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Noli me tángere

Note 6 — XXXIX Doña Consolación

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Una de las bellas cualidades de esta señora era el procurar ignorar el tagalo, ó al menos aparentar no saberlo, hablándolo lo peor posible: así se daría aires de una verdadera orofea6, como ella solía decir. Y hacía bien, porque si martirizaba el tagalo, el castellano no salía mejor librado ni en cuanto se refería á la gramática ni á la pronunciación. Y ¡sin embargo su marido, las sillas y los zapatos, cada cual había puesto de su parte cuanto podía para enseñarla! Una de las palabras que le costaron más trabajo aún que á Champollión los jeroglíficos, era la palabra Filipinas.

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