Note 4 — CAPÍTULO IV
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De la faz negativa del patriotismo, de que hablaba yo en 1900, tenemos actualmente en España dolorosos ejemplos. Con ocasión de la horrenda catástrofe europea, los españoles que leen —afortunadamente son los menos— aparecen divididos en dos bandos, encarnizadamente enemigos: los neutrófilos, en realidad germanófilos, y los anglófilos o aliadófilos. Pero no nos engañemos. Con razón se ha dicho que aquí nadie ama a nadie; todos aborrecen. Los unos odian a Alemania, a causa de sus ínfulas de raza superior y su concepción autocrática del Estado. Los otros a Francia e Inglaterra, por haber sido cuna y constituir vivo ejemplo de la tolerancia religiosa y de las libertades civiles. Lo que por ninguna parte asoma es el amor sincero a España y el convencimiento de que sólo por el esfuerzo enérgico y consciente de sus hijos podrá venir su engrandecimiento político y elevación cultural.