Note 172 — ÉGLOGA SEGUNDA
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«En el año de XXIV (1524), en Burgos, un caballero servía a una dama a quien también el Duque de Alba servía, y aún no era Duque; y en aquel tiempo se habían comenzado a usar los arcabuces, y teníase por caso de menos valer, entre caballeros, usar de arcabuces, principalmente los que se preciaban de la espada. Y aquel caballero preciábase de gran tirador de arcabuz; y estando los dos delante de la dama, sacó el Duque un lienzo, y poniéndolo en las narices dijo: “¡Oh, como hiede por aquí a pólvora!” Entonces riose la dama, y corriose el caballero; y luego lo más secreto que pudo apartó al Duque y desafiole a espada y capa a la puente de San Pablo, a cierta hora de la noche. Y llegando el Duque, dijo el otro: “¿Qué armas traéis?” Dijo el Duque: “Espada y daga.” Dijo el otro: “Yo no tengo más que espada.” Entonces el Duque sacó su daga y echola de la puente abajo en el río. Comenzaron su desafío; y allí se hicieron amigos y trataron de que no se supiese este hecho; mas húbose de descubrir, porque al tomar de las capas que estaban en el suelo, se trocaron, y el Duque no cayendo en ello, descubrió en palacio la encomienda que tenía la capa del otro, y por aquí se vino a saber el desafío.» (Brocense, nota 177.)