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Recuerdos de un anciano

Note 76 — XII.

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Cuando repaso los sucesos de mi vida y trato de juzgarlos, no con imparcialidad, lo cual no es posible, pero según me dicta hoy mi conciencia, y con la frialdad que trae consigo el tiempo, no hay parte de mi carrera en que crea haber andado más errado, y de que más me arrepienta y aun me avergüence, que de los pasos dados por mí en el negocio de Paredes, y en todo lo relativo a mis relaciones con el Ministerio y con los comuneros en octubre y noviembre de 1822, durante los primeros meses de aquellas Cortes extraordinarias. Al meditar en ello ahora, encuentro en mi propio ejemplo, cuán común es en el hombre la adulación, pues quien la niega a las cortes de los reyes la tributa a los pueblos, o, diciéndolo como se debe, a los que tomando el nombre del pueblo no pasan de ser partidos. Yo entonces sostenía al Ministerio y conocía su nulidad; me arrimaba a los comuneros, estando persuadido de su mala índole, defendía en público mucho de lo que en mi interior desaprobaba, y mal satisfecho de mí mismo, no me corregía de una conducta que estimaba en algo reprensible. Verdad es que no todo era en mí lisonja, pues había en mi proceder loca pasión, lo cual es igualmente vituperable, pero no tan feo.

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