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Romancero selecto del Cid

Note 5 — PRÓLOGO

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No pretendemos que los nombrados son los únicos romances artísticos de mérito entre los del Cid. Aun en los que lo tienen en grado inferior, suele haber rasgos notables; por ejemplo el 64: Partíos ende los moros ofrece el siguiente, hablando de las arcas entregadas á los judíos Raquel y Vidas:

Que aunque cuidan que es arena lo que en los cofres está, quedó soterrado en ellos el oro de mi verdad:

rasgo que, si mal no recordamos, atribuyó Dozy á un depurado idealismo moderno y al ingenio del poeta francés Delavigne, que lo adoptó en su drama titulado Les filles du Cid.—No hemos nombrado entre los mejores romances el 75: Tirad, fidalgos, tirad, á pesar de ser obra de Lope de Vega y de no carecer de ingenio, ni incluido siquiera en la colección el celebrado Al arma, al arma sonaban, que lleva el n.º 745 en el Romancero de Durán, cuyo estribillo

Rey de mi alma y d’ esta tierra conde ¿Por qué me dejas? ¿Dónde vas? ¿Adónde?

pareció al ya citado Dozy digno de un mal libretto de ópera; así como se nos antoja que lo tuvo presente Cervantes al poner en boca de Altisidora:

Cruel Viriato, fugitivo Eneas, Barrabás te acompañe, allá te avengas.

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