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Obras

Note 375 — SONETOS

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El poeta, experimentado en amarguras, había jurado nunca más amar, pero una sirena napolitana cautivó su espíritu, soneto VII; dio cuenta a Boscán del principio de esta aventura en el soneto XXVIII, guardando, respecto a quien fuese la dama, absoluta reserva; esto pudo ocurrir a fines de 1532; el poeta no era ya un mancebo, pero se enamoró con loco encendimiento, y rindiose apasionadamente a la sirena misteriosa, soneto V; un feliz descuido del tocado, soneto XXII, le arriesgó a un consejo malicioso, soneto XXIII, y, al mismo tiempo, lamentaba rigores, cuidados, arrepentimientos y sospechas, sonetos XV, XX, XXVII, XXX y XXXI. Llegó la empresa de África: el poeta, desde Túnez, duélese de su ausencia, soneto XXXV; y desde Sicilia, a su regreso, confía a Boscán sus inquietudes, temeroso de olvidos y mudanzas, Elegía II. Volvió el poeta a Nápoles, hacia septiembre de 1535; su dama no le había sido infiel, pero había muerto, o acaso murió poco después de su llegada; en los sonetos XXV y XXVI hay un hondo dolor, un dolor verdadero; un año después murió el poeta. Tal pudo ser, en fin, esta historia sencilla y sentimental. Una duda: estos dos últimos sonetos pueden ser también a la muerte de D.ª Isabel Freyre. (V. Eg. I., v. 2, nota.)

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