Note 2 — I.
Reading edition
Morla gustaba mucho de remedar a Federico II de Prusia, objeto de la atención y admiración universal en los días en que el general español comenzó su carrera. Esta imitación se notaba en singularidades de sus decretos. Por ejemplo, se quejó un vecino de que una academia de baile le era molesta, y Morla puso por decreto en el memorial del querellante:
Siga la danza, Baile el danzante Y tenga paciencia el suplicante.
De su caprichosa y despótica justicia, citaba con admiración el vulgo el siguiente rasgo: Por cierto favor hecho a una persona de condición humilde, regaló el favorecido al gobernador, su favorecedor, media docena de gallinas. Este, para castigar un acto de gratitud que parecía cohecho, mandó meter en la cárcel al que había hecho el presente, y tenerle allí seis días, sirviéndole en cada uno de ellos una de las gallinas que le había regalado.