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Recuerdos de un anciano

Note 68 — X.

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Estando, como estoy, pronto siempre a condenarme a mí mismo, cuando creo que he errado o yerre, debo recordar un hecho. En el 10 de marzo de 1822, esto es, habiendo pasado sin particular mención en el de 1821, si mal no recuerdo por consejo mío, nos presentamos en el Congreso, vestidos de luto, los diputados por la provincia de Cádiz a pedir se activase la causa de los que habían trazado o capitaneado la sedición militar ocurrida en aquel día dos años antes. Si bien es cierto que escandalizaba la dilación en el proceso, la cual fue tanta que solo una víctima oscura pagó por otras personas harto más culpadas que vivieron para recibir alabanzas y premios por su atentado, no es menos verdad que influir con nuestra acción en el curso de la justicia era, cuando menos, impropio. A esto se agregó que, habiendo hablado contra nosotros un diputado eclesiástico, constitucional moderado, le repliqué yo con tal violencia que hubo de rayar en desmán, pues se alzó un clamor contra mí, aun en aquellas Cortes tan violentas en sus principios y conducta.

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