Note 21 — IV.
Reading edition
En 1808, viniendo yo de Cádiz a Madrid, traía unos libros. Entre ellos estaba la Historia de Carlos V, por Robertson en el original inglés. Llegado mi corto equipaje a la Aduana, se pusieron a examinar los libros dos inquisidores, blando de condición el uno, severo el otro. Al tropezar con Robertson, no entendiendo inglés, me preguntaron qué obra era. Yo, escamado del gesto del uno, dije el argumento de la obra, pero callé el autor, protestando que iba a estudiar el inglés, pero que no le sabía. Oído esto, un inquisidor me dijo que me le llevase, pero el otro, casi furioso, exclamó que siendo Robertson era obra prohibida. En la duda ofrecí yo entregar el libro, y así hice. En seguida conté lo ocurrido a mi tío don Vicente Alcalá Galiano, muy estrecho amigo del señor Arce, inquisidor general y patriarca. A poco me fue devuelta la historia de Robertson, aunque yo era un joven de 17 años y no tenía licencia para leer libros prohibidos. Fui a dar las gracias en persona al señor Arce, el cual tuteándome y con rostro y modos cariñosos: Hola, muchacho, me dijo, ¿conque lees esos libros? ¡Pues cuidado! Poco importaba el aviso, porque el hecho le quitaba el carácter de amenaza.