Note 7 — XXXI El sermón
Reading edition
Entretanto el entusiasmo del predicador subía por grados. Hablaba de los antiguos tiempos en que todo filipino, al encontrar á un sacerdote, se descubría, doblaba una rodilla en tierra y le besaba una mano.—«¡Pero ahora—añadía—sólo os quitáis el salakot ó el sombrero de castorillo, que colocáis medio ladeado sobre vuestra cabeza para no desarreglar el peinado! Os contentáis con decir: buenos días, ¡among!7, y hay orgullosos estudiantillos de poco latín, que por haber estudiado en Manila ó en Europa, se creen con derecho á estrecharnos la mano en lugar de besarla... ¡Ah! ¡el día del juicio pronto viene, el mundo se acaba, muchos santos lo han profetizado! ¡va á llover fuego, piedra y ceniza para castigar nuestra soberbia!»