Note 105 — XVI.
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Es de notar que al solemne entierro del general Lamarque, donde se presentaron con banderas los emigrados de todas las naciones, concurrieron poquísimos españoles de los que vivían en París. Por supuesto, no fue allí Mina. Al difunto general, más ansioso de los triunfos y gloria de las armas francesas que del establecimiento de la libertad en pueblos extraños, solo debían mirar los españoles como a un devastador de su patria, que lo había sido en la guerra de nuestra independencia.