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Orígenes de la novela, Tomo I

Note 346 — V (continued 2)

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Dice el cínico Brantôme en su libro, demasiado conocido, Les dames galantes, que «quisiera tener tantos centenares de escudos en la bolsa como mujeres, así seglares como religiosas, había pervertido la lectura del Amadis». Aunque Brantôme no sea autoridad muy abonada en estas materias, su testimonio es curioso porque concuerda con el de nuestros moralistas del siglo XVI. Y, en efecto, la experiencia enseña que los libros más peligrosos para la gente moza é inexperta suelen ser los que no lo parecen. La licencia brutal tiene atractivo para muy pocos; el idealismo que pudiéramos llamar sensual, con aparente paradoja, es mayor escollo para las almas delicadas.

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