Note 108 — CAPÍTULO IX
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El buenísimo de D. Aureliano, á quien tanto venerábamos sus discípulos, sucumbió de las resultas de un accidente de laboratorio. Una salpicadura de sosa cáustica, producida por la ruptura de un frasco, determinó la pérdida de la vista, á que siguió una pasión de ánimo tan grande, que arrebató en pocos meses al maestro. Fué el Dr. Maestre un excelente profesor, que sabía comunicar sus entusiasmos á quienes le rodeaban. Yo le debo favores inolvidables. Tras haberme apadrinado en la ceremonia de la investidura de doctor, me animó insistentemente durante mis ensayos de investigador, fortaleciendo mi confianza en las propias fuerzas. Las cartas con que acusaba recibo de mis publicaciones, constituían para mí un tónico moral de primer orden.