Note 47 — CAPÍTULO XXV
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Más adelante (creo que en 1876) hice breve excursión al Mediodía de Francia en compañía de antiguo camarada (hijo del Sr. Choliz, de Valpalmas), que se educaba en Oloron para el comercio. Penetramos en el territorio galo por Sumport y visitamos Pierrefitte, Oloron y Pau. La sorpresa recibida al contemplar la excepcional riqueza del suelo francés fué indescriptible. Al observar aquellos frondosos trigales, donde podía ocultarse un hombre puesto de pie; las praderas, verdes y mojadas hasta en Agosto; los frutales y hortalizas prosperando sin riego; la holgura y bienestar del campesino, cuyas aseadas y cómodas viviendas tanto contrastan con la ruindad y pobreza de las habitadas por nuestros labriegos; la proximidad y riqueza de villas y ciudades populosas, etc., tuve por primera vez la melancólica visión de las causas físicas de la secular debilidad de España. Sólo entonces empecé a comprender su accidentada historia y a explicarme, no su decadencia (porque esto constituye mero tópico gratuito de neos y progresistas), sino su radical impotencia para luchar, tanto en el terreno de las armas como en el de la concurrencia científica, industrial y comercial, con la próspera y poderosa Francia y demás naciones europeas, que gozan de geografía y meteorología más afortunadas.