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Obras

Note 90 — ÉGLOGA SEGUNDA

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Sujeto estaba enteramente, y destinado por el cielo, a consumirse en vivo amor, Eleg. II, v. 76; a poder suyo, se hubiera resistido, mas no hay defensa contra lo que el destino determina, Son. VII. Los que creyeron en el fatalismo, pensando que la fuerza del hado podía ahogar nuestro libre albedrío, fueron juzgados por herejes; de aquí que Herrera, pág. 551, y Tamayo, fol. 37, hayan intentado defender la ortodoxia de nuestro poeta. Acaso Garcilaso había aceptado esta opinión, a la vez que su respeto a los dioses, a las musas y a natura, como uno de tantos aderezos poéticos, resucitados por el clasicismo, de la antigüedad pagana; pero lo cierto es que los poetas, en materia de amor especialmente, y el vulgo, en esta y otras muchas materias, han concedido siempre gran influencia al poder del destino, a pesar de las decisiones ecuménicas de la religión.

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