Note 2 — XXXI El sermón
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«Excelentísimo señor: Las grandes cosas siempre son grandes cosas aun al lado de las pequeñas, y las pequeñas siempre son pequeñas aun al lado de las grandes. Esto dice la Historia, pero como la Historia da una en el clavo y ciento en la herradura, como cosa hecha por los hombres, y los hombres se equivocan: errarle es hominum2 como dice Cicerón, el que tiene boca se equivoca, como dicen en mi país, resulta que hay más profundas verdades que no dice la Historia. Estas verdades, Excmo. Señor, ha dicho el Espíritu divino en su suprema sabiduría que jamás comprendió la humana inteligencia desde los tiempos de Séneca y Aristóteles, esos sabios religiosos de la antigüedad, hasta nuestros pecadores días, y estas verdades son que no siempre las cosas pequeñas son pequeñas, sino son grandes, no al lado de las chicas, sino al lado de las más grandes de la tierra y del cielo y del aire y de las nubes y de las aguas y del espacio y de la vida y de la muerte...»