Note 1 — XXIII La pesca
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Al llegar á la playa, escapáronse involuntariamente de los labios de las mujeres exclamaciones de asombro y alegría. Veían dos grandes bancas, unidas entre sí, pintorescamente adornadas con guirnaldas de flores y hojas, con telas abollonadas de varios colores: farolitos de papel colgaban de la improvisada cubierta alternando entre rosas y claveles, frutas, como piñas, kasuy, plátanos, guayabas y lanzones1, etc. Ibarra había traído sus alfombras, tapices y cojines, y formado con ellos cómodos asientos para las mujeres. Los tikines2 y los remos tenían también sus adornos. En la banca mejor adornada había un arpa, guitarras, acordeones y un cuerno de carabao; en la otra ardía el fuego en kalanes3 de barro; preparábase té, café y salabat4 para el desayuno.