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Recuerdos de un anciano

Note 14 — III.

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En la última o penúltima corte que tuvo el Príncipe de la Paz, cuando estaba y aun se veía cercana su caída, estando yo allí con mi madre, teníamos al lado a dos frailes, sin duda personajes de cuenta en su orden, a los cuales se acercó el valido, y dijo las palabras siguientes, cuyo sentido no entendimos hasta que noticias después sabidas nos lo explicaron: ¿Conque el Espíritu Santo se ha vuelto perdiz? Y como no recibiese respuesta a esta necedad, que era alusión a haber tomado posesión de Roma y su gobierno, en nombre de su emperador, el general francés Miollis, destronando al Papa, prosiguió el gran personaje: Sí, perdiz con sus patitas coloradas. A lo cual añadió: «Yo estoy en el caso de desear vestirme, no un hábito como ese (y señalaba el de los religiosos), sino un saco, e ir a encerrarme a un desierto». A tales frases, si no impías, cuando menos indecorosas, respondían los buenos de los frailes con sonrisitas, y esto cuando quien las decía estaba ya en vísperas de caer de su poder y grandeza; pero tales eran los tiempos, que mientras seguía en pie el ídolo, era costumbre seguir dándole culto.

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