Note 31 — VII.
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Está en su lugar contar una anecdotilla relativa a estos sucesos. Venía en las horas a que la narración de arriba se refiere, navegando para Cádiz, aun no bien restablecido de una grave herida recibida en la batalla de Espinosa, el ilustre general de marina don Cayetano Valdés, tan célebre en España antes y después, y en Cádiz muy particularmente. Al ir a entrar en el puerto, como pasasen cerca algunas barcas, el general, deseoso de saber quién ejercía la autoridad militar con que él había de entenderse, preguntó quién era el gobernador de Cádiz. «El guardián de Capuchinos», le respondieron desde lejos. Pareció bufonada de mal gusto al general la respuesta. Pero al hacer igual pregunta a otra embarcación que pasó, oyó también que era gobernador de Cádiz el guardián de Capuchinos. Conociendo Valdés que es uso en las cercanías de Cádiz poner en boga por temporadas un dichete más o menos o nada chistoso, pensó que era la gracia de uso entonces decir que gobernaba el guardián de Capuchinos. Pero llegándose al buque donde venía y deteniéndose a un costado un bote (no sé si el de sanidad o el del práctico), y reiterada la pregunta, y recibida la misma respuesta, incomodándose el general de que le viniesen con bufonadas, y manifestando su enojo, supo con admiración ser el hecho que él deseaba saber lo que le había parecido burleta necia. De boca del mismo general he oído, y más de una vez, este lance.