Note 2 — XLII Los esposos de Espadaña
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Doña Victorina y don Tiburcio se vieron. Tarde veniéntibus ossa2 habría exclamado él, si hubiese sabido latín. Ella no era ya pasable, era pasada; su abundante cabellera se había reducido á un moño, grande, al decir de su criada, como la cabeza de un ajo; arrugas surcaban su cara y empezaban á movérsele los dientes; los ojos habían sufrido también, y considerablemente; tenía que entornarlos con frecuencia para mirar á cierta distancia: su carácter era lo único que le había quedado.