Note 140 — HERACLES FURIOSO
Eduardo de Mier translation
Siempre que se derramaba sangre humana creían los griegos que se manchaba el que la tocaba y el lugar en que se vertía, y, por consiguiente, era preciso purificarlo, ya haciendo un sacrificio, ya fumigaciones religiosas. En el primer caso, todos los asistentes rodeaban el altar, y un esclavo, llevando el cesto donde se guardaba el cuchillo del sacrificio, la ceniza y las coronas, daba una vuelta alrededor, de izquierda a derecha. El sacrificador entonces imponía silencio (en latín favete linguis) y, cogiendo un trozo de leña encendido, lo sumergía en el agua lustral, y rociaba con ella a los circunstantes. Este agua servía después a todos, y se llevaba con el cesto y la ceniza en torno del ara. Seguía a esto la oración, después la consagración de la víctima, poniéndole ceniza en la frente y arrojando al fuego parte de su lana o crin, y por último, el sacrificio.