Note 1 — IV Hereje y filibustero
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Pasaban coches como relámpagos, calesas de alquiler á paso moribundo, transeuntes de diferentes nacionalidades. Con ese andar desigual, que da á conocer al distraído ó al desocupado, dirigióse el joven hacia la plaza de Binondo1, mirando á todas partes como si quisiera reconocer algo. Eran las mismas calles con las mismas casas de pinturas blancas y azules y paredes blanqueadas ó pintadas al fresco imitando mal el granito; la torre de la iglesia seguía ostentando su reloj con la traslúcida carátula; eran las mismas tiendas de chinos con sus cortinas sucias y sus varillas de hierro, una de las cuales había él torcido una noche, imitando á los chicos mal educados de Manila: nadie la había enderezado.