Note 2 — XXVII Al anochecer
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—Es el leproso,—contestó Iday.—Hace cuatro años ha contraído esa enfermedad: unos dicen por cuidar á su madre, otros por haber estado en la húmeda prisión. Vive allá en el campo, cerca ya del cementerio de los chinos; no se comunica con nadie, todos huyen de él por temor de contagiarse. ¡Si vieras su casita! Es la casita de Giring-giring2: el viento, la lluvia y el sol entran y salen como la aguja en la tela. Le han prohibido tocar nada que perteneciese á la gente. Un día cayó un chiquillo en el canal, el canal no era profundo, pero él, que pasaba cerca, le ayudó á salir de allí. Súpolo el padre, se quejó al gobernadorcillo, y éste le mandó dar seis azotes en medio de la calle, quemando después el bejuco. ¡Aquello era atroz! el leproso corría huyendo, el azotador le perseguía y el gobernadorcillo le gritaba: «¡Aprende! más vale que uno se ahogue que no que enferme como tú.»