Note 99 — ÉGLOGA SEGUNDA
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Esta fama ha quedado a los ánsares desde aquella hazaña en que, gracias a ellos, se salvó Roma. «Teniendo los Galos sitiado el Capitolio, lo asaltaron una noche que los centinelas estaban dormidos; pero los ánsares con sus graznidos despertaron a Manlio, que con sus romanos rechazó el asalto.» (Azara.)