Note 1 — XLV Los perseguidos
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—A mi edad, cuando se toma una resolución desesperada, es porque no hay otra. Un hombre que, como yo, ha pasado su juventud y su edad madura trabajando para el propio porvenir y el de sus hijos; un hombre que ha sido sumiso á todas las voluntades de sus superiores, que ha desempeñado á conciencia pesados cargos, sufrido todo para vivir en paz y en una tranquilidad posible; cuando este hombre, cuya sangre ha enfriado el tiempo, renuncia á todo su pasado y á todo su porvenir en los bordes mismos de la tumba, es porque ha juzgado maduramente que la paz ni existe ni es el supremo bien. ¿A qué vivir miserables días en tierra extranjera? Yo tenía dos hijos, una hija, un hogar, una fortuna; gozaba de consideración y aprecio; ahora estoy como un árbol despojado de sus ramas, vago fugitivo, cazado como una fiera en el bosque, y todo ¿por qué? Porque un hombre ha deshonrado á mi hija, porque los hermanos pidieron cuenta de la infamia á ese hombre, y porque ese hombre está colocado por encima de los demás con el título de ministro de Dios. Con todo, yo, padre, yo, deshonrado en mi vejez, he perdonado la injuria, indulgente con las pasiones de la juventud y las debilidades de la carne, y ante un mal irreparable, ¿qué debía yo hacer sino callarme y salvar lo que me ha quedado? Pero el criminal ha tenido miedo ante una venganza más ó menos próxima, y buscó la perdición de mis hijos. ¿Sabes qué ha hecho? ¿No? ¿No sabes que se fingió un robo en el convento, y entre los acusados figuró uno de mis hijos? Al otro no se le pudo incluir porque estaba ausente. ¿Sabes las torturas á que fueron sometidos? ¡Las conoces porque son las de todos los pueblos! ¡Yo, yo vi á mi hijo colgado de los cabellos, yo oí sus gritos, yo oí que me llamaba, y yo, cobarde y acostumbrado á la paz, no he tenido el valor ni de matar ni de morir! ¿Sabes que el robo no se probó, que se vió la calumnia y que en castigo el cura fué trasladado á otro pueblo, y mi hijo murió á consecuencia de la tortura? El otro, el que me quedaba, no era cobarde como su padre, y temiendo el verdugo que no vengara en él la muerte del hermano, so pretexto de no tener cédula de vecindad, que momentáneamente había olvidado, fué preso por la guardia civil, maltratado, irritado y provocado á fuerza de injurias hasta obligarle al suicidio. ¡Y yo, yo he sobrevivido después de tanta vergüenza, pero si no he tenido el valor de padre para defender á mis hijos, quédame un corazón para la venganza y me vengaré! ¡Los descontentos se van reuniendo bajo mi mando, mis enemigos aumentan mi campo, y el día en que me considere fuerte, bajaré al llano y extinguiré en el fuego mi venganza y mi propia existencia! ¡Y ese día llegará ó no hay Dios1!