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Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3)

Note 364 — ALCESTIS

Eduardo de Mier translation

Según nos dice Cicerón, De leg., l. II, cap. XXV, in Athenis jam ille mos a Cecrope, ut aiunt, permansit ocius terra humandi; quam cum proximi injecerant, obductaque terra erat, frugibus obserebatur, ut sinus et gremium quasi matris mortuo tribueretur. Los primeros monumentos funerarios de los griegos fueron montones de tierra, γῆς χῶμα, rodeados de un muro circular que los sostenía, κρηπίς. El sepulcro de Patroclo, τύμβον, que edificó Aquiles junto a los muros de Troya, era de esta especie. El de Aquiles, que se ve en el promontorio Sigeo, no era distinto de estos, y lo mismo debieron ser los de otros muchos héroes celebrados por Homero. Consistían en verdaderos túmulos, κολῶναι, formando eminencias más o menos elevadas. Tales eran las de las Amazonas, las de los frigios, la de Enómao, el padre de Hipodamía, la de Ífito, Ticio y otros. Todavía se encuentran en Grecia muchos túmulos de esta suerte, observados unos por los viajeros modernos y descritos otros por Pausanias. Sirva de ejemplo la eminencia que se ve cerca de Psófide a orillas del Erimanto, cercada de cipreses, la cual, según opina M. de Pouqueville, es la tumba de Alcmeón. Hállanse túmulos como este en Italia y en el Asia Menor, y cerca de Micenas se veían otros, descritos por Pausanias, que tenían la forma cónica. Otros pueblos de la Grecia enterraban sus muertos en sepulcros abiertos en la roca viva, como se ve en los laberintos de Nauplia.

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