Note 215 — CAPITULO IX.
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El erudito cubano don Juan Ignacio de Armas, en su obra La fábula de los Caribes, Habana, 1884, niega que los naturales de las islas de Barlovento fueran antropófagos. En esta opinión le sigue el Dr. Stahl, Ob. cit., pág. 55. Todos los Cronistas están contestes en que lo eran: lo mismo los de auditu, que los de visu. La mitología y la historia nos presentan la antropofagia en todos los pueblos primitivos. Saturno, Tántalo, Thieste y Lycaón son antropófagos, así como los Lestrigones y los Ciclopes. Y Herodoto nos refiere, que fueron canibales los Scitas, Germanos, Celtas, Fenicios, Tártaros y Etíopes. El hambre es mala consejera. No es de extrañar que el salvaje aguijoneado por la necesidad de comer pusiera en práctica el axioma de Hegel, el hombre es el lobo del hombre [Homo hominis lupus]. Por supuesto, revistiendo la antropofagia con el carácter de festividad religiosa. Los sacrificios mexicanos y aún el mismo sacrificio de Ifigenia, son el reflejo y reminiscencia de tiempos antropofágicos muy posteriores. Moralmente somos antropófagos, ¿qué tiene de extraño que en la atrasada época de la bestia humana lo fuéramos materialmente?