Note 34 — CAPÍTULO V
Reading edition
Del saladísimo Pablo Calvell podría referir machos dichos graciosos. Citaré sólo la siguiente andaluzada, la mayor que he oído en mi vida:
Despedían en la estación al famoso Romero Robledo varios acompañantes, entre ellos el diputado Sol y Ortega y Pablo Calvell. Llegado el último apretón de manos, el famoso leader republicano hizo ademán de sacar una tarjeta. De pronto exclama: —¡Calla!... No llevo ninguna. No importa... Dada mi popularidad, cuando necesite usted algo de mí, le bastará escribir en el sobre: Sol, en Barcelona. Y llega la carta—.
Entonces el socarrón de su compañero, á quien había molestado la prosopopeya de Sol y Ortega, reprodujo el mismo gesto y exclamó: —¡Qué casualidad! ¡Tampoco llevo tarjetas!... Afortunadamente soy también un personaje. Si alguna vez me honra escribiéndome, he aquí mis señas: Pau. Via Láctea. ¡Y llega la carta!—.