← Table of contents
Orígenes de la novela, Tomo III

Note 194 — INTRODUCCIÓN X (continued 4)

Reading edition

Pobremente apreció la Celestina Baltasar Gracián, aunque no deja de colocarla en el Museo del Discreto (crisis IV, parte 2.ª de El Criticón): «De la Celestina y otros tales, aunque ingeniosos, comparó sus hojas á las del perejil, para poder pasar sin asco la carnal grosería». En el discurso 56 de la Agudeza y Arte de ingenio vuelve á citar «la ingeniosísima Tragicomedia de Calisto y Melibea», llamando á su autor con evidente despropósito «el encubierto aragonés». ¿Le confundiría acaso con su primer imitador D. Pedro Manuel de Urrea, cuya Égloga pudo leer en su Cancionero, imaginando que era uno mismo el autor de los dos textos en verso y en prosa? De todos modos, Gracián demuestra muy poca familiaridad con la Celestina, cuando la menciona en compañía de libros tan heterogéneos como los Raguallos del Parnaso, de Boccalini, y las Carrozas de las Heroidas, de don Álvaro de Luna, que supongo que será el Libro de las claras y virtuosas mujeres, confundido en la memoria del jesuita aragonés con el Carro de las donas, de Eximeniz.

Aunque en términos tan extravagantes, Gracián es acaso el último crítico del siglo XVII que habla de la Celestina, olvidada por completo en la República Literaria de Saavedra Fajardo (donde también se hace caso omiso del Quijote), y lo que es más singular, en el Hospital das lettras de don Francisco Manuel de Melo, la más copiosa revista bibliográfica que de aquella época conocemos.

Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings