drama Ollanta había sido compuesto en los tiempos incásicos, y que era, por consiguiente, un monumento literario anterior a la conquista. Traducido en verso por un poeta peruano, Constantino Carrasco, publicó el autor de estas Tradiciones un ligero juicio crítico, en el que se atrevió a apuntar (alegando muy al correr de la pluma varias razones en apoyo de su opinión) que el Ollanta era ni más ni menos que comedia española, de las de capa y espada, escrita en voces quechuas: y que, aunque lo diga Garcilaso, que no pocos embustes estampó en los Comentarios reales, los antiguos peruanos estuvieron muy lejos de cultivar la literatura dramática. Tanto osamos escribir, y se nos vino la casa a cuestas... Hasta de mal patriota nos acusó un quechuista; y un señor Pacheco Zegarra, entre otros cultos piropos, nos llamó ignorante y charlatán. Con razones de ese fuste nos dimos por convencidos de que habíamos estampado un disparate de a folio. Pero en 1881, el literato argentino don Bartolomé Mitre, en un serio y extenso estudio, con gran acopio de pruebas y con sesuda argumentación, puso en transparencia la filiación, genuinamente española, del drama Ollanta en su forma, en su fondo y hasta en sus elementos lingüísticos.

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