Note 65 — IX. (continued 2)
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Cuando regía la Constitución, y estaba Riego en el punto más alto de su fama e influjo o poder, como estuviésemos un día, estando él presente, hablando del pormenor de los sucesos de nuestra conjuración, cité yo, como idea singular por lo ridícula, la del buen comandante que necesitaba una orden supuesta del general para sublevarse, y la alentada y oportuna respuesta del que era llamado Héroe de las Cabezas, cuando, con sorpresa mía, este dijo: «Pues yo hice escribir una orden como la de que se trata, para mí, y estaba tan bien imitada la letra de la oficina y la firma del general (el conde de Calderón), que puestas al lado las órdenes verdaderas y la supuesta, no se distinguía la una de las otras». Como había entre nosotros personas, si no enemigas, tales que podían hablar de este acto, hicimos ruido y procuramos que apenas se entendiese lo que algo menguaba la clara fama de Riego. Lo más raro de todo ello, es que habiendo él publicado la Constitución de 1812, separándose del plan del alzamiento, no se atina cómo pudo pretender cubrirse con una orden para ponerse en marcha.