Note 14 — CAPÍTULO IV
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Si los celos internacionales lo consintieran, fuera mucho más sencillo y práctico convenir en el empleo de una lengua viva, el francés, por ejemplo, como idioma científico. A los entusiastas del esperanto cabría preguntarles: Cuando viajéis por Francia, ¿os resignaréis a no hablar francés?
(Conforme era de presumir, hoy —1920— el flamante volapück ha sido definitivamente olvidado. Presagiamos que le ocurrirá lo mismo al esperanto.)