Note 113 — ÉGLOGA SEGUNDA
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Murió Garcilaso, y «luego que se oyó su muerte, se desataron en elogios y en lágrimas las lenguas y las Musas compitiéndose las naciones extranjeras unas a otras. En Toledo fue universal el luto y el llanto, en una muerte tan digna de sentimiento, que hasta hoy no acabó de llorarla bien el Tajo, como predijo él mismo en este que quiso ser verso y fue vaticinio.» (Cienfuegos, Vida de San Francisco, Madrid, 1726, pág. 52.)