Note 74 — LAS TROYANAS
Eduardo de Mier translation
La mayor ignominia que se podía sufrir entre griegos y romanos, era la de quedar insepulto. Así nos lo dice Vegecio, y así es de presumir, no solo por lo que Homero nos cuenta al principio de La Ilíada, en donde mira como una de las mayores desdichas de los aqueos la de no ser sepultados a causa de la peste, sino también por el cuidado que muestran los trágicos, así Esquilo como Sófocles y Eurípides, de no omitir nunca esta importantísima o imprescindible ceremonia. Cuando amenazaba algún naufragio, los que poseían riquezas solían atárselas a la cintura con una inscripción en que manifestaban su voluntad de cederlas al que los encontrase, siempre que enterraran su cadáver. Entre los cristianos, a pesar de recomendarse como obra de misericordia el enterrar los muertos, no se le da esa importancia, y los héroes de nuestros teatros mueren, y después el poeta se guarda bien de decir si son o no sepultados, lo cual nunca omitían los griegos. En nuestro concepto esta diferencia proviene de que para nosotros el cuerpo es polvo vil y despreciable, y el alma, inmortal, riquísimo oro de Ofir. Todo cambia en este mundo, y especialmente las costumbres que se fundan en determinadas creencias, pues faltando o variando estas, faltan o varían aquellas.