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Recuerdos de mi vida (tomo 2 de 2)

Note 30 — CAPÍTULO IV

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Acaso publique algún día, con el título de «¿Hacia el alma?», cierto mamotreto en que tengo registrados y discutidos muchos de los fracasados ensayos emprendidos con sujetos españoles (alguno tan fecundo en ardides como la famosa napolitana Eusapia Paladino), para contrastar la realidad de los supuestos fenómenos físicos de los mediums (levitación, aparición de objetos, producción de moldes, movimientos intencionales de las mesas, escritura directa, etc.). Hasta hoy, nos han detenido, y acaso nos detengan indefinidamente, sentimientos de piedad y de respeto. Parécenos, en efecto, poco meritorio extirpar ciertos errores dinamógenos, indispensables para la dicha de personas que, poco satisfechas de las religiones históricas, sienten horror hacia el vacío del agnosticismo. Y nos apena, además, tener que delatar, como testigos de hecho, la odiosa explotación de que fueron víctimas, á manos de mediums trapaceros, hombres de ciencia tan simpáticos y prestigiosos como W. Crookes, Zöllner, Flammarion, Lombroso, W. James, Luciani, etc. Estas caídas de mentalidades que, en los dominios de la ciencia, demostraron poseer facultades críticas de primer orden, enseñan cuán superfluo y peligroso resulta abordar el estudio de los fenómenos medianímicos —tan propicios al fraude y superchería— con el prejuicio de la comunicabilidad de los muertos con los vivos. Siempre que semejante estado de creencia falta, las artimañas ingeniosas de los mediums son sorprendidas hasta por los observadores menos sagaces. De ello pudiéramos citar ejemplos elocuentísimos.

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