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Recuerdos de un anciano

Note 64 — IX. (continued 2)

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Por aquellos días fue comunicada una Real orden supuesta, mandando poner en pie y entrar en servicio activo las milicias provinciales. De dónde salió, y cuál fin llevaba tal fraude, no creo que se haya sabido, pues de los conjurados no fue ni podía ser, porque en las milicias más contrarios teníamos que amigos. Lo cierto es que el Gobierno se indignó, y en la Gaceta expresó su indignación en nuevas y verdaderas Reales órdenes, mandando averiguar el origen de un hecho en que veía un peligro. De esto se habló mucho; no entre nosotros, atentos a mayor cuidado. Mi acompañante, más enterado de ello que de nuestro negocio, me dijo, pues, que al figurarse que yo me tapaba mucho, receló si sería de los implicados en la causa mandada formar sobre el asunto de las milicias provinciales.

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