Note 276 — CAPÍTULO XXII
Reading edition
Como ejemplo de estas reacciones fugitivas, indicadoras de la variabilidad y delicadeza del quimismo nervioso, referiré al lector una de mis más deploradas decepciones. Allá por los años de 1891 ó 1892, se me ocurrió sumergir trozos de cerebro de conejo joven en cierta mezcla, á partes iguales, de bicromato potásico al 3 por 100 y de solución de cloruro áurico al 1 por 100. Varios días después, los cortes de las piezas mostraron espléndida reducción selectiva de la sal áurica, al nivel del aparato de Golgi (entonces no conocido) de las pirámides cerebrales. Admirado del peregrino resultado, entreguéme ardorosamente á reiteradas probaturas encaminadas á fijar las condiciones del éxito. Pues bien; la dichosa reacción ¡no volvió á comparecer jamás!... Pequé yo en aquella ocasión de excesivamente escrupuloso y timorato, pues no osé publicar mi raro hallazgo; parecióme abusivo dar cuenta de un hecho cuya confirmación resultaba por entonces imposible. Sin tales miramientos, el llamado aparato reticular de Golgi, que el neurólogo de Pavía descubrió en 1898 (por cierto mediante fórmula notablemente azarosa), figuraría hoy en mi activo y á mi nombre.